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Francisco: el optimismo puede defraudar, la esperanza nunca

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«El optimismo defrauda, ¡la esperanza no! ¿Queda claro?». Papa Francisco comenzó un nuevo ciclo de catequesis en la Audiencia general de los miércoles, después del que dedicó a la misericordia en ocasión del Jubileo que acaba de terminar. Esta vez reflexionará sobre la «esperanza cristiana».

«La esperanza no defrauda. El optimismo defrauda, ¡la esperanza no! ¿Queda claro? Tenemos tanta necesidad, en estos tiempos que parecen oscuros, en el cual a veces nos sentimos perdidos ante el mal y la violencia que nos circunda, ante el dolor de tantos hermanos nuestros. ¡Se necesita la esperanza! Nos sentimos perdidos y también un poco desanimados, porque nos encontramos impotentes y nos parece que esta oscuridad no tiene cuando acabar».

El Papa reflexionó sobre el anuncio de consolación que da el profeta Isaías al pueblo de Israel. «El exilio del pueblo de Israel —recordó—había sido un momento dramático en la historia, cuando el pueblo había perdido todo. El pueblo había perdido la patria, la libertad, la dignidad, y también la confianza en Dios. Se sentía abandonado y sin esperanza. En cambio, ahí está la llamada del profeta que abre nuevamente el corazón a la fe. El desierto es un lugar en el cual es difícil vivir, pero justamente ahí ahora se podrá caminar para regresar no solo a la patria, sino regresar a Dios, y volver a esperar y sonreír».

«Cuando nosotros estamos en la oscuridad —continuó—, en las dificultades no sonreímos. Es justamente la esperanza que nos enseña a sonreír en aquel camino para encontrar a Dios. Una de las cosas, de las primeras cosas, que suceden a las personas que se alejan de Dios es que son personas sin sonrisa. Tal vez son capaces de dar una gran carcajada, una detrás de otra; un chiste, una carcajada… ¡Pero falta la sonrisa! La sonrisa solamente lo da la esperanza. ¿Han entendido esto? Es la sonrisa de la esperanza de encontrar a Dios. La vida muchas veces es un desierto, es difícil caminar dentro de la vida, pero si confiamos en Dios puede convertirse en bello y amplio como una autopista. Basta no perder jamás la esperanza, basta continuar creyendo, siempre, no obstante todo. Cuando nos encontramos ante un niño, tal vez podemos tener tantos problemas, tantas dificultades, pero cuando nos encontramos ante un niño nos surge dentro una sonrisa, la simplicidad, porque nos encontramos ante la esperanza: ¡un niño es la esperanza! Y así debemos ver en la vida, en este camino, la esperanza de encontrar a Dios, Dios se ha hecho Niño. Y nos hará sonreír, nos dará todo».

Las palabra de Isaías después son retomadas por Juan el Bautista en su predicación, con la que invitaba a la conversión: «Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos». «Una voz que grita —explicó Papa Bergoglio— donde parece que nadie puede escuchar, pero ¿Quién puede escuchar en el desierto? Los lobos… Y que grita en el desconcierto debido a la crisis de fe. Nosotros no podemos negar que el mundo de hoy está en crisis de fe. Si luego decimos: “Yo creo en Dios, soy cristiano” – “Yo soy de esta religión…” Pero tu vida está lejos del ser cristiano; está lejos de Dios. La religión, la fe ha quedado en una palabra: “¿Yo creo?” – “Sí”. Pero no, aquí se trata de regresar a Dios, convertir el corazón a Dios e ir por este camino para encontrarlo. Él nos espera. Esta es la predicación de Juan el Bautista: preparar. Preparar el encuentro con este Niño que nos devolverá la sonrisa». Los israelitas, recordó el Papa, «cuando el Bautista anuncia la llegada de Jesús, es como si todavía estuvieran en exilio, porque están bajo la dominación romana, que los hace extranjeros en su misma patria, gobernados por los poderosos ocupantes que deciden sobre sus vidas. Pero la verdadera historia no es aquella hecha por los poderosos, sino aquella hecha por Dios junto con sus pequeños. La verdadera historia (la que quedará en la eternidad) es la que escribe Dios con sus pequeños»:

En este sentido, «la esperanza es una virtud de los pequeños. Los grandes, los satisfechos no conocen la esperanza; no saben qué es. Son ellos, los pequeños con Dios, con Jesús, los que transforman el desierto del exilio, de la soledad desesperada, del sufrimiento, en un camino llano sobre el cual caminar para ir al encuentro de la gloria del Señor. Y llegamos a la conclusión: dejémonos enseñar la esperanza. ¡Dejémonos enseñar la esperanza! Esperemos confiados la llegada del Señor, y cualquiera que sea el desierto de nuestras vidas y cada uno sabe en qué desierto camina, cualquiera sea el desierto de nuestras vidas, se convertirá en un jardín florido. ¡La esperanza no defrauda! Lo decimos otra vez: “¡La esperanza no defrauda!”».
 
Al final de la Audiencia, el Papa hizo un llamado por las dos «importantes» jornadas que las Naciones Unidas promueven en los próximos días: contra la corrupción, el 9 de diciembre, y por los derechos humanos, el 10. «Son dos realidades —dijo el Papa en el Aula Pablo VI— estrechamente enlazadas: la corrupción es el aspecto negativo que se debe combatir, empezando por la conciencia personal y vigilando en los ámbitos de la vida civil, en especial sobre aquellos con mayor riesgo. Los derechos humanos son el aspecto positivo, que se deben promover con decisión cada vez más renovada, para que nadie quede excluido del reconocimiento efectivo de los derechos fundamentales de la persona humana. ¡Que el Señor nos sostenga en este doble compromiso!».
 

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