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Chile: la Iglesia es madre… también de los que están en prisión

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Las otras prisiones: violencia, pobreza e injusticia

El padre Luis Escobar es el encargado de la parroquia de la Santísima Trinidad, gestor de proyectos educativos y capellán de cárceles en la diócesis de Rancagua. Chile.  Es conocido por su defensa de los pobres, de los oprimidos y de las injusticias que a menudo se cometen en Chile, como en las cárceles de todo el continente americano.

En el último número del portal digital chileno Portaluz.org, ha escrito un profundo artículo sobre las cárceles de la violencia, de la pobreza, de la injusticia, con casos concretos en Chile, pero que pueden ser llevados a buena parte de América Latina.

El indulto no es para los pobres

“Muchos sufren la prisión de la cárcel, pero también la prisión de la violencia, la pobreza y la injusticia. Las desigualdades presentes en nuestro continente están lejos de hacer realidad estas palabras que siguen desafiándonos hoy a pesar de la distancia en el tiempo”, comienza diciendo el padre Escobar.

Más adelante, relata que hace poco tiempo “murió un hombre que estaba condenado a 541 días de cárcel por conducir en estado de ebriedad, era alcohólico y nunca pudo salir completamente de su problema. Padecía un cáncer hepático que le quito la vida en menos de dos meses”.

Sobre este hombre, del que omite su nombre, el padre Escobar recuerda que se pidió el indulto del Presidente de Chile, se clamó por él como ya los han hecho en la pastoral penitenciaria de Rancagua, pero todos han muerto esperando el beneficio del indulto, “y murieron presos, con un gendarme al lado las 24 horas y engrilletados a su cama”.

“Así lo estipula el reglamento. ¿Lo común en todos ellos aparte de la enfermedad y la cárcel?: la pobreza. ¡No hubo clemencia!… Mientras que otros con dinero para pagar abogados quedan libres, solo firmando, después de cometer delitos similares e incluso más, con resultado de muerte”, afirma en su artículo el sacerdote chileno.

Más adelante escribe que una mujer aymara “estuvo recluida acusada de la muerte de su hijo porque un tribunal no entendió nada y no se dieron el tiempo para comprender la cultura ni el idioma de esta pobre mujer que perdió a su hijo en la montaña por buscar sus rebaños; también era pobre”.

Hechos dolorosos que nadie recuerda

El padre Luis, como lo conocen los presos y sus feligreses en Chile, recuerda, también, que en el sur de esa nación “una mujer extrajera estuvo diez horas esperando ser atendida en un centro de salud, lugar  donde murió,  esperando. No era chilena. También era pobre”.

Y para completar el cuadro de injusticias, el sacerdote chileno narra que otro hombre recluido en la cárcel de Rancagua condenado a cinco años y un día, por defender la vida y seguridad de sus padres ancianos atacados por un delincuente drogado que les quiso asaltar, se quedó preso porque su abogado lo estafó. “También es pobre”, subraya el padre Escobar.

En una visión panorámica de los temas que aquejan el corazón de Chile el padre Escobar enumera los hospitales públicos colapsados de pobres que no pueden atenderse en la salud privada; “casi dos mil personas intoxicadas con el agua contaminada en el norte de Chile, situación de la cual nadie se hace responsable y mientras, la prensa está ocupada de repasar el pasado, buscando culpables de situaciones que dividieron al país por hechos históricos que fueron ciertos y dolorosos, pero olvidando el hoy”.

Para el padre Escobar, siguen siendo los pobres los protagonistas de siempre. “Ellos, los amados de Cristo, los amados de la Iglesia que sí está hoy presente donde otros no están”, subraya el sacerdote chileno en su artículo de Portaluz.org.

La Iglesia, una buena madre

En un párrafo que recuerda mucho al Papa Francisco, el padre Escobar enfrenta a aquellas personas “que promueven ideologías donde la igualdad es su lema” aunque nadie los haya visto “atender los comedores abiertos, ni recolectar comida para los pobres, ni atender a quienes están la calle, ni a los presos, o a los inmigrantes”.

“Sólo veo a la Iglesia que, como buena madre, aunque algunos hijos la desprecien, está ahí para amarlos y acogerlos cuando sea necesario”, rememora el padre Escobar.

Sólo el amor a Dios nos puede ayudar a buscar y ver en el otro a un hermano; de lo contrario buscaremos siempre en el otro una oportunidad para sacar provecho cosificándolo.

El sacerdote chileno termina diciendo: “Solo Dios es Padre y en él la humanidad es una comunidad de hermanos. Por eso cuando el hombre se aleja de Dios se deshumaniza, se despersonaliza, se hunde en el abismo del caos”.

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