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Sant Egidio: “El muro de Calais acentuará los problemas, no los resolverá”

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Marco Impagliazzo hace un juicio sobre lo que está sucediendo en la jungla de Calais

Un nuevo muro está naciendo en Calais, Francia, última etapa en el continente europeo antes de llegar a Gran Bretaña. París decidió su construcción, con fondos también ingleses, y deberá proteger y defender el tráfico comercial y de personas hacia el estrecho de la Mancha. Detrás del nuevo muro hay algunos miles de migrantes, la llamada «jungla» de Calais. Le pedimos al presidente de la Comunità di Sant’Egidio, Marco Impagliazzo, un juicio sobre lo que está sucediendo.

Está surgiendo un nuevo muro en Europa para detener a los migrantes, y esta vez lo construyen dos grandes naciones del viejo continente: Francia y Gran Bretaña. ¿Qué significa esta decisión?

Significa que desgraciadamente la historia no ha enseñado demasiado, en el sentido de que los muros construidos en los últimos años y en el siglo pasado solo dividieron a las poblaciones e hicieron crecer un problema muy relativo, puesto que estamos hablando de 3 mil personas que viven acampadas tras ese muro; están convirtiendo un pequeño problema en un problema muy grande, y también están dando una imagen que no ayuda a Europa desde muchos puntos de vista, empezando por el hecho de que Europa debería ser el continente fundado sobre la solidaridad y sobre el Derecho.

Pero en Calais también hubo protestas, tanto de la población local como de los choferes de camiones y de los que tienen que pasar la frontera. ¿Cómo se afronta este aspecto del problema?

Me gustaría decir, antes que nada, una palabra a favor de Gran Bretaña, que es uno de los pocos países europeos que está poniendo en práctica la reubicación de los migrantes como fue pedido por Europa (es decir la redistribución de los migrantes entre las diferentes naciones y después dentro del propio territorio, ndr), aunque con cifras muy reducidas; sin embargo, Gran Bretaña responde aplicando la ley; es un pequeño hecho positivo y debe ser recordado. Pero además hay que repetir una vez más que solo se puede afrontar toda la cuestión según dimensiones europeas, y Europa todavía no ha aceptado afrontar el problema (tal y como había propuesto Italia) según un enfoque que garantice a estas personas una digna colocación.

Entonces la lógica del muro también es miope…

En sustancia: entre más extendamos los muros, más personas elegirán vías peligrosas para atravesar el mar, La Mancha, o provocarán disgustos en las carreteras de Calais (grupos de migrantes cerca de la pequeña ciudad francesa bloquean el tráfico para meterse a los medios de transporte que van hacia Gran Bretaña, ndr.). Lo que puede resolver el problema no es el muro, sino las políticas. Creo que Francia está descargando el problema, y Francia debería, por el contrario, asumir sus responsabilidades, porque estos ciudadanos están en su territorio y viven en condiciones de enorme precariedad. Es un problema que debería ser afrontado y compartido a nivel de estrategias europeas, de fenómenos migratorios, y no a nivel de muros. Para dar lugar a 3 mil o 6 mil personas no se necesita un muro.

Sin embargo, justamente Europa está viviendo una situación muy crítica en relación con el tema de los migrantes: muros que surgen por todas partes, desde Hungría hasta Francia, movimientos xenófobos que ganan seguidores… ¿Hay un cortocircuito, qué está sucediendo?

Hay que tener en cuenta diferentes aspectos. En primer lugar la mala información que se nos da sobre el fenómeno migratorio, siempre en términos de invasión, de hurto del trabajo por parte de los migrantes, del peligro del terrorismo, del miedo del islam. Hay una mala información al rededor del tema de la migración y la población en lugar de estar pronta para afrontarlo en términos positivos lo percibe siempre en términos negativos. Y aquí hay que decir, como contraparte, que la experiencia de los corredores humanitarios que pusimos en pie con las Iglesias protestantes, activó a la sociedad civil de una manera inteligente y generosa. Hoy tenemos más peticiones por parte de familias, comunidades, parroquias, empresarios, que los visados disponibles para los corredores humanitarios; parecerá paradójico, pero es así. Desde hace 20 años asistimos a predicaciones de odio contra los migrantes, y en este contexto hay que recordar que Angela Merkel ha mantenido una posición favorable a la acogida, a pesar de que el argumento le hiciera perder votos.

¿Qué otras causas originan esta oleada de miedo?

Se explica demasiado poco sobre la incidencia positiva que tienen los migrantes en el Producto Interno Bruto de los diferentes países, empezando por la Gran Bretaña que es una de las que más gana gracias a la presencia de migrantes. Además también hay problemas vinculados con los países de la Europa oriental, cerrados a lo que sea islam o no cristiano, en los que están creciendo formas cada vez más extremas de nacionalismo. Al final, lo que cuenta es que no ha habido un enfoque compartido del problema a nivel europeo; el caso italiano, en este sentido, es emblemático. Italia y Grecia, efectivamente, han asumido un peso verdaderamente excesivo sin recibir ningún tipo de ayuda de Europa, y en este sentido el tema de la falta de reubicación entre los diferentes países de la Unión es el ejemplo más clamoroso.

El flujo de migrantes parece caracterizarse desde hace ya tiempo por oleadas de prófugos que huyen de zonas de guerras: Medio Oriente, Siria, Irak, el norte de África, el África Subsahariana. ¿Cuál es la raíz del problema?

La raíz es esta, principalmente. Ya no tiene sentido pensar que los migrantes migran por razones económicas. Es imposible la división entre estos últimos y los que huyen de una guerra; se trata de categorías que se parecen en todo; ¿qué significa decir que una persona que huy de Siria lo hace por motivos económicos? Claro, se trata de una persona que busca un futuro, por lo que, en parte, es un migrante económico, pero se habría quedado de buena gana en Siria. Son categorías y distinciones que ya no se sostienen, hay que actualizarlas; pero dirigo un llamado sobre todo a los Estados europeos: únanse a la sociedad civil, pregúntenle a la sociedad civil, porque la política ya no tiene soluciones. La política debe, absolutamente, pasar por una nueva relación con la sociedad civil, que a menudo tiene soluciones mucho más avanzadas, como la de los corredores humanitarios o del patrocinio. Hay miles de europeos que están listos para patrocinar a los migrantes. Salgan de los palacios, hablen con la sociedad civil y colaboren con ella.

Dentro de pocos días, el 20 de septiembre, el Papa volverá a Asís (un evento organizado por la Comunità di Sant’Egidio y los franciscanos), y con él muchos líderes religiosos, para hablar de paz. Pero esta sigue siendo una cuestión sin resolver: Europa, la diplomacia, están ausentes frente a las grandes crisis humanitarias, frente a los conflictos, frente a muchos de los problemas de los que hemos hablado… ¿No le parece que se trata de una cuestión pendiente importante, de un aspecto decisivo para afrontar la raíz del problema?

Claro, a fuerza de llorar y quejarnos, de reflexionar sobre la crisis que está pasando Europa y de hablar de nuestra impotencia, nos estamos convirtiendo en corresponsables de situaciones internacionales dramáticas que ya no logramos resolver porque, justamente, nos encanta llorar y quejarnos. Por el contrario, Europa debe asumir las responsabilidades históricas, sociales y humanas que le tocan y que provienen de su historia. A lo largo del camino que estamos recorriendo, tenemos que pasar de impotencia a la corresponsabilidad. Basta de decir: “No se puede resolver la crisis siria”; en realidad no se quiere resolver la crisis siria. El asunto, naturalmente, no solo le toca a Europa, pero esta es la situación. Se pierde tiempo dando todas las diferentes culpas; se dice que si Arabia Saudita, que si Irán, que si Rusia, que si Hezbollah… pero, ¿al final? Ahora basta, no podemos seguir diciendo que no es posible.

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