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Refugiados que reciben ayuda de los que ya fueron refugiados

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«Sé cuánto significa ayudar a un refugiado, yo mismo fui uno de ellos»

Es algo así como la antigua costumbre de «devolver un favor».

Durante décadas, personas provenientes de lugares de todo el mundo con conflictos horribles han podido entrar en los Estados Unidos bajo la supervisión de un programa de control por parte de las agencias gubernamentales y gracias a la ayuda de organizaciones sin ánimo de lucro para su reasentamiento.

El programa ha estado operando sin llamar mucho la atención hasta hace poco, cuando el anuncio del presidente Obama de que el país aumentaría el número de sirios admitidos en los EE.UU. se combinó con otros hechos recientes, los ataques terroristas de París y San Bernardino.

Esta conjunción ha suscitado preguntas sobre si de verdad es posible monitorizar el flujo de refugiados en busca de terroristas islámicos.

Pero hay determinados grupos que han dado un paso hacia adelante para hacer las cosas más fáciles a los recién llegados.

Algunos refugiados que llegaron a los Estados Unidos a causa de las guerras de Bosnia en la década de 1990 están ayudando a los recién llegados a encontrar un lugar donde vivir.

«Muchos de ellos son ya propietarios de un apartamento», decía Paula Mann-Agnew, directora de programas de las Organizaciones Benéficas Católicas en la Archidiócesis de Hartford, Connecticut.

«Hay dos refugiados en particular a los que llamamos de vez en cuando para decirles “a ver, están llegando dos familias más, ¿podéis ayudarnos?”. Y responden que “sin problema”. La gratitud se siente, al igual que la voluntad para trabajar con nosotros y ayudarnos».

Mann-Agnew explica que, una vez que la agencia se entera de que está llegando a Connecticut una familia de refugiados, ella y su equipo empiezan a prepararse para ayudarles en su reasentamiento, lo que incluye encontrarles un lugar para vivir.

Hay veces en que las familias que llegan bajo la protección del programa «no tienen número de la seguridad social ni tarjetas de crédito, así que no podemos comprobar su solvencia ni ver si tienen crédito, como haría cualquier propietario, pero [los arrendadores bosnios] dicen “No pasa nada, traedlos”».

Las Organizaciones Benéficas Católicas de Hartford llevan realizando tareas de reasentamiento para refugiados durante 60 años, asegura Mann-Agnew.

Últimamente, han estado ayudando a reubicar sobre todo a personas del Congo y de Somalia, pero también han venido varias familias de Siria e Irak, entre los que hay cristianos.

La mayoría están traumatizados y agotados, pero aliviados de encontrarse en un lugar seguro y con un futuro más esperanzador al que mirar.

«Cuando llegan es como si su sueño se hiciera realidad, están muy agradecidos«, explica Mann-Agnew. «Para algunos de ellos, su fe ha logrado mantenerlos perseverantes durante toda su andadura. Vemos muchos casos de este tipo entre los refugiados. La fe se convierte en una parte importante de su proceso».

Aunque se encuentran en un lugar mejor, no es una situación fácil, añade Chris George, director ejecutivo de Servicios Integrales para Refugiados e Inmigrantes de New Haven, Connecticut, un programa de la Iglesia episcopal de este estado que recientemente ha reasentado a una familia siria que había sido rechazada por el estado de Indiana, por el ambiente de precaución tras el ataque en París.

«Es un proceso muy duro, muy exigente. Los refugiados no tienen oportunidad de relajarse mucho tiempo. En cualquier momento tienen que seguir su camino a toda prisa», comenta George.

«Matriculamos a sus hijos en las escuelas, les ayudamos a aprender inglés, (…) reciben nuestra ayuda para alquileres durante tres a cinco meses, para cuando se confía en que ya habrán encontrado trabajo para cubrir sus propios gastos».

Otro antiguo refugiado que también está devolviendo el favor es Joseph Kassab, fundador y presidente del Instituto para la Defensa y Empoderamiento de los Iraquíes Cristianos, que ofrece ayuda a minorías religiosas y refugiados de Irak.

«Llevo trabajando en esto durante los últimos 37 años y sé cuánto significa ayudar a un refugiado. Yo mismo fui uno de ellos, hace unos 35 años. Fui víctima de la discriminación del régimen de Saddam».

Kassab explica que su organización puede ayudar con el control de los refugiados cristianos de Irak, que son, en sus propias palabras «unas personas muy pacíficas«.

«Podemos ir a Oriente Medio para entrevistar a nuestra gente en su propio idioma y preguntarles quién era su sacerdote, y sabemos a quién se refieren», aclara Kassab.

«Podemos preguntarles dónde se casaron, y sabemos dónde se encuentra esa iglesia. Sabemos todas estas cosas porque venimos del mismo sitio. Incluso les pido que me reciten oraciones… O les pregunto por cuándo y cómo murió Jesús, qué día exacto fue, cosas así. O incluso preguntas más difíciles, como cuántos discípulos escribieron La Biblia. Un musulmán o un kurdo nunca sabrían responder a este tipo de preguntas».

Si la Administración Obama va a ofrecer este tipo de ayuda es una cuestión diferente, visto que el presidente ha afirmado que no se producirán controles religiosos para los refugiados.

No obstante, la organización de Kassab ofrece «acceso a beneficios y programas públicos, a programas de socorro para explotados y víctimas de la tortura, además de soluciones para el reencuentro de las familias», entre otros servicios para refugiados.

Otro norteamericano de origen iraquí que ayuda a cristianos que huyen de la organización terrorista Estado Islámico y de otras amenazas en Oriente Medio es Martin Manna, presidente de la Cámara de Comercio Americana Caldea y de su rama sin ánimo de lucro, la Fundación Comunidad Caldea.

Ofrecen varios programas para los refugiados desplazados en Detroit. También abogan por la defensa de los cristianos que aún se encuentran en su país de origen.

«Se trata de una crisis humanitaria que supera cualquier entendimiento; requiere urgentemente una solución a largo plazo para Oriente Medio y nosotros hemos estado abogando por la creación de una zona de exclusión aérea o una zona segura para las comunidades desplazadas«, declara Manna.

«Además, pedimos a los Miembros del Congreso y de la Administración que consideren seriamente ofrecer un salvoconducto a las minorías étnicas y religiosas de Oriente Medio hacia EE.UU., para que puedan reunirse con algunas de sus familias aquí».

«Esto ya se hizo antes, con la comunidad chií iraquí después de la primera Guerra del Golfo -explica-, pero por alguna razón no se ha planteado para el caso de los cristianos».

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