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El empleo en España y el traje del emperador

César Nebot - publicado el 21/08/13 - actualizado el 15/07/17

Los engaños en torno a las buenas noticias sobre el paro

Desde hace unas semanas, las noticias sobre la economía española en referencia al desempleo parecen darnos un respiro. No obstante, existe el recelo ante un posible consenso entre el ejecutivo del Estado español y diferentes medios de comunicación afines en dar buenas noticias de calado económico que compensen tantas otras sobre corrupción que llevan al ciudadano de a pie al descontento y la decepción. Se necesita un poco de esperanza en el horizonte económico para que las castigadas espaldas de los humildes trabajadores sientan una liviana compensación por tanta iniquidad que cada día queda al descubierto. La salida de la crisis, al fin y al cabo, podría ser la única forma de expiación de los pecados de muchos políticos.

Las buenas noticias tienen preferencia. Así como la ministra de trabajo, Fátima Báñez, se tomó su tiempo para comparecer cuando el número de desempleados rebasó los seis millones, al Ministro de Guindos le faltó minutos en lanzar las campanas al vuelo ante el último dato del Paro publicado el 25 de julio por la Encuesta de Población Activa (EPA) para el segundo trimestre del 2013. El empleo había aumentado en 149.000 personas y como la población activa había descendido en 76.100, el paro había bajado en un total de 225.100 personas en un trimestre. Estos datos suponen el mayor descenso del desempleo estimado por la EPA desde el segundo trimestre de 2001. Motivo de alegría y de esperanza. En segundo plano, quedó la cantidad ingente de desempleados, unos 5.977.500, lo que corresponde a una tasa del 26,3% y que en términos anuales, el número de parados ha aumentado en 284.500.

Aun así, el mensaje es esperanzador, hemos tocado fondo y a partir de ahora toca crecer y crear empleo. Se avistan las vacas gordas, a lo lejos, pero ahí están pastando brotes verdes. Y los españoles, hastiados de tanta desolación, y que tanto necesitamos aferrarnos a una esperanza, creemos.

Estas situaciones me recuerdan un cuento de la sabiduría popular, El traje del emperador. Unos sastres embusteros hacen creer al emperador que un falso traje diseñado para él es tan especial que sólo puede ser visto por personas dignas e inteligentes. Como nadie desea pasar por indigno ni carente de inteligencia, todos alaban las cualidades del traje inexistente. La necesidad de creer del emperador confiere al traje de una entidad casi real y tangible, hasta que por fin la mirada inocente y objetiva de unos niños deja en evidencia la realidad. Los datos son los que son y el emperador, por mucho que desease creer lo contrario, simplemente iba desnudo.

Por esto mismo, antes de lanzar las campanas al vuelo acerca de la evolución del paro en España convendría preguntar a la mirada objetiva de los datos si existe tal traje de brotes verdes en el empleo.

Para que esta disminución del paro sea motivo real de esperanza se precisa que sea consecuencia de un comportamiento estructural de la economía. Pongamos un ejemplo. Imaginemos que tenemos exceso de peso y deseamos adelgazar. Sin cambiar nuestros hábitos alimenticios, un día descubrimos que nuestro peso es sensiblemente inferior en las horas previas a la comida. ¿Hemos adelgazado? No, simplemente, el peso oscila a lo largo del día y en esas horas es menor. No tener en cuenta estas oscilaciones podría implicar que se alabase las propiedades adelgazantes de un pastel de chocolate sólo porque se toma en esas horas. De igual forma sucede con las cifras del desempleo, si uno no tiene en cuenta las oscilaciones naturales de la economía española puede llevarse a engaño. Por eso mismo, se debe acudir a las series de datos desestacionalizados.

Lo normal es que el segundo trimestre de cada año, ante la temporada turística,  muestre una estacionalidad muy favorable para el empleo. Además, este año se espera especialmente bueno para el turismo en España por un simple efecto sustitución de destino vacacional ante los lamentables conflictos en Egipto, Argelia, Túnez y Oriente Medio.

Desde el primer trimestre del 2013, el Instituto Nacional de Estadística ofrece datos desestacionalizados sobre las tasas de variación intertrimestral del empleo y el paro. Según estos datos, el empleo en el segundo trimestre del 2013 no sólo no creció sino que se redujo un 0,29%. A pesar de eso, el 25 de julio, el Ministerio de Economía publicó en su página www.mineco.gob.es, al margen y previo a los datos oficiales del INE, otra serie desestacionalizada que mostraba una tasa de variación intertrimestral positiva de +0,1%.  Este dato duró sólo un día en su base de datos, lo suficiente para que el Ministerio distribuyera su nota de prensa y el señor de Guindos realizara su flamante comparecencia del cambio de tendencia. Al día siguiente, los datos del INE desmentían, aunque tarde, lo ya anunciado. Por lo tanto, a pesar del bombo y platillo del Gobierno, todo el incremento del empleo ha sido de carácter estacional y no estructural.

Aun así, a pesar de esto, cabe preguntarnos si los datos nos pueden dar un respiro en el mercado laboral. Tal vez exista ese traje del emperador y simplemente los sastres del Ministerio han cometido una simple torpeza.

Lo primero que podemos observar no es nada halagüeño. En primer lugar, los datos interanuales nos muestran 633.500 empleos menos y 284.500 parados más. Esto implica que 349.100 personas han dejado de ser población activa, ya sea por desánimo o porque han decidido emigrar. Es muy llamativa la diferencia existente entre la evolución del Paro registrado por el Servicio de Empleo Público Estatal y las Altas de afiliación a la Seguridad Social de los últimos meses. En junio,  descendió en 127.248 el número de parados listados mientras que la afiliación a la Seguridad Social se incrementó en 26.853. Una diferencia tan grande no se justifica simplemente por la diferencia en la metodología de medición. Entre otros motivos, se justificaría por el cambio de criterio del Ministerio de Trabajo para contabilizar el registro de parados; por ejemplo, un parado que realiza algún curso de orientación ya no computan como tal aunque perciba prestación; y, por otra parte, por la cantidad de jóvenes que emigran a otros países y la fuga de cerebros.

En contrapartida, se observa que desde el inicio de la crisis, España ha experimentado incrementos significativos en la productividad del trabajo. Ante esto, uno esperaría una futura creación de empleo. Desgraciadamente, esto no es exactamente así en nuestro país. Si los incrementos de productividad provinieran de innovaciones por I+D+i, existiría espacio para la esperanza. Pero no. Las mejoras en productividad provienen de la disminución del uso del factor trabajo. Lamentablemente en España, los aumentos de productividad no son causa para crear empleo si no consecuencia de su destrucción.

Para entender esto, los economistas describimos un comportamiento contrastado, la Ley de Rendimientos Decrecientes en el uso de un factor de producción: Cuanto más factor se emplea menor es su rendimiento marginal, su productividad. Imaginemos que en un huerto se plantan cien limoneros (factor); si se planta un limonero más su cosecha será menor que la del número cien porque habrá un árbol más para la misma tierra. Si plantamos muchos limoneros el producto medio será bajo. Si reducimos el número de limoneros, el producto medio aumentará. El aumento de la productividad será consecuencia de haber quitado árboles y no será causa de que se planten más. Si uno desea aumentar la productividad de su huerto sin quitar un solo limonero deberá inventar un abono o fertilizante que aumente la producción. Éste es el tipo de aumento en productividad que causa la creación de empleo, el que se basa en la I+D+i.

Pero claro, estratégicamente la partida presupuestaria que más recortes ha sufrido ha sido precisamente la I+D+i. Y para colmo, la fuga de cerebros es considerable, el capital humano de alta productividad se va a otros países. Parece que por el lado de la productividad tampoco podemos esperar los deseados brotes verdes.

Tal vez, si el empleo creado fuera estable o el indefinido no se destruyera, la demanda interna podría sostener la economía y acabar tirando de la oferta creando más empleos. Pues tampoco. El aumento del empleo ha sido de tipo temporal y se han destruido unos 50.000 puestos de trabajo de empleo indefinido según los datos de la EPA. La precarización del empleo ha aumentado y el paro de larga duración alcanza ya el 58,4%.

La única puerta que nos queda abierta es el tirón de la demanda exterior. Nuestras exportaciones desde el 2010 han mantenido un ritmo creciente (ver gráfico 1)  principalmente porque la devaluación interna (menores costes salariales)  ha dado lugar a una mayor competitividad internacional. La esperanza de los brotes verdes pasaría por la ausencia de una futura Guerra de Divisas que perjudicara nuestra competitividad con un euro demasiado fuerte y un Banco Central Europeo con poca propensión a la depreciación del euro por miedo a la inflación.

El 25 de julio, nos vendieron un traje hecho a medida confeccionado con esperanza y promesas de brotes verdes. Podemos seguir creyendo que el traje es maravilloso, pero los datos objetivos, como la inocencia de los niños del cuento, nos descubren la desnudez y la debilidad de nuestra economía. Debemos seguir luchando para encontrar vías reales de esperanza económica en este país y no dejarnos vestir con trajes que, a la postre, como en el cuento, se descubren falsos. En nuestra mano quedará juzgar si fue una torpeza o un engaño de los sastres. 

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