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Una valija cargada de…

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Gustavo Vera tiene listas las valijas. Con destino al Vaticano, para una nueva reunión sobre el narcotráfico promovida por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, que se llevará a cabo el 23 y 24 de noviembre. Lleva en ellas una carga no desdeñable de noticias y actualizaciones que el pontífice, como ya ocurrió muchas veces en el pasado, escuchará con atención. Comenzando por la muerte más que sospechosa del sacerdote tucumano Juan Viroche, en la que Vera se ha involucrado con todo el apasionamiento que lo caracteriza, decidido a llegar hasta el fondo, cueste lo que cueste. “Acabo de presentar ante el juez federal de Tucumán Pablo Camuña una denuncia para que se ordene a la justicia provincial que envíe el caso a la Justicia Federal y se lo trate como asesinato en el contexto de las denuncias del padre Juan contra los narcotraficantes y traficantes de personas, que involucraban a políticos e incluso funcionarios de policía con nombre y apellido”. 

Entre los nombres que denuncia Vera, está el de los hermanos Soria: Arturo “Chicho” y su mujer Inés Gramajo, y Jorge “Feto”. Este último es miembro del funesto “Comando Atila”, una banda parapolicial que se hizo famosa durante la represión en los tiempos de la dictadura militar y que después se dedicó al crimen organizado. El presidente de la Fundación Alameda también da el nombre de Luis Alberto Bacca, jefe de investigaciones de la comisaría de La Florida, el mismo barrio donde se encuentra la parroquia del padre Viroche, Nuestra Señora del Valle, en cuyo interior se descubrió el cadáver del sacerdote el 5 de octubre. “Como declaró un sacerdote muy amigo y otros compañeros, el padre Juan Viroche era una persona que amaba la vida, combativa, siempre dispuesta a jugarse por su comunidad”, comenta Vera, lo que es una razón más para estar convencido de que “es absolutamente imposible que se haya suicidado”. Para Vera la lógica misma de los acontecimientos que precedieron la muerte lleva implacablemente en dirección al homicidio: “Cuatro ingresos abusivos en la parroquia, amenazas contra la sobrina y una cadena de advertencias mafiosas previas a la muerte que indicaban que podía producirse una acción violenta ejecutada por los mismos personajes que denunciaba el sacerdote, incluso ante la Comisión de Derechos Humanos de la Legislatura, por actividades relacionadas con el crimen organizado”. 

En la oficina de Vera, en el segundo piso del palacio legislativo de Buenos Aires, hay un cuadro donde se expone una camiseta que le regaló Bergoglio. Tiene una frase escrita a mano por el futuro Papa. “¿Recuerdan los troskos de Dios?”. Así llamaba Bergoglio en broma a Vera y sus colaboradores de La Alameda, “trotskistas de Dios”. “Cuando nos conocimos” confirma Vera, “éramos trotskistas silvestres. Yo provenía de los Scouts; estuve mucho tiempo en el catolicismo, después viví una fuerte crisis en la época de la dictadura y me alejé de la Iglesia. Con Bergoglio nos reencontramos de nuevo porque conocimos a un verdadero pastor con olor a oveja, como le gusta decir a él”. 

Vera viaja casi todos los meses al Vaticano y todas las semanas habla con Bergoglio por teléfono. La polémica sobre las atribuciones que él tiene y la naturaleza de la relación con el Papa todavía no se ha aplacado. “Lo de ‘portavoz’ es una invención de Durán Barba (ex consultor de imagen del presidente Mauricio Macri durante la campaña electoral) que apareció en las páginas de Perfil”, afirma con indignación. “Se inventaron una categoría y después la retiraron, una táctica muy usada que difunde infamias y las desmiente para desacreditar a los que, como yo, somos amigos de Bergoglio mucho antes de que fuera Francisco”. Una cercanía que en la Argentina de la “grieta” todavía suena como una culpa para algunos. Es inevitable preguntarle qué piensa el Papa Francisco de la historia del cura ahorcado de Tucumán. “Que desde el punto de vista de la estructuración, es un caso muy parecido al de María Soledad Morales (la joven estudiante argentina asesinada en 1990 en la provincia de Catamarca por dos jóvenes relacionados con poderosas familias del lugar y que provocó una crisis política de repercusión nacional, NdR) porque sin que se haya efectuado una investigación seria, intentan catalogarlo como suicidio y al mismo tiempo se comunica un mensaje mafioso a la sociedad, sumado al hecho de que la misma policía se ocupó de difundir las horribles fotografías del padre Juan ahorcado”. 

Vera se alegra que de que recientemente el Papa haya equiparado la trata de personas con un crimen de lesa humanidad. “Si consideramos que en 2007-2008 ni siquiera se hablaba de trata y de trabajo en condiciones de esclavitud y que hoy es un tema bien instalado en la conciencia popular, con leyes de ayuda a las víctimas y otras que derogan normas que habilitan cabarets y prostíbulos, podemos decir que ha habido un progreso en el plano jurídico y en la conciencia popular, y que ha sido notable. Pensemos en la Argentina, donde el gobierno anterior, que se declaraba progresista, ¡se negaba taxativamente a considerar la trata como delito de lesa humanidad, definiendo como tale solo lo que se refieren a represores de la dictadura! De allí a que las normas se cumplan con el rigor necesario… es otra cosa. El estado va mucho más lento que la sociedad”. 

Como al pasar, Viera hace una revelación antes de partir para Roma. “El domingo pasado (13 de noviembre) le decía al Papa que había leído algo sobre la sabiduría en la Biblia y que había llegado a la conclusión de que el miedo es inversamente proporcional a la fe. En una carta que acaba de mandarme, él me hizo acordar de un monje del primer siglo del cristianismo que decía que cuando el miedo llama a la puerta de una casa y abre la fe, no encuentra a nadie. El Papa vive así. Cuando viaja a Armenia en una situación de enorme tensión, o a la República Centroafricana, cuando se mete en la boca del lobo, en definitiva, no hay Guardia Suiza o trabajo de inteligencia que valga, evidentemente está poniendo en juego su vida y hace un acto de fe enorme”. Le preguntamos si no tiene miedo de que tantos intereses oscuros que se sienten amenazados por el Papa armen la mano que ponga fin a su vida. “Le agradecí mucho al Papa por haber escrito la Laudato si. Es un texto que trascenderá en el tiempo, una concepción del mundo que iluminará el futuro durante muchas décadas, cuando ya no esté Francisco. Él no se mueve con la preocupación de ocupar espacios o plantar banderas, sino para poner en marcha procesos. En ese sentido, uno de los procesos que está poniendo en marcha es generar el futuro, tanto dentro como fuera de la Iglesia. El Papa no es egoísta para nada, sabe que es transitorio en este mundo y trabaja lo más rápido que puede, consciente de la edad que tiene, para dejarnos en mejores condiciones cuando llegue el momento”. 

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