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¿Es moralmente aceptable suicidarse para salvar a alguien la vida?

© Jiri Folta
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El debate se comprende mejor teniendo en cuenta qué es suicidio y qué no

¿Hasta que punto podría ser moralmente aceptable el suicidio en  el caso que implica dar la vida por el otro? (Pregunta desde FB).

Hay conductas que se parecen entre sí a primera vista, pero que en realidad son radicalmente distintas. Lo que aquí se pregunta es una de ellas. Existen casos de dar la vida por otra persona. Pero no son suicidios. Y si en algún caso lo son, entonces se trata de una conducta equivocada.
 
Suicidio es quitarse la vida a uno mismo… con el propósito de quitarse la vida. No es propiamente suicidio el de quien, en un intento desesperado de salvar la vida, se arroja por la ventana desde una casa ardiendo cuando las llamas le han atrapado y no tiene otra salida, aunque muera en el intento. Tampoco lo es dejar que a uno le maten por salvar a otra persona. Hace unos años San Juan Pablo II canonizó a Maximiliano Kolbe, que, prisionero en Auschwitz, se ofreció a sustituir a otro preso que iba a ser ejecutado en represalia por una fuga. Le costó la vida (le dejaron morir de hambre). Se le considera, no un “mártir de la fe” como ha solido ser habitual –no murió por defender su fe-, sino un “mártir de la caridad”. Y con razón, pues ha encarnado la afirmación de Cristo que dice que nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos (Juan 15, 13). Pero no fue un suicidio: no fue él quien se quitó la vida.
 
No es difícil advertir que estas palabras del Señor las dijo pensando en Él mismo en primer lugar. Y es que, en esta cuestión, el ejemplo con mayúsculas es el mismo Jesucristo, que dio su vida por nosotros. Y la dio queriendo darla. Sus palabras dejan pocas dudas al respecto: Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy libremente. Tengo potestad para darla y tengo potestad para recuperarla (Juan 10, 17-18). Pero darla consistió en dejar que otros se la quitaran, no en quitársela él mismo. Por eso no fue un suicidio.
 
El suicidio propiamente dicho no tiene justificación moral. Es posible, y sucede con frecuencia, que el suicida padezca un serio trastorno mental que no le haga responsable de sus actos, pero eso no convierte en bueno algo que en sí es siempre malo. A veces se dan casos de personas que se quitan la vida pensando en los demás. Sé de algún caso en el que, ante el diagnóstico de una enfermedad incurable que iba a resultar muy gravosa para su familia, alguien se ha quitado la vida. A veces también se discute el caso del agente secreto al que se pide que se suicide antes de ser capturado, para no revelar la información que posee. Pero ninguno de estos casos, u otros semejantes, tiene justificación moral. El Catecismo de la Iglesia Católica es bastante claro en afirmarlo, y explica el motivo: El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo (n. 2281). 

 

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