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Conoce a 35 jesuitas que están en la Luna por sus propios méritos

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Contribuyeron mucho a la ciencia y, como homenaje, bautizaron con sus nombres a 35 cráteres lunares

El 27 de septiembre de 1540, el papa Pablo III aprobó la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola. Como si ya no bastase la increíble obra de catequización empleada por los clérigos jesuitas, como nuestro apóstol San José de Anchieta y muchos otros, también nos dieron una amplia contribución científica en las más diversas áreas.

Jonathan Wright, historiador, en su libro The Jesuits Missions, Myths and Histories (Londres, 2004) escribe que en el siglo XVIII los jesuitas:

“Contribuyeron al desarrollo de los relojes de péndulo, de los pantógrafos, de los barómetros, de los telescopios reflectores y de los microscopios, y trabajaron en campos científicos tan variados como el magnetismo, la óptica y la electricidad. Observaron, en muchos casos antes que cualquier otro científico, las franjas coloreadas en la superficie de Júpiter, la nebulosa de Andrómeda y los anillos de Saturno. Teorizaron acerca de la circulación de la sangre (independientemente de Harvey), sobre la posibilidad teórica de volar, sobre la manera como la luna influye en los mares y sobre la naturaleza ondulatoria de la luz. Mapas estelares del hemisferio sur, lógica simbólica, medidas de control de inundaciones en los ríos Po y Adigio, introducción de los signos más y menos en la matemática italiana – todo eso fueron logros jesuíticos, y científicos influyentes como Fermat, Huygens, Leibnitz y Newton no eran los únicos que tenían jesuitas entre sus corresponsales más apreciados”.

Cuando Charles Bossut, uno de los primeros historiadores de la matemática, compiló una lista de los matemáticos eminentes entre el 900 a.C. y el 1800 d.C., 16 de 303 personas de la lista eran jesuitas. Parece poco (5%), pero la verdad es que es extraordinario! ¡Hay que tener en cuenta que los jesuitas aparecieron en los dos siglos y medio últimos de los 27 siglos analizados! A través de ellos, la ciencia occidental fue introducida en China e India. En el primer país, por ejemplo, según cuenta Agustín Udías (Searching the Heavens ant the Earth: The History of Jesuit Observatories, Dordrecht, Holanda, 2009):

“Llegaron en una época en que la ciencia en general, y la matemática y la astronomía en particular, tenían allí un nivel muy bajo, si se comparan con el nacimiento de la ciencia moderna en Europa. Hicieron esfuerzos enormes para traducir las obras occidentales de matemática y de astronomía en chino y despertaron el interés de los estudiosos chinos por esas ciencias. Hicieron amplias observaciones astronómicas y llevaron a cabo el primer trabajo cartográfico moderno en China. También aprendieron a apreciar las conquistas científicas de esa antiquísima cultura y las difundieron en Europa. Y fue gracias a sus cartas como los científicos europeos tuvieron noticia, por primera vez, de la ciencia y cultura chinas.

Algunos anticlericales o anticristianos dirán que eso fue hace mucho tiempo, y que en los siglos recientes no existe una contribución grandiosa por parte de los jesuitas. ¡Error! A partir del siglo XIX, montaron observatorios destinados a estudios de astronomía, geomagnetismo, meteorología, sismografía y física solar, y eso introdujo la medida exacta del tiempo, permitiendo hacer previsiones climáticas (de suma importancia en el caso de tifones y huracanes) y valorar el riesgo de terremotos, proporcionando también los primeros datos cartográficos. En América Latina, trabajaron principalmente con meteorología y sismología (la “ciencia de los jesuitas”). ¡El desarrollo científico proporcionado va desde Ecuador hasta el Líbano y Filipinas!

Un dato muy interesante para comprender la ciencia desarrollada por los jesuitas es este:

¿Sabías que 35 cráteres de la Luna tienen nombres de jesuitas famosos, del siglo XVI al XX?

Bettinus (71,4 km de diámetro): En homenaje al jesuita Mario Bettini (1582 – 1657), astrónomo y matemático italiano y uno de los más feroces críticos del método de los indivisibles de Cavalieri.

Billy (45,7 km de diámetro): En homenaje al jesuita Jacques Billy (1602 – 1679), matemático francés, profesor en diversos colegios jesuitas y rector de los colegios de Langres, Sens y Châlons.

Blancanus (105,3 km de diámetro): En homenaje al jesuita Giuseppe Biancani (1556 – 1624), matemático italiano que enseñó durante 20 anos en Parma y otras ciudades de Italia.

Boscovich (46 km de diámetro): En homenaje al jesuita Rudjer Boscovich (1711 – 1787), astrónomo italiano que enseñó matemáticas en el Colegio Romano y en la Universidad de Pavía, además de confiársele misiones científicas por parte de los papas, de los magistrados de Luca y del emperador de Austria. Nombrado por Luis XV director de óptica de la Marina en París, es autor de la teoría del atomismo dinámico sobre la constitución de los cuerpos. Fue uno de los primeros europeos en adoptar la teoría de la gravitación de Newton y en deducir sus conclusiones. En 1760 fue admitido en la Royal Society de Londres.

Cabeus (98,4 km de diámetro): En homenaje al jesuita Nicolau Cabei (1586 – 1650), físico italiano que enseñó matemáticas y filosofía en muchas ciudades italianas; profundo conocedor de la hidrostática y la hidrodinámica, prestó su contribución al duque de Módena y a la ciudad de Ferrara. Se dedicó principalmente al estudio del magnetismo.

Clavius (225 km de diámetro): En homenaje al jesuita Cristóbal Clávio (1537 – 1612), matemático alemán que enseñó durante doce años en el Colegio Romano, escribiendo una traducción latina de los Elementos de Euclides, Astrolabio (pionero en la construcción plana del triángulo esférico), Geometría Práctica. Colaboró en la reforma del calendario gregoriano.

Cysatus (48,8 km de diámetro): En homenaje al jesuita Jean-Baptiste Cysat (1588 – 1657), matemático y físico suizo que enseñó matemáticas en Ingolstadt, rector de los colegios de Lucerna, Innsbruck y Aich Staedt, fue uno de los pioneros en afirmar las órbitas regulares, rectilíneas y no circulares de los cometas, observando en 1631 el paso de Mercurio por el Sol (sólo observada por otros tres o cuatro astrónomos).

De Vico (20,3 km de diámetro): En homenaje al jesuita François de Vico (1805 – 1848), astrónomo italiano, trabajando en el Observatorio del Colegio Romano, en el de Georgetown (EUA) y descubrió nuevo cometas, haciendo importantes observaciones sobre Venus, los satélites de Saturno y las nebulosas.

Fenyi (39 km de diámetro): En homenaje al jesuita Gyula Fenyi (1845 – 1927), astrónomo húngaro e instructor de química, matemática, física e historia natural en Kalocsa, sirviendo en su Observatorio. Era conocido por sus estudios con relación al Sol, siendo el primero en demostrar la relación entre el número de prominencias solares y las manchas solares. Fue miembro de la Academia Húngara de las Ciencias.

Furnerius (125,2 km de diámetro): En homenaje al jesuita Georges Fournier (1595 – 1652), geógrafo y matemático francés, que conocía también técnicas navales y promovió una base científica al diseño de los navíos. Enseñó a René Descartes.

Grimaldi (410 km de diámetro): En homenaje al jesuita Francesco Grimaldi (1618 – 1663), físico italiano que después de enseñar letras clásicas se dedicó a las ciencias exactas, colaborando con el p. Riccioli en el estudio de los cráteres lunares, presintiendo también el movimiento ondulatorio de la luz, mencionando en su obra Physico-mathesis de lumine, coloribus et iride, aliisque annexis, libri II (1665) su descubrimiento: a difracción de la luz.

Griemberger (93,6 km de diámetro): En homenaje al jesuita Cristóbal Griemberger (1561 – 1636), matemático austríaco que enseñó durante 28 años en Austria y en Roma, sucediendo a Clávio en el Colegio Romano.

Hagen (55,5 km de diámetro): En homenaje al jesuita Johann Hagen (1847 – 1930), físico y matemático austríaco, siendo director del Observatorio del Colegio de Georgetown, dedicándose al estudio de las estrellas variables. Nombrado por San Pío X en 1906 director del Observatorio Vaticano, con el fin de levantar la Carta Celeste entre 55º y 64º iniciada en el pontificado de León XIII. Fue miembro de la Sociedad Astronómica Italiana y socio honorario de la Academia Pontificia de las Ciencias, de la Royal Society, entre otras. Recibió la medalla de oro da Academia Pontificia en 1926.

Hell (33,3 km de diámetro): En homenaje al jesuita Maximiliano Hell (1720 – 1792), astrónomo húngaro que enseñó matemáticas en Transilvania y durante 36 años trabajó en el Observatorio de Viena. Observó en Laponia el paso de Venus por el Sol, resultando el conocimiento de las verdaderas distancias de los planetas.

Kircher (72,5 km de diámetro): En homenaje al jesuita Athanasius Kircher (1602 – 1680), alemán, profundo conocedor de la física y de las matemáticas, enseñó en Würzburg y en el Colegio Romano (durante ocho años). Descendió al interior del Vesuvio, inventó la linterna mágica y ayudó a la Egiptología (ciencia de la que es considerado padre) de forma decisiva, descubriendo, antes de que la Piedra de Roseta lo confirmara, que los jeroglíficos tenían valor fonético.

Kugler (65,8 km de diámetro): En homenaje al jesuita Franz Kugler (1862 – 1929), químico, matemático y asiriologista alemán, profesor de matemáticas en Valkenburg (Holanda). Conocido por sus estudios en relación a las tablas cuneiformes y la astronomía babilónica.

Malapert (69 km de diámetro): En homenaje al jesuita Charles Malapert (1581 – 1630), matemático belga rector del colegio de Arras y profesor de matemáticas en Polonia y en Douai. Llamado por el rey Felipe IV de España para enseñar en Madrid, falleció durante el viaje.

Mayer (38 km de diámetro): En homenaje al jesuita Christian Mayer (1719 – 1783), matemático alemán que enseñó en Heidelberg, se trasladó a San Petersburgo a petición de Catalina II para observar el paso de Venus, construyendo un observatorio astronómico en Schwezingen y Manheim. Fue miembro de las academias científicas de Manheim, Munich, Londres, Bolonia y Gottingen.

McNally (47,5 km de diámetro): En homenaje al jesuita Paul McNally (1890 – 1955), astrónomo americano director del Observatorio de Georgetown, participó en expediciones de eclipse solar patrocinadas por la National Geographic. Fue también rector de la Escuela de Medicina de la Universidad de Georgetown.

Moretus (114,4 km de diámetro): En homenaje al jesuita Theodore Moret (1602 – 1667), matemático belga que trabajó durante mucho tiempo en Praga, donde fue autor de las primeras disertaciones matemáticas defendidas y mantuvo correspondencia con grandes científicos de su tempo, entre ellos otros jesuitas.

Petavius (176,6 km de diámetro): En homenaje al jesuita Denis Petau (1583 – 1652), teólogo francés que defendió con éxito dos tesis en la Universidad de París, no sólo en latín, sino en griego, enseñando posteriormente retórica en Reims, La Flèche y en Clermont. Fue llamado para enseñar historia eclesiástica en Madrid por Felipe IV y para ser cardenal por Urbano VIII.

Riccioli (145,5 km de diámetro): En homenaje al jesuita Giambattista Riccioli (1598 – 1671), astrónomo italiano conocido como el más famoso del siglo XVII por Montferrier. Enseñó letras clásicas, filosofía y teología, y que acabó totalmente dedicado a la astronomía como científico eminente. Describió un sistema intermedio entre el de Ptolomeo y el de Copérnico.

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Mapa lunar de Riccioli

 

Riccius (70,6 km de diámetro): En homenaje al jesuita Mateus Ricci (1552 – 1610), matemático y geógrafo italiano, estudiando matemáticas con Clávio y partiendo a una misión en China, donde desarrolló mucho la ciencia, diseñando doce mapamundis y construyendo globos terrestres, relojes y péndulos, siendo una referencia constante en la Corte.

Rodes: En homenaje al jesuita Luís Rodés (1881 – 1939), astrónomo español que enseñó física en Barcelona, dirigió el Observatorio del Ebro, participó de Congresos Astronómicos de 1922 a 1938 en Roma, Madrid, Cambridge, Praga, Estocolmo, Lisboa, París, etc. Miembro de las Sociedades Astronómicas de España, Francia, Alemania y Estados Unidos, perteneció a la Comisión Internacional de la atmósfera solar, del Instituto de Coimbra y de la Comisión Española de astronomía, geodésica y geofísica. Fue miembro de la Real Academia de las Ciencias y Artes de Barcelona y de la Academia de Ciencias de Portugal.

Romana (33,6 km de diámetro): En homenaje al jesuita Antonio Romaña (1900 – 1981), matemático español doctorado en la Universidad de Madrid. Trabajó en el Observatorio de Viena, fue encargado en 1934 de la sección de magnetismo y electricidad terrestre y atmosférica del Observatorio del Ebro, sucediendo a Rodés en la dirección. Participó de Congresos Científicos de Colombia en Alemania, siendo secretario de la Unión Nacional de Astronomía, jefe de la sección de astronomía del Instituto Nacional de Geofísica y presidente de la sección astronómica-geodésica-geofísica de la Asociación Española para el Progreso de la Ciencia. Presidió la Comisión Española para la reforma del calendario y participó en las comisiones de la Unión Internacional de Geodésica y Geofísica para el estudio de la fuerza magnética horizontal, ionosfera ecuatorial e influencia lunar en los fenómenos meteorológicos, magnéticos y eléctricos.

Scheiner (110,4 km de diámetro): En homenaje al jesuita Cristóbal Scheiner (1575 – 1650), astrónomo suizo que enseñó matemáticas en Ingolstadt, Freiburg y Roma. Fue rector del Colegio de Neiss y profesor de matemáticas del duque Maximiliano. Enseñó un sistema intermediario entre Copérnico y Galileo. Afirmó que los días y noches eran producidos por el movimiento de la Terra y las estaciones por el movimiento del Sol. Estudió las manchas solares y perfecccionó el pantógrafo.

Schoenberger (85 km de diámetro): En homenaje al jesuita George Schoenberger (1596 – 1645), matemático austríaco que enseñó durante nueve años en Freiburg, siendo rector en Praga y Olmutz.

Secchi (22,7 km de diámetro): En homenaje al jesuita Angelo Secchi (1818 – 1878), célebre astrónomo italiano, director del Observatorio del Colegio Romano, ampliando sus instalaciones y perfeccionando con aparatos sofisticados. Estudió las estrellas dobles de los catálogos de Herschel y Struve y las nebulosas de Libra, Andrómeda e Hidra. Diseñó la nebulosa de Orión. Investigó la composición física del Sol y analizó químicamente sus protuberancias. Estudió la espectroscopia de las estrellas y cometas, publicando numerosos artículos incluso en l Academia de Ciencias de París. Fue miembro de la comisión Geodésica Internacional, de la Royal Society y de las Academias de San Petersburgo, Berlín, Bruselas, Madrid y Filadelfia. Fue oficial de la Legión de Honor, nombrado profesor de astrofísica de la Universidad de Roma y miembro del Consejo Director de la meteorología italiana, del que fue también presidente.

Simpelius (70,4 km de diámetro): En homenaje al jesuita Hughues Semple (1596 – 1654), matemático escocés, profesor de matemáticas en España y rector del Colegio Escocés de Madrid.

Sirsalis (42 km de diámetro): En homenaje al jesuita Gerolamo Sersale (1584 – 1654), astrónomo y selenógrafo italiano, diseñó un mapa relativamente preciso de la Luna en 1650.

Stein (33,7 km de diámetro): En homenaje al jesuita Johan Stein (1871 – 1951), astrónomo holandés, fue profesor y posteriormente asistente en el Observatorio del Vaticano. Enseñó matemáticas en Ámsterdam durante 20 años. Fue director del Observatorio en 1930, modernizándolo. Recibió la Orden del León de Holanda por la reina Juliana.

Tacquet (6,6 km de diámetro): En homenaje al jesuita André Tacquet (1612 – 1660), matemático belga que enseñó en Lovaina y Antwerp.

Tannerus (28,6 km de diámetro): En homenaje al jesuita Adam Tanner (1572 – 1632), matemático y filósofo austríaco, teólogo en Ingolstadt.

Zucchius (64,2 km de diámetro): En homenaje al jesuita Nicolau Zucchi (1585 – 1670), astrónomo y matemático italiano que enseñó mucho tiempo en el Colegio Romano, siendo embajador de Fernando II. Descubrió en 1630 las manchas de Júpiter por medio de su telescopio.

Zupus (38 km de diámetro): En homenaje al jesuita Giovanni Battista Zupi (1590 – 1650), astrónomo y matemático italiano, pionero que descubrió que Mercurio posee fases orbitales, demostrando que el planeta orbita el Sol.

Este artículo fue publicado originalmente por el blog Castelo Histórico

 

 

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