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¿Qué lleva a una persona a entrar en una secta?

Andrea González-cc
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Hay muchas “señales de alerta roja” que indican que algo está pasando

Son muchísimas las razones por las que una persona puede ingresar a una secta o NMR. Algunos investigadores sostienen que la idea de una adhesión libre tiene una validez relativa a raiz del proselitismo engañoso, a pesar de existir como veremos más adelante, ciertos factores de especial predisposición que facilitan la consecuente captación.

De todas maneras, podemos hablar de ciertas líneas orientadoras, para establecer la interrelación de los diversos elementos visibles, por las que una persona ingresa a uno de estos movimientos.

Angustia Individual

En la actualidad podemos observar que las comunicaciones están quebradas y no sólo a nivel social, sino a nivel familiar, lo cual es más grave. Las consultas orientativas llevadas a cabo con cientos de familias que tenían a un integrante de la misma dentro de una secta, nos han mostrado que en la práctica, ninguna de ellas tenía un diálogo profundo, íntimo y enriquecedor.

Una de las vetas más ricas del ser humano es la posibilidad de transmitir a otro, nuestra existencia más íntima, nuestra interioridad. Cuando esto no se posibilita ni aún dentro de la familia, es como que nuestra personalidad adolece, y en un aspecto muy importante.

Muchas veces estos movimientos, especialmente en los contactos iniciales con los que comienza la captación, se aprovechan de la angustia provocada por esa falta de comunicación. En más de una oportunidad, cuando preguntemos a un integrante de estos grupos si nació en dicho culto, nos responderá que no, que pertenecía a otro y luego cambió. Y al requerirle la razón de tal cambio, nos responderán con frases como  “…yo pertenecía a la Iglesia Católica, pero cuando iba a misa así como entraba, salía. No conocía a nadie, ni nadie me conocía  a mí. Era una anónima. Un día una amiga me invitó a un ‘templo’ y, apenas entré, me rodearon cinco o seis personas y me preguntaron cómo me llamaba, qué hacía, si tenía algún problema… Sentí que se interesaban por mí. Me sentía persona”.

No solo este hipotético hombre o mujer, sale del anonimato y se siente persona, sino que hasta puede ser un ejemplo para todo un marco social de referencia. Y esto lo podemos observar en las plazas, cuando los pentecostales presentan un testimonio, cualquiera sea el carácter de éste, es seguido de un aplauso, de un reconocimiento, de un salir del anonimato. Todo esto provoca un efecto psicológico muy fuerte y muchas veces, es el primer paso para una vinculación sectaria.

Este factor es incluso resaltado en las conclusiones de la IVº Conferencia General del Episcopado Latinoamericano reunida en la ciudad de Santo Domingo, hablando de “la pérdida de identidad” (cf. SD 149).

A la angustia provocada por la falta de comunicación e identidad, hay que sumarle la naturalmente provocada por situaciones límite, tales como la enfermedad, el dolor y la muerte. Por ello, movimientos que en la captación tratan de canalizar el alto montante de angustia, privilegian su acción proselitista en lo que podríamos llamar centros de dolor, es decir cárceles, hospitales y barrios marginales.

Angustia Social

La angustia individual se encuentra relacionada con una angustia de tipo social, a la que también hace referencia el documento mencionado precedentemente.

Es decir, la angustia de una sociedad que aparentemente lo tiene todo, pero en realidad no tiene nada, ni siquiera un sentido para la vida. Una sociedad que ha puesto por años sus esperanzas en los avances de la ciencia y la técnica como mesías salvadores …, hasta que esa misma ciencia pasó a convertirse, con el avance nuclear, en una bestia apocalíptica

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