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El Papa: tenemos que huir del pecado, sin echarlo de menos

© Jeffrey Bruno ALETEIA
El Papa Francisco en la Plaza de San Pedro
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Homilía hoy en la Domus Santa Marta

El cristiano está llamado a ser valiente en su debilidad. Es lo que ha destacado el Papa Francisco en la Misa de esta mañana en la Casa Santa Marta. El Papa ha afirmado que, a veces, debemos reconocer que somos débiles y por tanto, debemos huir sin nostalgia del pecado, sin mirar atrás. En la Misa, concelebrada por el cardenal Manuel Monteiro de castro y mons. Beniamino Stella, han participado un grupo de sacerdotes y colaboradores del Tribunal de la Penitenciaría Apostólica y un grupo de la Academia Eclesiástica Pontificia.
 
Actuar con lentitud, mirar atrás, tener miedo y volvernos al Señor, a la gracia del Espíritu Santo. En su homilía, el Papa Francisco ha partido de las Lecturas de hoy para detenerse en los cuatro “comportamientos posibles en las situaciones de conflicto, en las situaciones difíciles”. EL primer comportamiento es el de la “lentitud” de Lot. Este, observó el Papa, estaba decidido a dejar la ciudad antes de que fuese destruida, pero lo hace muy lentamente. El ángel le dice que huya pero en él estaba la “incapacidad de distanciarse del mal, del pecado”. Nosotros, añadió, queremos salir, estamos decididos, pero hay algo que nos retiene” y así, al final, Lot se pone a negociar con el ángel:
 
“Es muy difícil cortar con una situación pecaminosa. ¡Muy difícil! También en una tentación ¡es difícil! Pero la voz de Dios nos dice esta palabra: ‘¡Huye! Tú no puedes luchar aquí, porque el fuego, el azufre te matará ¡huye!’ Santa Teresita del Niño Jesús nos enseñaba que, a veces, en algunas tentaciones la única solución es huir y no tener vergüenza de ello; reconocer que somos débiles y que debemos huir. Nuestro pueblo, con su sabiduría sencilla, lo dice un poco irónicamente: ‘Soldado que huye, sirve para otra guerra’. Huir para seguir adelante en el camino de Jesús”.
 
El ángel, añadió, dice “no volver la vista atrás”, huir y mirar hacia delante. Aquí, dijo, hay un consejo para vencer la nostalgia del pecado. Pensemos en el Pueblo de Dios en el desierto, destacó: “tenía todo, las promesas, todo” y sin embargo “tenían nostalgia de las cebollas de Egipto” y esta nostalgia les hacía olvidarse de que aquellas cebollas las comían en la mesa de la esclavitud”. Existía “la nostalgia de volver, volver”. Y el consejo del ángel, observó el Papa, es sabio: ¡No miréis atrás! ¡Sigue adelante!” No debemos hacer como la mujer de Lot, “debemos cortar toda nostalgia, porque existe también la tentación de la curiosidad”.
 
“Ante el pecado, huir sin nostalgia. La curiosidad no sirve ¡hace daño! ‘Pero en este mundo tan pecaminoso ¿Cómo se hace? ¿Cómo será este pecado? Me gustaría saber…’ No, ¡olvídate! ¡La curiosidad te hará daño! ¡Huir y no mirar atrás! Somos débiles, y tenemos que defendernos.
 
La tercera situación se da sobre la barca: es el miedo. Cuando viene una gran agitación en el mar, la barca estaba cubierta por las olas. ‘¡Sálvanos, Señor, estamos perdidos!’ Dicen ellos. ¡El miedo! También esta es una tentación del demonio: tener miedo de continuar en el camino del Señor”.
 
Existe la tentación de quien dice que “es mejor quedarse aquí”, donde estoy seguro. “Pero esto –advirtió- es el Egipto de la esclavitud”. “Tengo miedo de ir hacia delante –afirmó el Papa- tengo miedo de adónde me quiere llevar el Señor”. El miedo, “no es un buen consejero”. Jesús, añadió, “muchas veces dijo: ‘¡No tengáis miedo!’. El miedo no nos ayuda”.
 
La cuarta actitud, destacó, “es la gracia del Espíritu Santo”. Cuando Jesús hace volver la bonanza sobre el mar agitado, los discípulos en la barca están llenos de estupor. “Siempre, ante el pecado, la nostalgia, ante el miedo, afirmó, debemos dirigirnos al Señor”.
 
“Mirar al Señor, contemplar al Señor. Esto nos da un cierto estupor, muy bello, de un nuevo encuentro con el Señor. ‘Señor, tengo esta tentación: quiero quedarme en esta situación de pecado; Señor tengo la curiosidad de conocer estas cosas; Señor tengo miedo’. Mirad al Señor: ‘¡Sálvanos Señor, estamos perdidos!’. Y viene el estupor de un nuevo encuentro con Jesús. No seamos ingenuos ni cristianos tibios, seamos valientes. Somos débiles, pero debemos ser valientes en nuestra debilidad. Y nuestra valentía debe expresarse tantas veces en una fuga, sin mirar atrás, para no caer en la nostalgia dañina. ¡No tengáis miedo y mirad siempre al Señor!”
 
 © Radio Vaticano

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