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“Fear the walking dead”: los vivos se mueren por los zombis

AMC
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Se convirtió en la sensación casi desde el primer momento en que llegó a emitirse. La serie “The walking dead” (literalmente “Los muertos andantes”) llevaba por primera vez a la pequeña pantalla un género que lleva décadas triunfando en las salas de proyección. Desde que Jacques Tourneur dirigiese nada menos que en 1943 “Yo anduve con un zombie” hasta que George A. Romero consagró el género en 1968 con “La noche de los muertos vivientes” hubo 25 años de seres privados de vida a los que su nueva situación no les impedía primero desplazarse y segundo acabar con la vida de su ya-no-tan-semejantes.

Algo había en la masa de cadáveres en diversos estados de putrefacción y de ansia asesina que fascinaba (y sigue fascinando) y no faltaron las interpretaciones más diversas, como en los años 50 las invasiones alienígenas de la serie B se veían en clave de trasunto de la amenaza soviética. Ahora los zombies seguían siendo una forma de hablar de lo que quizá la incorrección política no nos dejaba hacerlo de forma más clara.

Aún tuvieron que pasar otros 35 años para que Danny Boyle revolucionase definitivamente (hasta la próxima evolución, claro) con “28 días después”. Y aunque las criaturas que amenazaban a los protagonistas supuestamente ya no eran muertos que regresaban (más o menos) a la vida sino que se hablaba de “infectados” (¿eufemismo sobre eufemismo?) se establecía ya la base del nuevo género que, como decíamos, lleva ya más de 5 años en televisión. Básicamente la amenaza se desembarazaba de sus lentos movimientos para adoptar carreras frenéticas.

La serie de cómics en que se basa la serie de televisión comenzó su publicación en 2003 y afortunadamente quedan por delante bastantes números para alcanzar las entregas mensuales de las viñetas y no parece que corran los aficionados el mismo “riesgo” que los fans de “Juego de Tronos” de quedarse sin material que adaptar. En todo caso (y sin que ello sirva de demérito, casi al contrario) cuando en la serie televisiva han comenzado a apartarse de la literalidad del cómic ello ha redundado tanto en “edulcorar” (en fin, dentro de lo posible) algunas subtramas, personajes o acontecimientos extremadamente duros para una emisión al alcance de todos los públicos como en enriquecer un universo que, trasladado a un medio narrativo diferente como es la televisión, ha terminado por cobrar vida propia y necesitar su propia libertad.

Pero por si acaso se han adelantado con la adición de una dosis extra de muertos vivientes: un spin-off.

En televisión el spin-off supone derivar un personaje de una serie a otra propia. El caso más popular es el de extraer un personaje de “Cheers” y crear la exitosa “Frasier” o sacar de “Siete vidas” a “Aída”. En este caso el spin-off adopta la forma de trama desgajada del mismo universo donde se desarrollan los acontecimientos de “The walking dead” pero trasladando la acción a otro emplazamiento y sobre todo a un momento anterior.

Dosis doble para los amantes del género y especialmente de la excelente adaptación televisiva del cómic. “Fear the walking dead” (literalmente “Teme a los muertos andantes”) nos lleva a Los Ángeles (“The waking dead” esta ambientada principalmente en el estado de Georgia) y nos cuenta la reacción de diversos personajes (la mayoría pertenecientes a una familia disgregada y con conflictos previos) a los comienzos de la propagación de una epidemia que como veremos enseguida (la primera temporada ha constado únicamente de 6 episodios) supone el primer escalón de descenso hacia el desmoronamiento de la civilización y la vida que ya sabemos que tendrá lugar por el entorno que se nos muestra en “The walking dead”.

Las novedades de “Fear the walking dead” son, por tanto, asistir, con el permanente telón de fondo de la amenaza de los infectados (nunca se habla de zombis) y muertos vivientes, a la magnificación de los conflictos que ya mantenían entre sí algunos de los protagonistas y que se verán matizados, agrandados (en algún caso olvidados) por la necesidad de la supervivencia. Como siempre en la ficción y en la vida real es triste tener que llegar a extremos que ponen la vida en peligro para aprender lo bien que nos iría si procurásemos ayudarnos un poco más, llevarnos un poco mejor.

Además de lo que ya conocemos por la serie de la que procede (métodos de supervivencia, aprendizaje de la desconfianza/confianza en los extraños, sacrificios inevitables…) en esta ocasión (y eso, por desgracia augura una corta vida al menos a ese arco argumental) asistiremos al proceso de adaptación a una situación tan dramática y aparentemente irreversible como es el llamado “apocalipsis zombi” (no lo llaman así en la serie, claro).

El desmoronamiento de la sociedad, de sus valores y principios, la desintegración de los lazos personales y familiares, el descarnamiento en el comportamiento… si hoy en día haría falta una iluminación más potente que la del candil con el que a pleno día Diógenes buscaba un hombre (un hombre bueno, añadiremos) en medio de la oscuridad y las tinieblas apocalípticas de “Fear the walking dead” la labor casi milagrosa será la de encontrar ese resquicio de bondad que parece haber hecho caso al título y, temeroso de los muertos que caminan, se ha escondido en el rincón más apartado del alma humana.

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