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El Papa recibe al Hospital Bambino Gesù: la corrupción es el peor cáncer

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«El cáncer más fuerte de hospitales como este es la corrupción». Entre los aplausos de los médicos, enfermeros, empleados, pacientes y familiares, Papa Francisco recordó a la comunidad del Bambino Gesù, recibida en la Aula Pablo VI, que el hospital infantil ha tenido “algunaas épocas no tan buenas», y puso en guardia frente el peligro de caer en los negocios, entre “propinas”, “mordidas” y “enchufes”: «Vean a los niños. ¿Yo puedo hacer negocios corruptos con estos niños? ¡No!». 

La audiencia comenzó con el saludo de la presidenta del nosocomio, que es propiedad de la Santa Sede, Mariella Enoc. «Nuestro hospital no debe ser ni un centro de poder ni un centro de ganancia», dijo. 

El hospital infantil Bambino Gesù está afrontando una investigación del tribunal vaticano por la gestión durante la época del ex Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, caso al cual no se refirió explícitamente el Pontífice argentino. 

La «marca de fábrica» del hospital infantil Bambino Gesù, «son los niños», recordó el Papa al responder a una de las preguntas de un estudiante del curso en Enfermería del hospital, Luca Adriani. «El Bambino Gesù –prosiguió Francisco– ha tenido una historia no siempre buena: no siempre, muchas veces ha sido buena, pero algunas épocas no tan buenas… con la tentación de hacer la uniformidad, de transformar una cosa tan bella como un hospital de niños en una empresa y hacer negocio: y los médicos se convierten en negociantes, los enfermeros en negociantes, ¡todos negociantes!», prosiguió el Papa entre los aplausos de los presentes. «No voy a decir que todo es perfecto para los que trabajan en el Bambino Gesù, pero la marca de fábrica es estar cansado, sudado, sucio, incluso con ganas de irse a casa pero también con ganas de quedarse, de dar la vida ahí. Pero solo me daría miedo una cosa: la corrupción», dijo el Papa. «Vean a los niños: ¿Yo puedo hacer negocios corruptos con estos niños? ¡No!» Yo puedo acabar el día sudado, sucio, cansado, con ganas de decir una palabra un poco… y mandar a alguien a freír ejotes, sí, pero sin corrupción. El cáncer más fuerte de hospitales como estos –dijo Bergoglio– es la corrupción: que no viene de un día para otro, se cae lentamente, hoy una “propina” aquí, mañana una “mordida” allá, pasado mañana un “enchufe” allá y lentamente, sin darse cuenta, se acaba en la corrupción. Los niños no son corruptos. Y en este mundo en el que se hacen muchos negocios con la salud, se engaña a mucha gente, con la industria de la enfermedad, el Niño Jesús debe saber decir no. Pecadores sí, lo somos todos, pero corruptos nunca». 

En su discurso el Papa respondió a otras tres preguntas. A una enfermera, Valentina Vanzi, que le preguntó por qué sufren los niños, Francisco respondió: «Yo no tengo respuesta. Tampoco Jesús dio una respuesta a estas palabras. No hay respuesta a esto, solo ver el crucifijo, dejar que sea Él quien nos dé una respuesta». El Papa continuó: «¿Dios es injusto? Fue njusto con su Hijo, lo mandó a la cruz… si seguimos esta lógica hay que decir esto. Pero si nuestra existencia humana, nuestra carne que sufre en ese niño y cuando sufre no se habla, se llora, se reza, en silencio». Francisco después habló sobre el precioso trabajo que hacen los enfermeros y las enfermeras y contó una anécdota personal: «A los 21 años tuve una pulmonía gravísima y no se sabía qué era, pensaban que era influencia, y luego mucha fiebre y me llevaron al hospital, me quitaron muchos líquidos del pulmón y el doctor dijo: “1 millón de penicilina y 500 mil de estrepromicina”, y se fue. Y la monja, que era enfermera, le dijo a otra enfermera: “3 millones y 1 millón”, porque tenía olfato para la situación. Y así, ustedes tienen el olfato para las enfermedades, no estoy hablando mal de los médicos, son buenos, ¿eh? Pero los enfermeros y las enfermeras, por esa cercanía que tienen con el enfermo, tienen una calidad especial para acompañar y también para curar por la cercanía». 

A Dino Pantaloni, auxiliar que le pidió al Papa que ayudara al hospital a «encontrar espacios más grandes para nuestros niños y para sus familias», Bergoglio le dijo, bromeando, que le pidiera a la presidenta del hospital que consiguiera «el aparato para hacer un hueco e ir a la Urbaniana», la universidad que también es propiedad de la Santa Sede y que se encuentra cerca del Hospital. «Cada gesto es una semilla que tú arrojas a la tierra de la vida, y esta florecerá, germinará, dará sus frutos: no se sabe nunca cómo acabará una semilla después de ser sembrada, pero sí que algo nos dará», dijo Francisco. Y después volvió a hablar sobre la cuestión de los espacios: «Nuevos espacios… Pero, yo me encomiendo a la testarudez de la Enoc, para qu esiga adelante: ¡aquí en el Vaticano hay muchos espacios verdes!». 

Una ex paciente, Serena Antonucci, contó al final su experiencia: «En la Biblia está la figura de la mujer fuerte, y hemos visto hoy una aquí», dijo el Papa al escucharla. «Les diré estas cosas a todos ustedes: mujeres como esta, también hombres fuertes, que se han curado, que luchan bien en la vida, este sreá el mejor salario para ustedes». Francisco volvió a recordar a la enfermera que lo salvó cuando era joven: «Hasta que murió, siempre fui a ver a aquella enfermera, italiana, siempre estaba igual, feliz, las cosas amargas se las tragaba y luego, seguramente, discutía con el Señor pero la felicidad de sembrar vida, de ver crecer la vida y ver crecer a estos niños como mujeres fuertes y hombres fuertes… esta es la alegría, la esperanza, y este es el salario de ustedes, con dos aguinaldos más». 

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