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¿Los deportes están reemplazando a Dios los domingos?

Greg Kandra - publicado el 08/05/16

Cuidado con la deificación de los deportes

La conversación me dejó desconcertado.

Un maestro de religión me habló de una charla que había tenido con una madre católica unas semanas antes. La madre estaba molesta porque su hija, que está en la escuela primaria, se sentía culpable por faltar a misa. La madre culpaba a la iglesia. ¿Es que no es ya bastante con que vaya a las catequesis?, preguntaba. ¿Es que no os dais cuenta de que tenemos un horario apretado los domingos? ¡Están los deportes, los proyectos, los deberes! No podemos ir a la iglesia todas las semanas, ¿sabes? Hay mucho que hacer.

El maestro intentó, con un éxito dudable, transmitir a la madre la importancia de la misa, más allá del mero y simple hecho de que es una obligación. No sé si la conversación dejó poso. Parece que ya nadie piensa así hoy en día.

En algún lugar del camino dejamos de enseñar que ir a la iglesia no es una opción, que la misa es una obligación, que se nos exige que nos acordemos del “sabbat, para consagrarlo al Señor”. Hemos minimizado en la enseñanza la importancia de la presencia de Cristo en la Eucaristía —o en la asamblea o en La Palabra, ya que estamos— y la gente cree que puede tomarla o dejarla.

En algún lugar del camino nos saltamos cosas como ésta:

Canon 1248
1. Cumple el precepto de participar en la Misa quien asiste a ella, dondequiera que se celebre en un rito católico, tanto el día de la fiesta como el día anterior por la tarde.
2. Cuando falta el ministro sagrado u otra causa grave hace imposible la participación en la celebración eucarística, se recomienda vivamente que los fieles participen en la liturgia de la Palabra, si ésta se celebra en la iglesia parroquial o en otro lugar sagrado conforme a lo prescrito por el Obispo diocesano, o permanezcan en oración durante el tiempo debido personalmente, en familia, o, si es oportuno, en grupos familiares.

Puesto que es necesaria una “causa grave” para excusarnos de esta obligación, es un pecado grave o mortal faltar por voluntad propia a la misa del domingo o de un día Santo de Precepto [énfasis añadido], tal y como la Iglesia siempre ha enseñado. Razones tales como la necesidad de trabajar para sostener la familia, el cuidado de los niños, enfermedad o el cuidado de los enfermos, la necesidad de viajar, etc., podrían excusar a una persona en ocasiones particulares. Aquellos que tengan razones continuadas para ser dispensados deberían consultar a su párroco.

Aquí puedes leer más sobre el catecismo.

Un sitio web cristiano llamado For The Chuch abordó este mismo problema, coincidencia oportuna, en un artículo titulado When Ball Becomes Baal, es decir, Cuando el balón se convierte en Baal:

La deificación de los deportes es un hecho que está sucediendo a muchos.

¿Cómo el balón puede convertirse en Baal?

Respuesta: Cuando te controla y le ofreces tu fiel adoración. Tu vida has de ordenarla alrededor de tu dios y casi nunca puedes decirle que no.

Al igual que el “pie de atleta” en los adolescentes faltos de higiene, los deportes han ido invadiendo cada vez más la vida de los creyentes. Casi de la noche a la mañana nos hemos despertado con la triste realidad de que, en muchas comunidades, los deportes han llegado a usurpar de los creyentes sus horas de congregación en el Día del Señor. Demasiado a menudo se escucha a los aficionados deportivos decir a los líderes de las iglesias, “Ya iremos el próximo domingo, porque este domingo hay fútbol”. Se supone que los guías de la iglesia deben responder consintiendo mansamente. Después de todo, no podemos permitirnos parecer “legalistas”; todo el mundo sabe que el mayor crimen que puede cometer una iglesia es exigir algo a alguien.

Y escucharás: “Pero es que el equipo necesita a todos los jugadores. No podemos decepcionarlos”. Nunca se les ocurre que se está privando al Cuerpo de la iglesia de una parte muy necesaria, o que Dios está siendo marginado y desobedecido. No debemos dejar de congregarnos, dice Dios en Hebreos 10:25.

Devoción es la palabra clave. Cuando el equipo dice “Te necesitamos”, hacemos el sacrificio y acudimos. Pero cuando se interpone en el tiempo asignado a la edificación espiritual y la adoración, a menudo mandan al banquillo al Soberano del universo. Mientras tanto, enseñamos a nuestros hijos que la devoción a los deportes es más importante que la devoción a Dios y que la lealtad a nuestra familia espiritual. ¿Os habéis planteado que quizás estéis educando a vuestros hijos a venerar los deportes?

El autor continúa mencionando varias maneras de combatir esta tendencia, aquí puedes leerlo.

Como muchos otros temas, esto es algo que se menciona raras veces en el púlpito. (¿Tal vez los pastores piensen que estarían predicando a los conversos, puesto que ya están sentados en los bancos?). Pero se debería predicar sobre esto. Hay generaciones enteras que sencillamente, no lo entienden.

Yo seré el primero en admitirlo, hay muchas zonas grises en la doctrina de la Iglesia.

PERO, ésta no es una de ellas.

Somos católicos. Tenemos la obligación de participar en el Santo Sacrificio de la misa cada domingo. Una hora a la semana no es mucho pedir, tampoco es mucho que dar. (Diantre, ahora incluso lo ponemos más fácil: ¡podéis ir el sábado por la noche!).

Pensad en ello.

Nuestros hijos necesitan aprender sobre prioridades, sobre qué es lo que importa y qué importa menos, y las razones detrás de ello. Y que no desvíen la mirada del balón.

No sea que empiecen a mirar a Baal.

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