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Pizaballa: «Queremos ser un lugar de encuentro que supere todos los muros»

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Después de doce años como Custodio de la Tierra Santa y una experiencia mucho más larga en la tierra con la que nuestra fe tiene un vínculo tan particular y que él conoce muy bien, el 24 de junio el padre Pierbattista Pizzaballa fue nombrado por Papa Francisco como Administrador Apostólico en la sede vacante del Patriarcado Latino de Jerusalén. El cardenal Gran Maestro de la Orden del Santo Sepulcro, Edwin O’Brien, en compañía del Gobernador General Agostino Borromeo, de algunos miembros del Gran Magisterio y casi todos los Lugartenientes europeos de la Orden, reunidos en Roma por su reunión anual la semana pasada, pudieron felicitar personalmente al nuevo Administrador Apostólico durante una cena que se llevó a cabo en el Palazzo della Rovere, en Roma, el pasado 27 de junio.

En una entrevista exclusiva otorgada al Servicio de Comunicación de la Orden (www.oessh.va), el padre Pizzaballa comentó la situación actual que vive la Tierra Santa, haciendo un resumen sobre los aspectos políticos, sociales y económicos que afectan a los diferentes países en los que el Patriarcado Latino de Jerusalén trabaja (la frágil economía, el desempleo juvenil y el desafío de la acogida de tantos prófugos en Jordania; el conflicto en Israel y Palestina; la evolución de los coloquios en Chipre) y concluyó: «En este contexto de grandes mutaciones, también cambian nuestras actividades pastorales. Los cambios, de hecho, no solo tienen que ver con la macro-política, sino también (y dura sobre todo) con las sociedades de los respectivos países. El papel de la familia, el contexto juvenil, el mundo del trabajo están cambiando rápidamente también en el Medio Oriente. El diálogo interreligioso, en un contexto de crecimiento del fundamentalismo, plantea nuevas y difíciles preguntas. La relación entre las Iglesias cristianas se encuentra frente a exigencias comunes de coordinación y no solo a nivel pastoral».

Pensando en el papel que la Iglesia y cada cristiano ha sido llamado a desempeñar en el mundo y en la sociedad, el padre Pizzaballa invita a volver a la raíz de la fe: «Nuestra esperanza, la esperanza de cada cristiano, es Cristo resucitado. De allí tenemos que volver a empezar. No creo que la Iglesia pueda cambiar o influir en la gran política. No pueden ni siquiera los grandes de este mundo, imaginémonos qué podríamos hacer nosotros». «Lo que debemos y queremos hacer —continuó— es no perder nunca la esperanza y la confianza y seguir neciamente apasionados y enamorados de esta Tierra y de estos pueblos. Queremos, en este contexto, ofrecer, con nuestro estilo de vida, el testimonio de una forma de estar dentro de este conflicto. Queremos principalmente estar en paz nosotros y no permitir que el lenguaje del odio y de la violencia prevalezca entre nosotros. No queremos dejar de creer en la bondad de las personas. Es decir, queremos ser un lugar de encuentro que supere todos los muros y todas las barreras. Y esta fuerza nace y se comprende solo con el encuentro con Cristo. De lo contrario es y se queda en una de las muchas abstracciones espirituales».

Lea aquí, en el sitio de la Orden, la entrevista completa con el padre Pierbattista Pizzaballa.
 

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