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3 cosas para vivir bien la Navidad

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Tom Hoopes - publicado el 25/12/15

No conviertas los días de compromiso renovado en vacaciones antiestrés

Bienvenidos a la peor semana del Adviento: la cuarta. Los primeros dos domingos son la novedad y el tercero sigue siendo estupendo; pero el cuarto ya es un fastidio. Es ese tiempo que tienes que soportar de más cuando la espera ya debería haber terminado.

El cuarto domingo de Adviento es como sentarte a disfrutar de tu película clásica favorita… y esperar a que pasen los largos y aburridos créditos del comienzo.

Es como en la canción de Phil Collins, In the Air Tonight, que nunca aciertas a averiguar cuando entra la batería, siempre es un poco más tarde («ya viene… ¡ahora! ¡Uy!»).

Es como si justo después de bendecir la mesa y echarle sal a las patatas escuchas a tu madre decir «Vaya, me parece que el pollo tiene que estar un rato más en el horno».

Dan ganas de gritar «¡Ya vale, hombre! ¡Ya está bien!».

Combate esa ansia. Piensa que la cuarta semana de Adviento es como el momento de espera arrodillado en la oscuridad de un confesionario doble, cubriéndote los oídos y aguardando a que el sacerdote abra el lado que te corresponde: es una oportunidad extra para estar totalmente preparado para el profundo encuentro que está a punto de suceder.

A los sociólogos les resulta útil diferenciar ciertos tipos de vacaciones, para entendernos: vacaciones «antiestrés» y vacaciones «de compromiso renovado».

Las vacaciones antiestrés son los momentos en los que es aceptable socialmente desmadrarse en las fiestas (Carnaval, Año Nuevo…) o en los que hay una diversión relajada (Halloween, la cabalgata de los Reyes Magos…). Su función es dar un respiro de las responsabilidades vitales.

Las vacaciones «de compromiso renovado» son los momentos en los que retomamos una promesa vital. En Estados Unidos, la celebración de Acción de Gracias tiene este carácter; es una oportunidad para agradecer, pedir y dar bendiciones. El Día de Martin Luther King Jr. y el Día de la Tierra se crearon con la intención de ser fiestas de compromiso, para que nos implicáramos por la igualdad racial y la armonía ecológica.

El problema surge cuando el Occidente secularizado convierte los días de compromiso renovado en vacaciones antiestrés.

El Día de la Independencia en EE.UU. solía ser una fiesta de compromiso en la que la Declaración de Independencia se leía en voz alta y cada nueva generación la adoptaba como suya. Hoy en día es una oportunidad para arremolinarse alrededor de una barbacoa y disfrutar de cerveza y fuegos artificiales.

La Pascua y la Navidad están en peligro de convertirse también en fiestas antiestrés, en algo así como Día Multicolor de la Primavera y Fiesta Blanca de Invierno.

Ojalá no sea así.

Primero, céntrate en historias de compromiso

Hay especiales navideños en la televisión que refuerzan esta narrativa antiestrés para la Navidad. Cuando era pequeño, los personajes de Rudolph, Frosty, el Muñeco de Nieve y el ogro Heat Miser me enseñaban que la manera de salvar la Navidad era asegurar la ruta de juguetes de Santa Claus o encontrar el lado amoroso de los monstruos que me atacaban. Ahora, como adulto, las películas hechas para los días de Navidad repiten las mismas lecciones: regalos que salvan a uno la vida; lo malvado en realidad no es tan peligroso.

Resiste la tentación de ver estas historias.

En su lugar, busca el original de ¡Cómo el Grinch robó la Navidad!, una parábola contracultural que enfrenta a los que se preocupan por la comunidad contra el Grinch ávido de poder. Te recomiendo ver también La Navidad de Charlie Brown, que explica de forma explícita la preferencia por Jesús por encima del consumismo, o el clásico Cuento de Navidad de Dickens, que transmite el mismo mensaje de forma implícita.

Descubrirás que las mejores historias de Navidad son las que siguen la Historia original de la Natividad. Los personajes principales se niegan a permitir que los disparates del estado y del mercado roben la alegría al ser humano. En ¡Qué bello es vivir!, el examinador del banco intenta hacer a los Baileys lo que el César intentó hacer a María y José. El señor Potter hace lo mismo que el posadero. En ambos casos, ni el avasallador estado ni el cruel mercado son rival para el sencillo amor humano.

Segundo, arrodíllate ante las luces y reza el rosario

A todos nos encanta la mágica transformación del mundo durante las navidades. De repente, todo se convierte en una masa rutilante de luces, como si las estrellas hubieran bajado del cielo para repartirse entre las tiendas y los hogares.

El sentimiento cálido de la Navidad recorre con tanta energía nuestras venas que sería un desperdicio no aprovecharlo para conectar con algo noble. Reunir a la familia es estupendo, claro, pero también lo es la gran historia de la entrada de Dios en la humanidad. No hay mejor forma de conectar con este hecho que decir el rosario de rodillas ante el belén bajo el brillo del árbol pintado de luces.

Añade una decena, si puedes, después de cada villancico, de cada historia navideña o cada recuerdo familiar que suceda junto a la chimenea, el árbol o el belén. Cuando tus hijos sientan el espíritu navideño, deberían pensar automáticamente en María. Como lo hace Jesús.

Por último, lee a Lucas

Está muy bien aprovechar cualquier oportunidad para leer un buen cuento, pero en la mañana de Navidad mejor lee en voz alta Lucas 2:1-20.

Si tú y tu familia no estáis recordando, reviviendo la honda y eterna razón por la que celebráis la Navidad, entonces lo estáis haciendo mal.

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