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Los 12 pasos para ser monja, ¡ja ja ja!

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Un artículo irónico sobre la visión que algunos tienen de la vida religiosa

El sitio web Eye of the Tiber es, sin lugar a dudas, de lo mejorcito en sátira católica.

Los escritores de The Onion tampoco se quedan cortos cuando quieren regalarnos algunas piezas bastante divertidas sobre esto de la fe (aunque a veces se pasan un poco de la raya y deben de estar reuniendo puntos para una buena temporadita en el purgatorio).

El padre Damian Ference está convencido de que en The Onion tienen “un católico practicante trabajando para ellos”.

Creo que se trata de un escritor (o escritora) autodidacta, un católico convertido en ateo con sentimientos ambivalentes en relación a la Iglesia, pero que no puede evitar que se le vea el plumero en sus escritos satíricos usando palabras como “casulla”.

La última pieza de The Onion con un tema católico se titula How to Join the Priesthood (Cómo unirse al sacerdocio), y en ella se definen los pasos para convertirse en sacerdote, por ejemplo:

“Paso 2: Decide si continuar por el camino del sacerdocio o dedicarte a otros papeles fundamentales dentro de la Iglesia, como catequista, diácono o arcángel”.

Y otro más:

“Paso 5: Examínate cuidadosamente en el espejo y pregúntate si de verdad una casulla pega con tu físico”.

Así que antes de que The Onion saque la lista equivalente para monjas, he decidido adelantarme y crear la mía propia. Aquí la tienen, los 12 pasos necesarios para entregarse al insigne camino de tomar el hábito de monja:

Paso 1: Empieza a hablar de Jesús como si trataras con él diariamente y presume de todo el tiempo que pasas con Él. Luego, entre ver episodios de Downton Abbey y considerar los pormenores de la venta online de dulces de convento, trata de pasar de veras tiempo con Él. Intercambia pulseritas de amistad y hazlos íntimos. Haz que todo el mundo a tu alrededor se sienta incómodo cuando hables sobre lo inseparables que son.

Paso 2: Dedica tiempo a la oración, preferiblemente en una ermita o ayunando en una cueva. Asegúrate de que lloras y de que te frotas las manos a menudo en señal de desesperación, para añadir un toque dramático. Cuando expliques cuáles son tus referentes, escoge a Catalina de Siena, Rosa de Lima o cualquier otra mujer santa sin parangón con una vida completamente insólita, que incluya penitencias extravagantes, múltiples visiones y sucesos milagrosos.

Paso 3: Demuestra a tus amigos lo perspicaz que eres. Hazles un tratamiento de las noticias de actualidad lo más amplio que puedas, sobre todo si el que tienes delante es un chico atractivo y soltero al estilo de Chris o Liam Hemsworth (esfuérzate, ¡hay que minimizar riesgos!).

Paso 4: Prueba con el truco de la “toalla velo”. Envuelve tu cabeza en una toalla o camiseta del color apropiado. Pon cara de Ingrid Bergman en la peli Las campanas de Santa María. Si Dios te llama a la vida religiosa, no dudes que vas a estar tan espléndida como Ingrid Bergman con velo. Confía en Él.

Paso 5: Decídete sobre si quieres ser una excéntrica en el mundo (apostólica) o una excéntrica en el monasterio de las que no salen nunca (de clausura). Si aún no eres lo bastante extravagante y definitivamente no quieres llegar a este nivel de rareza, entonces probablemente no deberías hacerte monja.

Paso 6: Ponte un disfraz de gorila y carga con un letrero que diga “Jesús te ama”. Ahora vete de tiendas. Esta es la pinta* que vas a tener y la forma en que te van a mirar si te haces monja y llevas hábito. ¿Puedes soportarlo? (*Las pintas pueden variar según la localización geográfica).

Paso 7: Ve a visitar conventos y conoce a las hermanas. Lleva contigo una lista de preguntas vitales, del estilo: “¿Puedo escoger mi propio nombre como sacado de Mi pequeño pony cuando haga los votos? ¿Ya está tomado Sor Luz de Atardecer del Ángel de la Guardia o me lo puedo pedir yo?”

Paso 8: Si todavía está libre “Sor Luz del Atardecer del Ángel de la Guardia”, tómatelo como una señal de que Dios te llama a ser su esposa. Si no, puedes sortearlo con tus amigos. O reza un poco más en la cueva. O espera a que el Jesús surfero descienda de su esponjosa nube de algodón de azúcar. Tú decides.

 Paso 9: Di a todos tus amigos que te vas a teñir el pelo de morado, que te casas con un león de mar y que te vas a recorrer los mares en una taza de café. Luego diles que no, que es broma, que en realidad te metes en un convento. Las reacciones van a ser parecidas.

Paso 10: Después de entrar en el convento, desmorónate varias veces, pon en duda tu cordura y, básicamente, pregúntate si todo el mundo menos tú pensaba que esta idea era una locura. Luego pregunta a Dios si piensa de verdad que es una buena idea. Pregúntaselo una y otra vez. Pregúntate también si estás hablando en realidad con Dios o si todo es producto de tu imaginación; un mundo formidable y psicológicamente complejo que rivaliza con la Tierra Media de Tolkien. Remover, emplatar y servir templado.

Paso 11: A medida que se vaya acercando el día de tus votos, pídele a Dios algunas señales de que deberías seguir adelante. Y por pedir que no quede. Una vida entera de celibato es razón suficiente para justificar que se mueva alguna montañita u otros milagros. Unas ideas: que nieve en mitad del verano; que te llame el papa Francisco; una exención de tu voto de pobreza que te permita tener un Rolls Royce verde con un chófer personal.

Paso 12: El día que tomes tus votos, esos votos de pobreza, castidad y obediencia PARA EL RESTO DE TU VIDA, mírate en el espejo y repítete a ti misma: “Todo esto merecerá la pena por el suministro ilimitado de agua bendita, por el adiós a los días de malos pelos y las miradas compasivas de los amigos”.

¿Alguno de ustedes quiere sugerir otro paso?

¿Mis amigas monjas en particular?

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