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¿Tienes alma de pionero? Responde a este test

David Bonhomme - publicado el 25/01/17 - actualizado el 07/03/17

En cinco preguntas, descubre si la aventura es lo tuyo, o más bien no

Si La conquista del Oeste, 1492: la conquista del paraíso y La ciudad de la alegría están entre tus 3 películas preferidas; si libros como Viaje al centro de la Tierra y Los viajes de Marco Polo tienen un lugar especial en tu mesita de noche, entonces este artículo está escrito para ti.

¿Te atrae el descubrimiento de tierras sin explorar? ¿La llamada de lo desconocido te da escalofríos de emoción? ¿Te tienta salir de misión?

Antes de calzarte las botas, el sombrero y las gafas de sol, plantéate las 5 preguntas siguientes.

Aunque primero, revisemos juntos la definición exacta de ‘pionero’.

Un ‘pionero’ designa a una persona que explora una tierra desconocida para abrir camino a otras personas; atención, no confundirlo con un ‘colono’, el cual explora tierras vírgenes para revalorizarlas, instalarse y extraer beneficio de los recursos naturales descubiertos.

Y ahora, ¿preparado para responder al cuestionario con sinceridad?

Como habrás adivinado, es muy importante reflexionar bien antes de tomar una decisión, de lo contrario, tu aventura soñada podría terminar en pesadilla.

¿Estás listo para abandonarlo todo?

Miras todo lo que has hecho hasta ahora y tu sonrisa lo dice todo: estás satisfecho. ¡Fantástico!

Tienes un buen trabajo, interesante y bien pagado.

Te construiste hace cinco años un bonito chalé donde vivir y realizarte con tu pequeña familia.

Disfrutas de una amplia red de amigos maravillosos y de una iglesia dinámica en la que participas activamente.

De vez en cuando te escapas para una partida de polo o de golf, o de algo que te permita aliviar tensiones.

Únicamente si superas tus límites y tus hábitos podrías sentir algo más que satisfacción.

¿Y si de convirtieras en el impulsor de un proyecto hermoso, como por ejemplo, construir un orfanato en Brasil?

¿La otra noche viste un programa en la cadena Arte sobre la situación de pobreza al norte de Brasil y sentiste algo arder en tu interior? Sin contar las lágrimas que se acumulaban en tus ojos: ¡todos esos niños en la calle, sin padres, sin educación, sin futuro! Hay una visión que se va perfilando gradualmente dentro de ti y tienes que hacer algo al respecto.

Has hablado de ello con tu mujer y ahora los dos reflexionáis sobre el tema.

Estarías dispuesto a:

– ¿Salir de tu zona de confort?
– ¿Abandonar una carrera prometedora?
– ¿Perder tus relaciones?
– ¿Alejarte de tu familia?
– ¿Hacer los sacrificios necesarios?

 ¿Eres capaz de asumir riesgos?

Brotan las dudas. “Sí, bueno, ¿y si…? Pero ¿cómo? Y ¿hasta cuándo?”.

“¿Y mi familia?”.

Cuando se tiene familia, es sumamente difícil tomar este género de decisiones.

Debes elegir si embarcar a tu familia contigo. ¿Tomar riesgos en solitario? ¡Vale! Pero ¿hacer que ellos asuman también el peligro?

O bien que se queden en casa: el salario de tu mujer además de tus ahorros, con eso deberían poder salir adelante durante el tiempo que… Pero ¿cómo vivir alejados? Imposible no verse durante… ¿durante cuánto tiempo exactamente?

No saber qué será del mañana. Es lo peor de todo, el no saber, el no poder controlar el futuro. ¿Y si a tu vuelta tu jefe te ha reemplazado durante tu “año sabático”? ¿Y si lo pierdes todo, todo eso por unos niños felices?

Tendrás que acostumbrarte a eso, a tomar riesgos continuamente. Con las personas, con tu familia, con los huérfanos, con todos los que se hayan embarcado contigo en esta arriesgada aventura.

Cuando no tengáis muy claro el rumbo, deberás inspirarles, motivarles, animarles, tranquilizarles. Ellos dependerán de ti, aunque tú también dependerás de ellos. En efecto, habrás de forjar una confianza mutua, sin conocer realmente las competencias de los demás, pero te habrán cautivado sus sonrisas y su entusiasmo y sabrás delegar en ellos cuando sea necesario.

Y el tiempo pasa y apremia: no hay nada más angustioso que no saber si dispondrás de bastantes recursos durante el tiempo que dure tu misión.

Sin embargo, una frase te ayudará a continuar: el justo vivirá por su fe, ¡bien es sabido!

 ¿Estás hecho para tratar con lo desconocido?

Adaptación:

En ciertas situaciones quizás no sepas qué vas a comer ni dónde vas dormir.

Habrá que superar un buen número de obstáculos, puede que tengas que soportar los mosquitos y el sol, no ducharte durante varios días y comer todo el día alubias rojas si no quieres morir de hambre.

Habrá momentos en los que, mientras cultivas la mandioca, tendrás que aprender a mantener tu autocontrol, entrenar tu paciencia y una resistencia que soporte cualquier prueba, para hacer frente a lo imprevisto o a lo desconocido.

¿Te sientes capaz todavía de lanzarte sin tener un plan bien definido? Es un poco como saltar al vacío sin paracaídas.

Improvisación:

Tendrás que aprender a construir un depósito de agua donde recoger el agua de los chaparrones tropicales: ¡por fin podrás ducharte!

Ahora sabes cómo instalar pequeñas trampas alrededor de tu campamento para cazar pequeños animales: ¡se acabaron las alubias!

Y cuentas con los cuatro paneles solares que habías encargado a tu partida ¡o eso creías! Es solo cuestión de una semana, te dijeron… Tu mujer está pendiente del pedido mientras tanto.

 ¿Estás equipado de una visión “con 3D”?

Aquello que te encuentres, obstáculos, dificultades, barreras, si tienes una visión “con 3D”, entonces conseguirás superar tus límites, será como una segunda naturaleza para ti.

Descubrimiento: lo que descubras durante tu camino a golpe de machete, entre las lianas y las hierbas altas, no siempre será atractivo ni tranquilizador, pero las serpientes, las arañas y los demás bichos no te dan ningún miedo.

Te encanta conocer gente nueva, adoras las experiencias nuevas, ¡son muy enriquecedoras!

¿Sabrás mantener al día constantemente tu cartografía, revisar tu rumbo y trabajar tu sentido de la orientación y tus prioridades?

Desenvoltura: es algo más fuerte que tú. De pequeño eras fan de la serie McGyver. Tienes un ingenio que te permite transformar una rama en lanza para cazar, una hoja de ruibarbo gigante en parasol, una liana en bebida refrescante.

Has podido reconocer una feijoa o guayabo del Brasil porque en la Navidad de 2012 compraste una cesta de frutas exóticas, para variar. Harto de mandarinas.

Determinación: ¡no se te escapa nada! Una vez te pones en marcha, nada te detiene. Eres rápido a la hora de animar a los que siguen tus pasos. No estás dispuesto a haber hecho todos esos kilómetros, asumido tantos riesgos, gastado todos tus ahorros, esforzado en trazar una ruta en esta irritante jungla… para nada.

Hay que construir ese orfanato, no puedes dejar en la calle a todos esos niños.

Tu lema: avanzar aunque sea a tientas, pero nunca retroceder.

 ¿Cuáles son tus motivaciones?

¿Obtener beneficio?

Cuando pongas el último ladrillo del edificio de tu ambicioso proyecto, ¿pensarás en todos los honores que recibirás? ¿Te imaginas ya en los telediarios, en todas las redes sociales, dando entrevistas a diestra y siniestra, con tu foto expuesta por doquier?

Y hay otra estrategia que surge en tu cabeza. A tu vuelta, sin duda, te convertirás en director general de tu empresa y tu salario se multiplicará por tres. Y todo gracias al éxito de tu misión.

¿Autosatisfacción?

Estás orgulloso de ti mismo. Te invade un hermoso sentimiento de triunfo cuando contemplas las paredes encaladas de tu establecimiento. ¿“Tu” establecimiento? ¿No es también de tu familia? ¿Y de todos los voluntarios que se sumaron durante el desarrollo del proyecto?

“Sí, pero sin mí no existiría”.

No olvides que es también gracias a ellos que has podido colocar la placa “Orfanato de la Esperanza” sobre la pared del edificio.

Planta las semillas sin la certidumbre de ver crecer los árboles. Esparce las semillas para que un día otros disfruten de la sombra de esos árboles.

¿Mejorar la vida de otras personas?

Si para sentirte triunfante no necesitas disfrutar de los beneficios de una gran idea ni deslumbrar bajo las luces de las cámaras, si lo que cuenta realmente para ti es el sentimiento de haber conseguido algo, no solo “grande”, sino también profundamente “útil”, entonces ese es tu objetivo.

– Eres un creador de felicidad.
– Tu proyecto mejorará considerablemente la vida de miles de niños a largo plazo.
– Has mostrado el camino a otros que tomaron tu relevo y construyeron otros orfanatos.
– Has descubierto que cuanto más tiempo, más energía y más medios dedicabas a ayudar a los demás, a simplemente mejorar su día a día, más se convertía tu implicación hacia los demás en tu razón de ser.

Ahora eres un auténtico pionero, ¡ojalá que dure!

Después de todas estas constataciones, ¿crees que tienes las cualidades que se requieren para ser un buen pionero? ¿Reúnes todas las condiciones, o casi todas?

Si la respuesta es un gran “sí”, entonces ¡enhorabuena! ¡Estás listo para vivir los mejores momentos!

Si todavía es un “por ahora no”, tómate tu tiempo para madurar un poco tu reflexión.

Si la respuesta es un “no, categórico”, has de saber que hay personas que trazan el camino y hay otras personas que lo siguen.

Si no te encuentras entre las primeras, entonces es que eres de las personas que siempre están dispuestas a ayudar y a apoyar a los innovadores.

El consejo para ti, entonces, es que participes, ayudes, prestes servicio, apoyes. Los pioneros necesitan personas como tú, porque sin ellas sufrirían todas las penas del mundo para llegar a cabo un proyecto, si es que lo consiguen.

Y ahora, ¿preparado para vivir una experiencia excepcional?

Tags:
psicología positiva
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