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La carta de Madre Teresa a una joven pareja

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Cuando invitaron a la santa a su boda, no imaginaron recibir este maravilloso regalo

La Madre Teresa no pudo venir a mi boda, así que nos escribió una rápida nota donde compartió con nosotros lo que habría dicho de haber estado allí.

De hecho, fue mi esposa, April, quien la invitó. También invitó al presidente y al Papa. George y Barbara Bush enviaron una carta producida en serie. El Vaticano mandó sus bendiciones. Pero la Madre Teresa nos envió una respuesta personal, una página escrita a máquina con una errata (una “a” escrita sobre una “s”) y con su firma al final.

En estos días próximos a su canonización, se presta mucha atención a los grandes momentos de la vida de la Madre Teresa (en mi trabajo de día, en la universidad Benedictine College, lo celebran por todo lo alto). Pero para nosotros, este contacto íntimo con ella es lo más significativo.

Lo que nos escribió viene directamente de su propia biografía.

“Den la bienvenida a los niños en su matrimonio y ayúdenles a madurar para que sean la luz del amor de Dios en su familia y su vecindario”, escribió.

Precisamente lo que su padre hizo por ella. “Su padre fue una persona ejemplar. Tenía una gran influencia sobre ella”, contaba a The Washington Post un diplomático albanés que la conocía y con quien tenía amigos en común.

“Hijita mía”, le decía su padre de pequeña, “comparte siempre con los demás incluso la poca comida que tengas, sobre todo con los pobres. El egoísmo es una enfermedad del espíritu que nos convierte en sirvientes de nuestras riquezas”.

Pero sus palabras no fueron su gran lección. El hogar de Teresa de Calcuta era escenario de muchos encuentros políticos y su padre solía empezarlos presumiendo de la voz de su hija. Y es que Agnes era una “maravillosa soprano” que solía cantar para los invitados la hermosa canción albanesa En el lago.

Nunca abandonó el camino que su padre dispuso para ella. Se pasó toda una vida erradicando el egoísmo, como su padre le había aconsejado, y plantando cara a los hombres poderosos, también como su padre le enseñó.

“El día de su boda recibirán muchos regalos; entre ellos algunos muy caros. Pero el regalo más precioso que recibirán ese día es el regalo del uno para el otro”, señalaba. “Conserven la alegría de amarse mutuamente y compártanla con los demás”.

La Madre Teresa conoce exactamente lo que puede hacer por alguien el don del amor.

En 1946, Teresa de Calcuta escribió cómo Cristo la llamó para ir a la India. La noción romántica de que la Madre Teresa adoraba a los pobres y que se apresuró a servirles es falsa. No quería ir. Y aun así, fue.

Su postulador afirmó que su “sí” fue recompensado con “una unión real, cercana e intensa con Jesús en 1946 y 1947”.

Es complicado caer en exageración al hablar del poder de este “don de amor”. Sus años de cercanía a Cristo la cautivaron y la transformaron. Y menos mal que fue así. A continuación,

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