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¿Un humano mejorado?

AFP PHOTO/KIM JAE-HWAN
REPUBLIC OF KOREA, SEOUL : South Korean mothers practice massage to their babies during a training program at a public health center in Seoul, 11 May 2005. The event was part of efforts by the government to introduce various welfare programs for residents. AFP PHOTO/KIM JAE-HWAN
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Habría que diferenciar entre tratamiento, mejora y cambio del humano

El deseo de perfeccionamiento y de mejora está presente en cada ser humano y ha suscitado en la humanidad de todo tiempo una búsqueda que ha dado frutos innegables, como el acceso a la educación, a la salud y la prolongación de la esperanza de vida, en muchos países.
 
Hoy, con el rápido desarrollo de las tecnologías, especialmente las conocidas como NBIC -Nanotecnología, Biotecnología (genética), las TIC,  y el Conocimiento (neurociencias)-, parece que se trata de ir al futuro mejorando la arquitectura mental y física.
 
Habría que diferenciar  entre: tratamiento, mejora y cambio del humano. La ciencia, como forma de conocimiento, es en sí misma neutra, son las aplicaciones de la misma las que pueden ser éticas o no éticas.
 
Tenemos que alegrarnos de que se puedan curar, aliviar o mejorar las capacidades humanas existentes, gracias a las nuevas tecnologías. No todo tratamiento, sin embargo, es inocuo.
 
Todo tratamiento es un “ensayo”, en sentido amplio, ya que se ensaya si ese tratamiento, hará bien a ese enfermo y por tanto ante tratamientos muy sofisticados, como los de la “mejora humana”, hay que valorar si respeta la dignidad de la persona (no la utiliza), si los beneficios son superiores a los riesgos y si no se discrimina a nadie.
 
No a tratamientos sólo para los ricos
 
En medicina, procesos iguales requieren tratamientos equiparables. De aquí la responsabilidad del médico, del científico, ejercida con prudencia, como frónesis, o sabiduría práctica, no sólo prudencia cautelar.
 
Hoy estas tecnologías nos ofrecen 4 tipos de  mejora:
 
1) del conocimiento;
 
2) del estado de ánimo;
 
3) del cuerpo;
 
4) de la esperanza de vida.
 
Y de la reflexión de la aplicación de las altas tecnologías, nació el principio de precaución o principio del bienestar, según el cual “se exige”, para decidir una acción, teniendo en cuenta los conocimientos científicos del momento y dada la ausencia de certeza, (la medicina es ciencia de probabilidad y no de certeza), “no sólo la ausencia de una prueba de riesgo, sino la prueba de la ausencia de riesgo”.
 
Ello consiste en calcular el balance beneficio/riesgo de estas acciones  por acción o por abstención, valorando: la previsibilidad del riesgo en el momento actual y las consecuencias posibles en el futuro; la irreversibilidad y gravedad del daño; medidas efectivas y proporcionadas; y a un coste aceptable.
 
El principio así establecido tiene como objetivo la búsqueda del “riesgo cero”, finalidad un tanto utópica, que ha quedado matizada en la aceptación de un “riesgo aceptable” o un “riesgo proporcionado”.
 
Algunos, que se designan con el término “transhumanistas” quisieran llegar, incluso, a cambiar el hombre, no solo físicamente, sino también su mente, su cosmovisión, sus valores e incluso llegar a crear una nueva especie humana.
 
En este contexto es importante interrogarse sobre la noción de “humano”, “trans-humano” y “post-humano”. No en vano afirmaba Jean Bernard, primer presidente del Comité Consultatif National d’ Ehtique (CCNE) de Francia,  que “el hombre ha llegado  a ser Dios antes de llegar a ser hombre”.
 
¿Qué es el hombre? Dejadme introducirle como persona humana, sujeto de derecho, pero también sujeto de razón y de libertad, apto para su autonomía y para una relación de trascendencia (Lucien Sève, filósofo comunista, miembro del CCNE de Francia, Paris 1992, Jornadas sobre la Dignidad Humana).
 
Me preguntaría si se puede cambiar, de verdad, el hombre. Y si sería posible cambiar todos los hombres del planeta, porque si no se puede aplicar a todos, este cambio queda excluido según el imperativo universal kantiano.
 
Habríamos escindido el mundo, creando 2 ó más tipos de hombres, situación que ya existe hoy, cuando vemos cómo “viven” algunos de nuestro hermanos que no podrán beneficiarse de los avances de la ciencia y tecnologías. 
 
¿No es una vergüenza, un escándalo, el dedicar tantos recursos a situaciones “casi”  imaginarias y no dedicarlo a resolver los verdaderos problemas de la  comunidad humana global, e incluso llegando a aumentar las diferencias entre unos y otros?
 
Por María Pilar Núñez-Cubero,  ginecóloga y profesora de Bioética en la Universidad Ramon  Llull, en la Pontificia de Comillas en Madrid, y otras Universidades. Miembro del Grupo de reflexión Bioética de la COMECE (2006-2014) en Bruselas, y relatora de la opinión  de este Comité sobre la Mejora Humana “Human Enhancement” en el Parlamento Europeo (Abril 2012).
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