¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

Conoce al hombre al que Maximiliano Kolbe salvó la vida

Ian Baxter / mediadrumworld.com/EAST NEWS
Comparte

Dedicó el resto de su vida a dar a conocer la memoria del que él llamó "patrono de los que están en dificultad"

Hoy es la fiesta de este gran santo. La historia de su martirio es bien conocida, pero pocos conocen la historia del hombre al que él salvó con su sacrificio.

Franciszek Gajowniczek, católico, nació en la aldea polaca de  Strachomin, y vivía en Varsovia desde 1921. Tenía mujer y dos hijos, y era soldado profesional. Había participado en la defensa de su país cuando la invasión nazi de septiembre de 1939.

Había sido capturado por la Gestapo en Zakopane, e internado en Auschwitz el 8 de septiembre de 1940, con el número 5659. Fue uno de los elegidos al azar para ser ajusticiado tras la fuga de un prisionero. Su grito de agonía pensando en su familia fue escuchado por el prisionero Maximiliano Kolbe, con el resultado que ya conocemos.

Public Domain

Gajowniczek fue trasladado desde Auschwitz al campo de concentración de Sachsenhausen el 25 de octubre de 1944. Fue liberado por los aliados después de cinco años, cinco meses y nueve días encerrado en los campos. Se reunió con su mujer, Helena, medio año después en Rawa Mazowiecka. Aunque ella sobrevivió a la guerra, sus hijos murieron durante un bombardeo soviético sobre Polonia en 1945, antes de que su padre fuese liberado.

Gajowniczek fue invitado por el papa Pablo VI al Vaticano, con motivo de la beatificación de Kolbe, el de octubre de 1971. En 1972 se organizó una gran peregrinación a Auschwitz para dar gracias, y él fue uno de los peregrinos. Declaraba entonces: “Quiero dar las gracias por el don de la vida”. También fue invitado por Juan Pablo II para la canonización, el 10 de octubre de 1982.

Gajowniczek dedicó su vida a promover la memoria de san Maximiliano Kolbe por todo el mundo. En 1994, en una visita a Filadelfia, declaraba: “mientras tenga aire en los pulmones, consideraré mi deber hablar a la gente del extraordinario acto de amor de Maximiliano Kolbe”. En 1990, en un viaje a Filadelfia, contaba cómo vivió ese momento:

El 30 de julio de 1941, en el campo de concentración de Auschwitz, un oficial alemán ordenó a los hombres de ciertas barracas que formaran en fila, pues un prisionero había escapado.

“Querían dar un escarmiento a todos”, dijo Gajowniczek “para que tuvieran miedo de huir.”

Los hombres serían escogidos para morir.

“El oficial se paró frente a mí, me señaló y supe que había sido escogido para morir.”

” ‘He perdido a mi mujer'”, dije al oficial ”, y ahora se quedarán huérfanos mis hijos ‘ “.

Pero entonces el sacerdote prisionero salió del grupo de los otros presos. Y dijo.

” ‘Quiero tomar el lugar de este hombre. Tiene una esposa y una familia. No tengo a nadie. Soy un sacerdote católico. ‘ ”

El superviviente miraba al cura, las reglas del campo de concentración les prohibían decir una palabra.

“Tenía una mirada de satisfacción en su rostro, y parecía muy contento de hacer esto.”

Los 10 fueron llevados, desnudados, encerrados, y se les dejó morir de hambre.

El 14 de agosto de 1941, a los cuatro que todavía no habían muerto, incluyendo el cura, se les inyectó veneno.

“Este sacerdote es el patrón de todos los necesitados. . . El patrón de aquellos que necesitan ayuda “.

Gajowniczek murió en Brzeg el 13 de marzo de 1995 a los 93 años.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.
Para que nuestra luz siga brillando en la oscuridad

Desde nuestros inicios en 2012, los lectores de Aleteia han crecido rápidamente en todo el mundo. Nuestro equipo está comprometido con la misión de proporcionar artículos que enriquezcan, inspiren y nutran la vida católica. Por eso queremos que nuestros artículos sean de libre acceso para todos, pero necesitamos su ayuda para hacerlo. El periodismo de calidad tiene un costo (más de lo que la venta de publicidad en Aleteia puede cubrir). Por eso, los lectores como USTED son fundamentales, aunque donen incluso tan poco como 3$ al mes.