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¿Cómo combatir el sida en África?

© Gamma
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¿El sida en África debe afrontarse básicamente con fármacos y preservativos? ¿Cómo lo afronta la Iglesia católica, responsable de más del 25% de las instituciones ligadas al tratamiento de los enfermos de sida, sobre todo en los países pobres?

Hoy domingo se celebra el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, una oportunidad para reflexionar sobre la orientación actual de la Iglesia en su respuesta, muy activa en África, a esta pandemia, recogida especialmente en la exhortación apostólica Africae Munus.


1. Más allá de la mera respuesta médica o farmacéutica, la lucha contra el sida y otras pandemias está asociada a la educación sexual y a la promoción de la familia y de la mujer, es decir, a la cuestión del desarrollo integral de la persona, indicó Benedicto XVI en la exhortación apostólica Africae Munus.

El hoy Papa emérito se refierió brevemente a la cuestión concreta de la lucha contra el Sida en la exhortación apostólica Africae Munus, en la que se detuvo a hablar del tema del desarrollo integral de la persona y su dignidad, que para la Iglesia es la verdadera clave en la lucha contra esta pandemia.

El 17 de marzo de 2009, la respuesta de Benedicto XVI a una pregunta sobre el uso del preservativo para combatir la pandemia del Sida en África, durante el tradicional encuentro con la prensa en el vuelo de Roma a Yaoundé (Camerún), causó gran polémica en varios países occidentales.

El Papa afirmaba que la solución al Sida no consistía en la distribución de preservativos, sino en la humanización de la sexualidad. Precisamente, el Papa se dirigía a África para entregar el Instrumentum Laboris del Sínodo especial sobre África que tendría lugar en octubre de ese mismo año, en Roma.

La cuestión del uso o no del preservativo para combatir el Sida constituye una fuente constante de polémica contra la Iglesia, especialmente contra los dos Papas anteriores a Francisco, y en este debate se deja de lado lo que para la doctrina de la Iglesia constituye la clave en la lucha contra la pandemia, que es la sexualidad vivida de forma digna y responsable.

Dos años después, Benedicto XVI viajó (18-20 de noviembre de 2011), para entregar el resultado de este Sínodo: la exhortación apostólica postsinodal Africae Munus. En este texto, el Papa aborda explícitamente la cuestión del Sida en dos artículos, el 72 y el 73, en los que reitera la posición de la Iglesia sobre la necesidad de un cambio en la conducta sexual como mejor prevención ante el Sida, además de la importancia de la investigación y los tratamientos médicos accesibles a todos.

“El problema del sida, en particular, exige sin duda una respuesta médica y farmacéutica. Pero ésta no es suficiente, pues el problema es más profundo. Es sobre todo ético. El cambio de conducta que requiere –como, por ejemplo, la abstinencia sexual, el rechazo de la promiscuidad sexual, la fidelidad en el matrimonio– plantea en último término la cuestión fundamental del desarrollo integral, que implica un enfoque y una respuesta global de la Iglesia”.

En este sentido, es muy significativo que esta exhortación postsinodal no dedique un apartado específico a hablar de esta cuestión, sino que la incluya implícitamente en todo el capítulo II de la primera parte, que trata sobre la persona, la familia y la sociedad. Benedicto XVI subrayó el papel de la familia y el matrimonio (números 42-68), y adviertió contra “la distorsión de la noción misma de matrimonio y familia, la infravaloración de la maternidad y la banalización del aborto, la facilitación del divorcio y el relativismo de una nueva ética”.

El Papa insistió especialmente en dos cuestiones: la defensa de la vida y la educación de los hijos. Ambos temas están agrupados bajo un mismo título, “La protección de la vida”. De hecho, es muy significativo que los puntos en los que se habla sobre la lucha contra el Sida (72 y 73) vengan precedidos por los puntos 70 y 71, en los que se habla claramente del rechazo, por parte de la Iglesia, de los medios contraceptivos y el aborto, y de la “falta de claridad ética” en lo relativo a la salud reproductiva de la mujer. Los puntos 74-78, que siguen a la cuestión del Sida, están dedicados a la importancia de la educación.

Posteriormente, dentro del apartado dedicado a la actuación de la Iglesia, en el punto 140, cuando habla de la misión de la Iglesia en el mundo sanitario, dice que “en lo que respecta a las pandemias, los medios financieros y materiales son indispensables”, pero sobre todo insiste “en informar y educar a la población y, sobre todo, a los jóvenes”.

Ya el Mensaje Final del Sínodo de los Obispos para África, sobre este punto, hacía referencia, en sus artículos 30 y 31, a los “intentos furtivos”, por parte de algunas agencias internacionales de ayuda, “de destruir y eliminar los ricos valores africanos de la familia y de la vida humana”, y en especial citaban el artículo 14 del Protocolo de Maputo, sobre derechos sexuales y reproductivos, “y otras propuestas similares”.

Al contrario, los obispos advertían que el problema del Sida “no puede ser superado con la distribución de profilácticos”, e invitaban a reconocer “el éxito obtenido por los programas que aconsejan la abstinencia entre los no casados y la fidelidad entre los casados. Este modo de proceder no sólo ofrece la mejor protección contra la difusión de esta enfermedad sino que además está en armonía con la moral cristiana”.

Los principios de la Africae Munus van en la misma línea que todo el magisterio anterior, desde el pontificado de Juan Pablo II, respecto al modo de combatir el Sida. La Santa Sede reafirmó estas enseñanzas en varios actos y reuniones organizadas entre mayo y junio de 2011 con motivo del 30 aniversario del diagnóstico del primer caso de Sida en el mundo. Cabe señalar, al respecto,  la intervención en la Reunión  de Alto Nivel de la ONU sobre VIH/Sida, el 10 de junio de 2011, cuando Jane Adolphe, profesora asociada de Derecho de la Ave Maria School of Law (EE.UU.) y miembro de la Delegación de la Santa Sede en la ONU, habló en nombre de monseñor Francis Chullikatt, observador permanente de la Santa Sede en la ONU, sobre la importancia de promover “una conducta digna de la persona”, especialmente en materia sexual.

Referencias:

Palabras de Benedicto XVI sobre el preservativo en el vuelo Roma – Yaoundé, 17 de marzo de 2009

Intervención de la Santa Sede en la reunión de Alto Nivel sobre VIH/Sida (10 de junio de 2011)

Mensaje final del Sínodo de los Obispos para África

Mensaje del cardenal Javier Lozano Barragán para la Jornada Mundial del Sida 2003


2. Benedicto XVI insiste en la familia y en la correcta moral familiar como una de las claves para el desarrollo integral de la persona, y dirige su atención especialmente a las mujeres africanas y a la importancia del reconocimiento de su dignidad, invitando a los hombres a descubrir su papel de esposos y padres.

Benedicto XVI concede gran importancia en la Africae Munus a la familia y la moral familiar como centro del desarrollo integral. En este sentido, cuando aún era prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe, el entonces cardenal Joseph Ratzinger hizo público un documento, la Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo (mayo de 2004), en el que trata también sobre la relación entre los esposos como base para la moral familiar.

En la Africae Munus, el Papa se dirige específicamente y por separado a la mujer y al hombre africanos. A la mujer dirige cinco puntos de la Exhortación (55-59), y cuatro al hombre (51-54). 

De la mujer, Benedicto XVI afirma que “debe encontrar el puesto que le corresponde en el mundo”, y deplora que “en conjunto, aún no se ha llegado a valorar y reconocer plenamente su dignidad, sus derechos, así como su aportación esencial a la familia y a la sociedad”.

El documento indica que la promoción de las mujeres “está menos favorecida” que la de los hombres. “Todavía son demasiadas las prácticas humillantes para las mujeres, las vejaciones en nombre de tradiciones ancestrales”. Añade también que la Iglesia “tiene la obligación de contribuir a este reconocimiento y liberación de la mujer, siguiendo el ejemplo de Cristo”.

Especialmente pide a las mujeres que “no dejen de defender la vida”, y asegura que es necesario “crear una ‘ecología humana’ mediante el amor y la ternura, la acogida y la delicadeza y, sobre todo, mediante la misericordia”. Benedicto XVI se sitúa así en continuación con la Carta Apostólica Mulieris Dignitatem de Juan Pablo II, al hablar de la “contribución femenina” a la humanización de la sociedad (MD 30,31).

A los hombres les insiste en la importancia de su papel de cónyuges y educadores de sus hijos: deben “colaborar activamente en sus familias en la educación humana y cristiana de los hijos, en el respeto y a la protección de la vida desde el momento de su concepción”, así como “instaurar un estilo de vida cristiano, enraizado y fundado en el amor”, y no temer a “hacer visible y palpable que no hay amor más grande que dar la vida por quien se ama, es decir, y en primer lugar, por la esposa y los hijos”, como “un antídoto eficaz contra las prácticas tradicionales contrarias al Evangelio y vejatorias particularmente para la mujer”.

La Africae Munus respeta el esquema del Mensaje Final del Sínodo de los obispos (octubre de 2009), que se dirigía por separado a hombres y mujeres: en el artículo 25 se habla de una mayor promoción de la igualdad de la mujer, “de manera que las buenas ideas no sean distorsionadas por los traficantes de ideologías extranjeras y moralmente venenosas que afectan al género y a la sexualidad del hombre”; en el 26, los obispos piden a los hombres que desempeñen los “importantes papeles de padres responsables y de maridos rectos y fieles”.

Es oportuno recordar también el discurso que Benedicto XVI dirigió a los movimientos católicos para la promoción de la mujer, en su viaje a Camerún y Angola, en marzo de 2009: el hombre y la mujer “están llamados a vivir en profunda comunión, en un recíproco reconocimiento y entrega de sí mismos, trabajando juntos por el bien común con las características complementarias de lo que es masculino y de lo que es femenino. ¿A quién se le oculta hoy la necesidad de dar más espacio a las «razones» del corazón? En un mundo como el actual, dominado por la técnica, se siente la exigencia de esta complementariedad de la mujer, para que el ser humano pueda vivir sin deshumanizarse del todo”.

Referencias:

Carta Apostólica “Mulieris Dignitatem” de Juan Pablo II (1988)

Carta del cardenal Ratzinger sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo (mayo de 2004)

Encuentro con los movimientos católicos para la promoción de la mujer, Luanda 22 de marzo de 2009

Página web de la FIAMC en África


3. Apela a la solidaridad de la comunidad internacional para combatir las pandemias, mediante el acceso a los medicamentos antirretrovirales, evitando la tentación de imponer un “pensamiento único” como condición a las ayudas.

Para la Iglesia, la lucha contra el Sida en África requiere un tratamiento médico de alta calidad y más barato para todos los afectados. La solidaridad de la comunidad internacional es imprescindible para alcanzar los objetivos de esta lucha, entre los cuales el secretario del Consejo Pontificio para los agentes sanitarios, monseñor Jean-Marie Mupendawatu, enumeraba, en una entrevista publicada en L'Osservatore Romano en julio de 2011, la distribución gratuita de fármacos antirretrovirales a todos los infectados, la promoción de la formación del personal médico y de más conocimientos y competencias entre la población, la difusión de los laboratorios de análisis, diagnóstico y tratamiento; la instauración de una red eficiente para facilitar el transporte y la mejora de la prevención del contagio de VIH/Sida en el marco de una educación adecuada.

En la Africae munus, Benedicto XVI alienta vivamente a los institutos y programas de investigación terapéutica y farmacéutica que luchan por erradicar las pandemias. Les invita a “que no escatimen esfuerzos para llegar lo antes posible a resultados, por amor del don precioso de la vida” y auspicia “que puedan encontrar soluciones y hacer accesibles a todos los tratamientos y las medicinas, teniendo en cuenta las situaciones de precariedad”.

“La Iglesia desea que la globalización de la solidaridad llegue a grabar ‘en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad’, evitando la tentación de un pensamiento único sobre la vida, la cultura, la política o la economía, en beneficio de un constante respeto ético de las diversas realidades humanas, para lograr una solidaridad efectiva”, indica la exhortación postsinodal.

Por eso, los llamamientos de la Iglesia a la solidaridad son constantes y a muy diversos niveles, desde declaraciones concretas de sacerdotes y obispos, a discursos de los representantes de la Santa Sede ante la ONU y documentos magisteriales.

El beato Juan Pablo II recordaba, por ejemplo, a los participantes de la conferencia La Iglesia católica y el reto del VIH/SIDA en el año 1999, la “generosidad fraterna de tantos hombres y mujeres de buena voluntad movidos por el ejemplo del Buen Samaritano a socorrer, con medios adecuados, a estos enfermos, haciéndose cargo de ellos hasta su completo restablecimiento o sereno final”.

Respecto a la manera como se manifiesta en concreto esa solidaridad internacional, la Iglesia pide que los organismos internacionales y las organizaciones no gubernamentales se esfuercen por una transparencia total. En este sentido, el acceso a la financiación no debe limitarse a “nociones concebidas ideológicamente”, sino que deben basarse en la “capacidad de las organizaciones para proporcionar una atención segura, asequible y eficaz a aquellos que la necesitan”, advertía monseñor Francis Chullikatt, observador permanente de la Santa Sede en la ONU, en su intervención en la Reunión  de Alto Nivel de la ONU sobre VIH/Sida, en junio de 2011.

Benedicto XVI ha afirmado en varias ocasiones (en la Africae Munus, en el libro-entrevista Luz del Mundo de Peter Seewald y en muchos de sus discursos, especialmente durante los dos viajes a África) que la Iglesia es la institución que más hace a favor de los afectados de Sida, destacando el “trabajo maravilloso e importante” de las instituciones eclesiales en este campo. Entre las dificultades de su tarea, la Africae Munus cita el número creciente de enfermos, la falta de medios materiales y financieros y la deserción de organismos que durante mucho tiempo las han ayudado. Benedicto XVI las anima a que se “esfuercen en ver en cada enfermo a un miembro sufriente del Cuerpo de Cristo”, y que se regulen “según las normas éticas de la Iglesia”.

Referencias:

Monseñor Silvano Tomasi en una reunión sobre “La centralidad del cuidado de la persona en la prevención y el tratamiento de enfermedades causadas por el VIH/Sida”, Vaticano 27-28 de mayo de 2011

Telegrama de Juan Pablo II a los participantes en la conferencia “La Iglesia católica y el reto del VIH/Sida
Intervención de monseñor Zimowski en la OMS, 18 de mayo de 2011

Declaración de interpretación de la Santa Sede ante la Declaración de la ONU sobre el Sida

Este artículo ha sido revisado por el Dr. José María Simón Castellví, presidente de la Federación Internacional de Médicos Católicos (FIAMC), www.fiamc.org
 

 
Recomendamos la autorizada respuesta de monseñor Jean Laffitte, secretario del Consejo Pontificio de la Familia, en el número 49 de la revista  Studia Moralia, “La sollicitude de l'Église pour les malades du SIDA. Sida, exercice de la sexualité, usage du préservatif dans et hors mariage”.

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