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¿Cuál es el sentido de que hombres célibes que no son curas vivan juntos?

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El Vaticano presentó un documento dirigido a hombres que eligen vivir en comunidades. La clave: “fraternidad” y «servicio».

San Francisco de Asís y San Benito nunca fueron sacerdotes: no querían los privilegios de los clérigos de su época, no los despreciaban, pero querían servir a Dios de otra manera. Ellos fueron los primeros, de una serie de fundadores de vida religiosa laical, luego convertida a la vida religiosa que conocemos hasta nuestros días.  

Hoy son hombres, e incluso mujeres, ‘radicales’ que «queman su vida» por los demás y dejan todo, todo, para servir en hospitales, escuelas, refugios para sin techos…

La Congregación para los institutos de vida consagrada y la sociedad de vida apostólica del Vaticano presentó el documento: Identidad y misión del religioso hermano en la Iglesia en la Sala de Prensa de la Santa Sede, este lunes 14 de diciembre. Y además informó sobre las últimas manifestaciones conclusivas del Año de la Vida Consagrada.

Por ello, el Vaticano ha escrito un documento pensado y dirigido al religioso laico. De hecho, desde los primeros siglos del cristianismo la vida consagrada ha sido sobre todo laical. Hombres y mujeres seguidores de Jesús.

El hermano-religioso refleja la “fraternidad” , el “rostro de Cristo-hermano, simple, bueno, cercano a la gente, acogedor, servidor”, dijo , el card. João Braz de Aviz, Prefecto de la Congregación per los Institutos de vida consagrada y la Sociedad de vida apostólica durante la presentación a la prensa del documento.

“Hermanos” se les llama a los religiosos laicos en la Iglesia. No es algo exclusivo, sino más bien significativo de la “memoria profética” de Jesús-Hermano, quien declaró a sus seguidores: “Y todos ustedes son hermanos” (Mt 23, 8), confirmó mons. José Rodríguez Carballo, O.F.M., Arzobispo Secretario de la misma Congregación.

Asimismo, se evoca en el texto que Jesús se expresaba contra la hipocresía de quien usaba la religión para obtener privilegios y gloria delante de los hombres. Algo que inspiró al mismo San Francisco de Asís y ahora, citado frecuentemente por el papa Francisco. Así, “hombre / hermano subraya la dignidad común y la igualdad fundamental de todos los creyentes, hijos en el Hijo del mismo padre” (Mt 5, 45).

Un amor fraterno concreto en la Iglesia y en la vida de los hermanos religiosos a través de varios servicios: educar, curar los enfermos, asistir a los presos, acoger los refugiados, hacer la catequesis, desarrollar determinados trabajos manuales, entre otras actividades, recordó el card. João Braz de Aviz.

Los llamados “hermanos” o religiosos laicos son hoy la quinta parte del total de religiosos varones en la Iglesia. Unos pertenecen a Institutos clericales; otros a Institutitos mixtos, o además de los llamados Institutos religiosos de Hermanos, cuyos miembros son, todos o en su mayor parte, religiosos laicos.

El dicasterio vaticano admite que no siempre la “vocación del religioso hermano, y, como consecuencia, de las religiosas, es bien comprendida y estimada dentro de la Iglesia”.

Por ello, el objetivo declarado del documento es apreciar “la riqueza de las diversidades vocaciones, especialmente en el seno de la vida consagrada masculina, y con el fin de aportar luz sobre la identidad del religioso hermano y sobre el valor y la necesidad de esta vocación”.

Reafirmar la vocación de los hermanos. Y en esta tarea llama también a los laicos, religiosos sacerdotes, a los sacerdotes diocesanos, a los Obispos y a todos aquellos que quieran conocer, apreciar y promover la vocación del religioso hermano de la Iglesia.

Un punto de referencia es el documento Vita consecrata de Juan Pablo II, que sirve como marco para reflexionar sobre el religioso hermano, y enmarcada en vivir la Iglesia desde el punto de vista de la comunión (Christifidelis laici 30/12/1998). Esto porque “ellos viven de un modo particular, convirtiéndolo así en signo para todos”.

Iglesia-Comunión es la clave para entender a los hombres que deciden dedicar su vida a esta ‘vocación particular’. ¿Cuál es la identidad de este hermano-religioso? El Vaticano confirma que esta especial forma de vocación se basa en la fraternidad, como don que recibe (misterio), don que comparte (comunión) y don que entrega (misión). Y finalmente el documento, intenta responder a la pregunta: ¿Cómo ser hermanos hoy?

El documento está subdividido en tres partes: 1. Los religiosos hermanos en la Iglesia-Comunión; 2. La identidad del religioso hermano; 3. Ser hermano hoy: un relato de gracia.

Perfil del religioso hermano

La distinción es que el laico es todo bautizado que no ha recibido el sacramento del orden, ya sea “religioso” o no. Pero, el religioso hermano quieren vivir su vida radicalmente.

Entre los laicos hay laicos consagrados, cristianos que con madurez, quieren vivir su vida, por vocación, al servicio de Dios y de la Iglesia. Ellos, según el canon 573 dice: “, siguiendo más de cerca a Cristo, se dedican totalmente a Dios…”.

Hay vocaciones, pero disminuyen en países ricos

“Las vocaciones crecen en Asia, África, y mientras tanto en América Latina se mantienen estables. Pero donde hay mayor bienestar existe una crisis de vocaciones. Este es el caso de EEUU, Canadá y en general Europa”, indicó, el Prefecto de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y la Sociedad de vida apostólica.

“Es verdad que disminuyen las vocaciones de los hermanos religiosos, pero su presencia es muy significativa en los ámbitos de la educación y de la sanidad […], expresó, mons. José Rodríguez Carballo, O.F.M., Arzobispo Segretario de la misma Congregación.

“Existe un envejecimiento en general en la vida consagrada”, confirmó el card. João Braz de Aviz.

La vida religiosa nace como vida religiosa laica, es decir como vida religiosa de hermanos y de hermanas. Cabe pensar a San Benito, fundador en el siglo V de los monjes benedictinos. En siglo XIII encontramos a los Frailes menores, fundados por Francisco de Asís, una fraternidad conformada por clérigos y laicos.

A partir del siglo XVI, comienzan a florecer los Institutos laicales; en el siglo XVI San Juan de Dios funda la orden Hospitalaria; San Juan Bautista de la Salle fundada en el segunda mitad del siglo XVII y los hermanos de la Escuelas Cristianas. Y finalmente, en los siglos XIX y XX nacen numerosos fundadores de institutos religiosos.

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