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Terrorismo: “El Islam tiene una deuda… y el Occidente también”

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“¡Cuánto desearía que todas las confesiones religiosas dijeran: Matar en nombre de Dios es satánico!”, exclamó esta semana el Papa. Uno de sus más cercanos colaboradores en Argentina, Guillermo Marcó, se dijo convencido que el Islam se encamina a condenar públicamente la violencia. Reconoció que esa es una “deuda” del mundo musulmán. Pero también advirtió contra la tentación de considerar a todos los islámicos como violentos. Porque en Occidente también existe locura y muerte.  

El sacerdote de Buenos Aires tiene cartel para abordar el tema. Él fue, junto con el rabino Daniel Goldman y el líder islámico Omar Abboud, uno de los fundadores del Instituto del Diálogo Interreligioso de la capital argentina. Además, durante casi nueve años se desempeñó como vocero oficial del cardenal Jorge Mario Bergoglio. Y ahora se embarcó en otra aventura: extender a toda América la experiencia nacida en su país, junto a quien hoy es Papa. 

“El mundo musulmán tiene una deuda que es realizar una declaración pública contra toda violencia y creo que se está caminando hacia eso. Pero es un error achacarle a una minoría la totalidad del pensamiento o de la representatividad de una tradición cuando en realidad están asolando lugares donde los cristianos y los musulmanes convivieron por siglos”, precisó. 

Palabras que invitan a la cordura en tiempos de fáciles crispaciones. Los atentados terroristas de los últimos meses en diversas ciudades europeas han exacerbado el discurso islamofóbico en el “viejo continente”. ¿Cuál puede ser la solución? Según Marcó, para el Papa las respuestas a estas interrogantes difícilmente surgirán del mundo oriental y, mucho menos, de Europa. El pontífice tiene confianza en su región de origen.  

“En América la integración de los pueblos hoy es una riqueza. Es curioso que un mundo religioso como el musulmán, con personas que luchan por preservar su derecho a expresar la fe aún desde la vestimenta, se encuentra con una Europa envejecida, laicizada, donde ni siquiera se ha podido plasmar (en la Constitución) algo que se ve en todas las ciudades: sus raíces cristianas. Europa debe hacer una reflexión, el Papa ha hablado de un continente falto de ideas, encerrado en sí mismo y que generó un gran barrio cerrado de bienestar pero está rodeado de personas que padecen necesidad y no se pueden ignorar”, añadió. 

Explicó algunos de los pilares del diálogo interreligioso que guió a Bergoglio en Argentina y hoy el Papa propone al mundo. Ante todo el respeto por quien piensa distinto. Dejar de lado la idea de que el otro está equivocado y uno tiene razón. Ese diálogo se estanca fácilmente. No caer en estereotipos, no reeditar trampas del pasado ni asumir conflictos ajenos. La clave es trabajar en común más que discutir sobre las diferencias. 

Explicó que el Papa puede tener relación con judíos, islámicos o evangélicos porque nunca pensó que para mantener esos vínculos es necesario renunciar a las propias convicciones.  

Pero, ¿no es “buenismo” esa actitud positiva hacia el islam? ¿No es fisiológica la violencia en el pensamiento musulmán? Ante la pregunta, Marcó no dudo en replicar: “El viejo testamento, en la Biblia, está repleto de guerras, luchas y venganzas”. Y desafió al mundo occidental, sobre todo europeo, a hacer una autocrítica antes de tachar a todos los islámicos de terroristas. Recordó que muchos de los jóvenes enrolados en el Estado Islámico (EI) son europeos. Por eso llamó a preguntarse qué pasó en la educación de esas personas que los llevó a odiar tanto la cultura occidental. 

Entonces, redobló la apuesta y disparó: “En el mundo oriental no se producen armas. ¿Quién da las armas? Y el petróleo manejado por el EI, ¿quién lo compra? El mundo occidental, a precio más barato que en el mercado normal”.  

“Ladramos un poco, proclamamos declaraciones echando culpas pero, por otro lado, hay unas cuántas cosas que decir antes de afirmar que el islam es violento. Occidente es violento, por ejemplo en Estados Unidos muy a menudo personas toman una armas y matan a decenas en un colegio o un centro comercial. La violencia está escrita en el ser humano, lo que nos hace civilizados es un trabajo espiritual que nos inscribe en la cultura de la paz. Simplemente es muy cómodo tildar al otro de violento y decir que uno es una maravilla”, insistió. 

Describió, también, otros tipos de violencia de la sociedad moderna. Por ejemplo los barrios con casas que cuestan millones para ser apenas habitadas los fines de semana y construidos junto a asentamientos donde vive gente que trabaja en esos barrios ricos. Y entonces a ellos sus jefes le demoran el pago del sueldo porque se fueron de viaje y se olvidan o, peor, les pagan mal y poco. Advirtió que esas situaciones generan resentimiento, como también ocurre con los islámicos que son tratados como ciudadanos de segunda y son rechazados.  

Por eso estableció: “Cuando decimos que la respuesta puede venir de América Latina es porque en Argentina al menos se hizo algo por respetar a quien venía. América Latina sigue siendo generosa, no piensa en cerrar las fronteras porque tenga más ni discrimina, al revés a veces la gente se queja porque en nuestros países tratan mejor a quien viene de afuera. Prefiero un país generoso y abierto a uno cerrado, donde se vive el drama de la explotación humana todos los días”. 

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