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¿Es terapéutica la filosofía?

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Un reciente revival de la filosofía estoica pone la pregunta nuevamente en el tapete

En una entrevista para Aeon, el filósofo Nigel Warburton –autor de la Pequeña Historia de la Filosofía, publicada en 2011- preguntaba a Jules Evans –filósofo y académico de la Universidad de Londres, autor de Filosofía para la vida y otras situaciones peligrosas– su opinión a propósito del relativamente reciente renacimiento del interés por ciertas escuelas de la filosofía clásica y helenística griega, vinculándolas no sólo con su rol tradicional –esto es, de ser primordialmente un intento de comprender- sino también con ciertos beneficios estrictamente relacionados con el bienestar psicológico.

La Escuela de Atenas, de Rafael Sanzio
La Escuela de Atenas, de Rafael Sanzio

El ejercicio de la filosofía, explica Warburton, y el descubrimiento de la razón y naturaleza de las cosas que de ella se deriva, no tienen por qué necesariamente beneficiarnos psicológicamente. Por el contrario, argumenta, puede hacer que nos sintamos mucho peor.

La respuesta de Evans, que reproducimos aquí parcialmente, es reveladora: por una parte, el filósofo afirma que el bienestar no es un valor superior a la verdad pero, por la otra, también es cierto que los pensadores griegos y romanos clásicos sí entendieron a la filosofía como una actividad terapéutica, cuando menos en algunos de sus aspectos:

Personalmente, no quiero decir que toda la filosofía sea terapia, sino que los antiguos griegos y romanos la entendieron así, lo mismo que muchos filósofos de India. Ellos desarrollaron una serie de técnicas, todas ellas prácticas, que aseguraron podrían ayudar a transformar el sufrimiento, y que eran parte de una “filosofía de vida” general. Estas técnicas no eran simplemente  “pensamiento positivo” sino que, por el contrario, implicaban ver el mundo como lo es, en toda su inestabilidad y adversidad, y aceptarlo. Algunas de estas técnicas han sido ahora redescubiertas y puestas a prueba por psicólogos empíricos, quienes han descubierto que, de hecho, transforman el sufrimiento emocional. Quiero comunicar esto tanto como sea posible, porque la filosofía antigua puede realmente ayudar a a la gente a superar el sufrimiento, y esto es un mérito de la filosofía que, como se sabe, está mal vista y mal patrocinada hoy día ¿No crees que mientras más comuniquemos esto, más relevante y apreciada será la filosofía en el mundo contemporáneo?

Ahora bien ¿creo yo que el bienestar es un valor superior a la verdad? No. Espero nunca aferrarme a algo sólo porque ese algo me hace feliz, si sospecho que ese algo no es, además, verdadero. La filosofía implica una búsqueda incansable de la verdad, un examen incesante de las propias convicciones. Disfruto de esa búsqueda, y esa es la razón por la cual no me detuve en el estoicismo sino que permanecí buscando, porque no creo que en el estoicismo se halle la verdad última a propósito de la realidad. Pero lo que me motiva a buscar es, en última instancia, una especie de fe platónica que asume que la verdad es buena, y que es buena para mi ¿Para qué molestarse buscando a no ser que pensase que vale la pena llegar a destino?

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