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¡Sí se puede! Esperanza entre los escombros en Ecuador

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El terremoto deja más de 400 muertos pero también conmovedoras historias

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“Hace algunos años, en los estadios de fútbol del país, se gritaba: ‘Sí, se puede’. Ahora toca gritarlo en medio de los escombros… Con la ayuda de Dios y la solidaridad de todos, saldremos adelante. Ese es el grito de nuestro pueblo”.

Así finaliza una carta abierta de Julio Parrilla, obispo de Riobamba, Ecuador, escrita tras el terremoto de 7.8 en la escala Richter que padeció el sábado el país y dejó hasta el momento un saldo de 413 muertos y más de 2.000 heridos.

Entre las víctimas de la catástrofe hubo personas de diferentes condiciones, entre ellas un grupo de mujeres que habían decidido entregar su vida a Dios. Eran seis religiosas de las Siervas del Hogar de la Madre.

El terremoto provocó el derrumbe del edificio que las albergaba (instalaciones del Colegio Sagrada Familia) en la localidad de Playaprieta y generó que las hermanas que se encontraban en el interior quedaran bajo los escombros.

Se trataba de Estela Morales (40 años, España), Therésè Ryan (36 años, Irlanda), Merly Alcybar (34 años, Ecuador) y Clare Crockett (33 años, Irlanda del Norte). También siete jóvenes postulantes, de origen ecuatoriano: Jazmina, Mayra, M Augusta, Valeria, Catalina, Guadalupe y Mercedes.

Las hermanas de esta comunidad, además del trabajo en el colegio, realizan a diario una importante labor humanitaria y de evangelización, que se había multiplicado en los días precedentes al seísmo a causa de las fuertes inundaciones que habían ya devastado la zona dejando a numerosas familias en una situación de total desprotección.

“He visto a las hermanas, con sus sonrisas de siempre, pero se nota que están agotadas de tanto trabajar”, contó un amigo de la comunidad días antes del terremoto, según reproduce un  comunicado difundido por la  comunidad. Al ser periodo estival en Ecuador no había alumnos en el recinto.

Una de las hermanas, Therésè, fue rescatada en medio de los escombros con un tobillo fracturado y diversas contusiones.

Quien comandó el improvisado equipo de rescate junto a algunos vecinos fue Estela, superiora de la comunidad, que a pesar de haber quedado también debajo de los escombros se salvó.

En el momento del temblor corrió rápidamente hacia la capilla del lugar para salvar las hostias consagradas. Una vez ahí todo se derrumbó.

Los voluntarios también lograron escuchar debajo de los escombros a las hermanas Merly, a Guadalupe y a Mercedes. Su rescate costó bastante, sufrieron diferentes heridas, fueron trasladadas al hospital y con el paso de las horas finalmente fueron dadas de alta.

Sin embargo, aún faltaban otras debajo de los escombros: la hermana Clare y cinco postulantes: Jazmina, Mayra, M Augusta, Valeria, Catalina, cuyos cuerpos fueron rescatados a las pocas horas sin vida.

¡Saldremos adelante!

Por estas horas el pueblo ecuatoriano corre una carrera a contrarreloj tratando de rescatar a la mayor cantidad de gente posible que quedó, al igual que las religiosas, debajo de los escombros.

Las autoridades confirmaron este lunes que el número de víctimas ascendió a 350 y el de heridos a más de 2.500. Luego, las  cifras siguieron en aumento y hay más de 400 muertos.

“Reconstrucción y esperanza” son dos palabras que se transformaron en motivo de aliento para no desfallecer ante la tragedia.

En ese sentido, por ejemplo, una menor fue rescatada con vida tras más de 20 horas de quedar atrapada entre los restos de un edificio en el municipio de Pedernales.

Por otro lado, Parrilla emitió una carta abierta sobre la tragedia e hizo referencia a la solidaridad en momentos de tanto dolor.

“Pasado el momento álgido del desastre, todo el mundo participa y trata de dar una respuesta. Emociona el ver a tanta gente movilizada. Todo el mundo quiere hacer algo, aunque no se sepa bien qué es lo más urgente. Poco a poco, la solidaridad entrará por los cauces de una mayor racionalidad y organización. En países como el nuestro la capacidad de reacción es siempre lenta y deslavazada, pero el alma ecuatoriana está ahí presente, compartiendo dolores y necesidades”, expresó.

“La Iglesia trata de hacer su parte, acompañando al pueblo. Este es nuestro signo distintivo: acompañar, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte».

«En estos dos escasos días (ayer, domingo, la gente copaba las iglesias) hemos repetido insistentemente que hay que fomentar cuatro actitudes: confianza en Dios, que no abandona a su pueblo, unidad, manos a la obra y oración».

«Son esos momentos en que las diferencias y los colores políticos, sociales o económicos quedan relativizados y diluidos en medio de la tragedia. Es el momento de sentirnos hermanos, amigos y compañeros. Es el momento en el que Dios nos quiere humildes, resistentes, solidarios y fraternos. Es el momento de sembrar esperanza”, prosiguió.

“La emoción por el dolor es sustituida por la emoción de colaborar y de hacer todo lo posible por sacar el país adelante”, añadió el obispo, quien culminó haciendo referencia al famoso grito: ¡Sí se puede!

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