Homilía de Francisco en la Casa Santa Marta sobre la llamada de los cristianos a potenciar el sabor del Evangelio
Que los cristianos difundan la sal de la fe, de la esperanza y de la caridad. Esta es la exhortación del papa Francisco en la Misa del 23 de mayo de 2013 en la Casa Santa Marta.
El Papa ha destacado que la originalidad cristiana “no es una uniformidad” y ha puesto en guardia contra el riesgo de volvernos insípidos, “cristianos de museo”.
En la Misa, concelebrada con el cardenal Angelo Sodano y Leonardo Sandri y con el arzobispo de La Paz, Edmundo Abastoflor Montero, han participado un grupo de sacerdotes y colaboradores laicos de la Congregación para las Iglesias Orientales.
¿Qué es la sal en la vida de un cristiano?
¿Qué sal nos ha dado Jesús? En su homilía, el Papa explicó el sabor que los cristianos están llamados a dar a su propia vida y a la de los demás.
Pero, advirtió, debemos estar atentos a que esta sal, que nos ha dado la certeza que Jesús murió y resucitó para salvarnos, “no se vuelva insípida, que no pierda su fuerza”.
Esta sal, prosiguió, “no es para conservarla, porque se la sal se conserva en una botella no hace nada, no sirve”.
La sal es para darla
Añadió que “cuando nosotros anunciamos la fe con esta sal”, los que “reciben el anuncio, lo reciben según su peculiaridad, como las comidas”.
Y así “cada uno con sus propias características recibe la sal y se hace más bueno”.
Impulsar el sabor original de cada uno
Esta, prosiguió el Papa, “es la sal que debemos dar”. Una sal “que no es para conservarla, es para darla”.
Y esto, dijo, “significa un poco de trascendencia”: “salir con el mensaje, salir con esta riqueza que nosotros obtenemos de la sal y darlo a los demás”.
Conservarla con la oración
Por otro lado, destacó, hay dos “salidas” para que esta sal no se estropee. Primero, poner la sal “al servicio de las comidas, al servicio de los demás, al servicio de las personas”. Segundo; la “trascendencia hacia el autor de la sal, el creador”.
La sal, afirmó, “no se conserva sólo dándola en la predicación” pero “necesita también de la otra trascendencia, de la oración, de la adoración”.











