Recibe Aleteia gratis directamente por email

¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

África, el continente desconocido

PATH/Gabe-Bienczycki-CC
Comparte

Papa Francisco “primeriza” el continente africano en el Año Santo de la Misericordia

Mi buen amigo y admirado periodista Javier Fariñas cuenta una anécdota en su libro recién publicado “Periodismo de mandarina” que es muy pertinente comentar en este momento crucial de la Vida de la Iglesia que es el crecimiento de la joven Iglesia que peregrina en el continente africano, momento en el que se inscribe un acontecimiento actual de gran importancia, el viaje del Papa Francisco a varios países del continente africano, donde primeriza, usando su lenguaje, con respecto al resto de continentes, el Año Santo de la Misericordia.

Cuenta en su libro el redactor jefe de Mundo Negro (la más prestigiosa revista sobre actualidad africana), que en una conferencia sobre uno de los más de 50 países africanos, alguien preguntó al conferenciante cuál era el problema de África. Dice mi amigo Javier que de haber sido él el conferenciante, le habría respondido algo así como: si quiere empezamos con la “A” de Angola, y en pocos días de paciente escucha por su parte habremos llegado a la “Z” de Zimbabue. Poco tiempo después mi amigo Javier tuvo la oportunidad de responder a una pregunta similar cuando, en una conferencia dada por él también sobre el Continente Africano, alguien le espetó la misma pregunta pero con una carga adicional: ¿Cuál es el problema de África? La corrupción, ¿verdad?, a lo que mi amigo se contuvo en la respuesta mientras buscaba en internet cualquier diario digital español para enseñarle en la pantalla su portada, repleta de noticias sobre corrupción política en España. Perdón -le devolvió la pregunta con otra pregunta-: ¿Me pregunta sobre algún país concreto de África, o me pregunta sobre España?

África es mucho África. Infinidad de pueblos, de culturas, de lenguas, de situaciones económicas, de regímenes políticos, de razas y de etnias. En África hay guerras tribales, hambrunas, esclavitudes y miserias. También hay comunidades que crecen en todos los ámbitos sociales, solidaridad, desarrollo, un envidiable diálogo interreligioso y sobre todo vida, mucha vida. Infinidad por tanto de problemas e infinidad por tanto de soluciones. Pero si África tuviese un problema, un gran problema, sería un problema externo a África, sería un problema propiciado por nosotros, el desconocimiento y el desinterés por parte del resto de los continentes, sobre todo de Europa.

Otro gran periodista, el corresponsal de La Vanguardia en varios países africanos, lo explica de un modo incontestable: “Cuando hablamos de África hablamos de los africanos. Cuando decimos que África interesa o deja de interesar estamos hablando de personas que nos interesan o nos dejan de interesar. Cuando callamos ante el clamor de los empobrecidos, dejamos de escuchar las razones que tienen para saltar la valla, para embarcarse en una patera, para encajonarse en los bajos de un autobús, para intentar vivir en tierra hostil aunque tengan que morir en el intento. Dejamos de intentar entenderlos. Sus razones nos sobran y sus problemas también”.

A la postre, el viaje del Papa Francisco a África, como los viajes del Beato Pablo VI, de San Juan Pablo II, y de Benedicto XVI, pasan sin pena ni gloria para los europeos, incluidos los católicos europeos, para los que, en gran medida, las razones de los africanos nos resbalan, y sus problemas también. Y caemos en la trampa que nos tiende el pensamiento único liberal: cree que África sólo tiene un problema, el de la corrupción de sus gobernantes, y así liberas tu conciencia para no pensar que en el Sur también sus habitantes son hermanos nuestros, unidos a nosotros, y nosotros a ellos, sin vallas ni fronteras capaces de separarnos, en la única suerte común de la humanidad.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.