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Amniocentesis: Diagnóstico prenatal con riesgos

SPRAWDZANIE IQ PŁODU

Shutterstock

Aleteia Team - publicado el 14/01/14

¿Sabías que puede provocar aborto espontáneo?

La amniocentesis es una de las técnicas de diagnóstico prenatal más utilizadas: sirve para verificar cómo está yendo el embarazo y la salud del feto.

Algunas técnicas de diagnóstico prenatal son no-invasivas (por ejemplo, el triple screening y la ecografía); otras son invasivas (como la amniocentesis y la biopsia de corion).

La amniocentesis se realiza generalmente entre la 15ª y la 18ª semana de embarazo y consiste en introducir una aguja en el útero, con orientación ecográfica, y retirar una muestra del líquido que envuelve al feto (o líquido amniótico).

En el líquido amniótico retirado, existe una gran cantidad de células de descamación del feto, que se analizan para detectar eventuales patologías.

El examen se indica más comúnmente en los casos en los que la edad de la madre es superior a los 35 años, porque, con el aumento de la edad de la gestante, aumenta el riesgo de que el bebé tenga síndrome de Down.

Otras patologías que pueden ser diagnosticadas a través de esta técnica son la fibrosis quística, la distrofia muscular de Duchenne, el síndrome del X débil.

El examen puede provocar el aborto espontáneo en cerca del 1% de los casos, dependiendo de la pericia de quien lo ejecuta.

En principio, como procedimiento de diagnóstico, la amniocentesis es lícita porque es un examen destinado a extraer informaciones sobre la salud del feto.

La instrucción Donum Vitae, de 1987, y la encíclica Evangelium Vitae (texto integral), de 1995, contienen una enseñanza sobre el conjunto de técnicas de diagnóstico prenatal: «Estas técnicas son moralmente lícitas cuando están exentas de riesgos desproporcionados para el niño o la madre, y están orientadas a posibilitar una terapia precoz o también a favorecer una serena y consciente aceptación del niño por nacer» (Evangelium Vitae, 63).

Pero en vez de promover la salud del feto, la amniocentesis, así como otras técnicas de diagnóstico prenatal, está asumiendo cada vez más el carácter de identificación sistemática de bebés imperfectos con el fin de eliminarlos.


DOWN

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El diagnóstico debería ser una extensión y un refuerzo de la mirada atenta y cariñosa de la madre y de la mirada benevolente del médico, pero se está convirtiendo, en vez de eso, en un ojo que invade el cuerpo de la mujer y espía implacablemente al que va a nacer.

Es verdad que el descubrimiento de una patología en el niño no obliga a nadie a realizar un aborto, pero, de acuerdo con un reciente estudio francés, los bebés con síndrome de Down o trisomía 21 son abortados en el 96% de los casos; con síndrome de Klinefelter, en el 73% de los casos (niños con cariotipo XXY); y con síndrome de Turner, en el 100% de los casos (niñas con cariotipo X0).

El hecho es que la amniocentesis, así como otros recursos ofrecidos por la medicina, está siendo usada en un contexto cultural marcado por una insidiosa eugenesia.

En ese contexto, las vidas “sin calidad” son tratadas como si fuesen de segunda categoría y, por eso, se llega a considerar “más razonable” suprimirlas.

Un segundo problema, de naturaleza científica, es la gran discrepancia entre nuestras capacidades de diagnóstico y las posibilidades de intervención.

En el caso del síndrome de Down, por ejemplo, no existen actualmente terapias específicas. Algunos moralistas argumentan que no tiene sentido diagnosticar patologías para las cuales no hay tratamiento.

En la práctica, muchas mujeres se angustian en esos casos porque, con frecuencia, son bombardeadas con informaciones alarmistas sobre los posibles daños para sus hijos.

Desde esta perspectiva, la amniocentesis puede ser justificada aunque sólo esté dirigida a tranquilizar a una embarazada gravemente ansiosa, o, en caso de diagnóstico de patología, si sirve como ayuda para que la gestante acepte la situación, con apoyo, si es posible, de un adecuado acompañamiento y asesoramiento.

Responde el padre Maurizio Faggioni, profesor de Teología Moral. Artículo originalmente publicado por Novena.it

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