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¿De dónde sale la gran resistencia francesa contra el matrimonio gay?

© PIERRE ANDRIEU / AFP
Manifestación por la familia del pasado 21 de abril en París
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Carta abierta de Philippe Oswald, editor francés de Aleteia

Desde hace meses seguís, especialmente en la edición francesa de Aleteia, las peripecias de la ley llamada “Matrimonio para todos” que desgraciadamente acaba de promulgar el presidente de la República.

Estáis sorprendidos por la dimensión de las manifestaciones nacionales y regionales que han acompañado los debates, se han mantenido casi cada día en distintos lugares de Francia con las “Manifs pour tous” (manifestaciones para todos) y los movimientos de los “Veilleurs”, y culminarán el próximo domingo 26 de mayo con una nueva “Manif pour tous” nacional en París.

A pesar de los intentos bastante poco gloriosos del ministro del Interior francés de minimizar estas manifestaciones publicando cifras totalmente desajustadas con lo que muestran fotos y vídeos, se trata de las manifestaciones en las calles más importantes en Francia desde las que permitieron salvar la libertad escolar contra, ya, un gobierno socialista, en 1984.

Pero en aquel momento, el otro presidente François (Mitterrand) consideró que una protesta de esa magnitud hacía imposible la promulgación de una ley que debía matar la escuela libre.

El actual presidente François (Hollande), que bate todos los récords de impopularidad de un jefe de Estado bajo la Vª República, no tiene esta sabiduría. Al contrario, se ha apresurado en promulgar la ley que abre el matrimonio a las personas del mismo sexo al día siguiente de su aprobación por el Consejo constitucional.

Entonces, me diréis, ya que la suerte está echada y el matrimonio homosexual, llamado engañosamente “matrimonio para todos”, se ha adoptado sin recurso, ¿para qué continuar el combate?, ¿qué salida puede encontrar el movimiento de protesta cuando la inmensa mayoría de los manifestantes y sus portavoces quieren permanecer en el marco de la legalidad y de la no-violencia?

A decir verdad, ¡nadie puede predecir el futuro! ¡Lo que es seguro, en cambio, es que asistimos en Francia a una insurrección de conciencias sin precedentes!

Se trata de un rechazo masivo, profundo, motivado, no negociable, de una ley injusta y totalitaria porque pretende abolir la diferencia sexual en el matrimonio e implica que un niño pueda tener por “padres” dos hombres o dos mujeres y, si se adopta, que sea privado del derecho a tener un referente paternal y un referente maternal. Ninguna ley tiene el poder de negar la diferencia de sexos, la alteridad hombre/mujer y la complementariedad padre/madre. Ninguna puede privar a un niño del derecho a tener un padre y una madre.

Es también un “no” categórico a la PMA (procreación médicamente asistida) y a la GPA (gestación por otro) que seguirán fatalmente a la adopción de la ley en nombre de la igualdad, abriendo el camino a todo tipo de manipulaciones comerciales del cuerpo humano.

Es todavía el rechazo a la ideología subyacente de “género” (ya en el programa de nuestras escuelas) que querría imponer la creencia de que las identidades sexuales femenina y masculina son construcciones sociales, necesariamente de otra época, y no cuestiones naturales e inmutables pertenecientes a los fundamentos del derecho natural.
Es finalmente el rechazo a una ley que, lejos de constituir una mejora para las personas homosexuales, será generadora de homofobia al hacerles pasar como responsables del “derecho al hijo” que crea huérfanos de padre o de madre.

En resumen, como dice la misma señora Taubira, ministra de Justicia cuyo nombre se vincula a esta nueva ley –y permanecerá por siempre vinculado a ella- es el “cambio de civilización” que ella pretende instaurar y que numerosos franceses de todas las edades, creencias y condiciones rechazan absolutamente. ¡Ninguna mayoría parlamentaria puede atribuirse el derecho a cambiar la civilización!

Por desgracia, este rechazo argumentado, larga y pacientemente explicado, se ha encontrado con el muro del desprecio y de la arrogancia de un gobierno y de una mayoría parlamentaria seguros de encarnar “el progreso” y de estar en “el sentido de la Historia”. Nosotros conocemos desde hace mucho tiempo este tipo de postura en Francia por parte de un poder que sueña con ser el digno heredero de los “grandes ancestros” de la Revolución francesa. Sabemos a qué tiranía pude conducir: también hemos aprendido a combatirla.

He aquí más de dos siglos de la sociedad francesa secreta de los “anticuerpos” para resistir a los virus mortales que han intentado inculcarle las ideologías nada más llegar al poder. Antes estuvieron por ejemplo los “jacobinos”, que no eran más que una pequeña minoría de ciudadanos, los más extremistas y los menos escrupulosos. Hoy está el lobby gay, ultra-minoritario y lejos de representar al conjunto de las personas homosexuales, pero muy presente en las instancias del poder político y mediático.

Estos “anticuerpos” saludables que emite de nuevo la sociedad francesa provienen ante todo de familias, células básicas de la sociedad, apoyados por “cuerpos intermediarios” como la Unión Nacional de Asociaciones Familiares, la Academia de medicina o incluso la Academia de las Ciencias morales y políticas, que han expresado, cada una en su ámbito de competencia, su oposición a la ley Taubira. Las religiones desempeñan también una función fundamental en esta reflexión crítica, sobre todo la Iglesia católica, “experta en humanidad”, que ilumina las conciencias dejando a los cristianos la elección de la acción política a tomar, siempre y cuando no afecte a los principios del actuar cristiano.

La novedad para la Iglesia en Francia es que muchos obispos han osado expresarse en la plaza pública (varios de ellos incluso participando en las manifestaciones) y que han reencontrado una escucha y un eco sin precedentes en los jóvenes católicos de las “generaciones Juan Pablo II, Benedicto XVI y Papa Francisco”. La eficacia de los mensajes de todos estos cristianos apoyados por las redes sociales (otro fenómeno nuevo) es una de las cuestiones que han sorprendido más al Gobierno…

El juicio de estos expertos –teólogos filósofos, juristas, psicólogos, sociólogos- apoya y refuerza la impresión profunda de una proporción creciente de la población francesa para la que la sucesión de las generaciones no puede basarse más que en el reconocimiento de la naturaleza humana. No se trata de inventar o reinventar como si el hombre fuera “la medida de todo”, sino de recibir la cultura como un don a proteger y a hacer fructificar, respetando la naturaleza, de la que es como una flor.

Se trata, pues, más allá de la lucha contra el matrimonio gay, de una verdadera toma de conciencia de la importancia crucial de la ecología humana para nuestra sociedad.

Este nuevo ataque solapado y engañoso contra la naturaleza humana perpetrado, además, por las autoridades públicas, habrá creado un verdadero arranque en la opinión. Todo sucede como si se descubriera la importancia de la alteridad sexual, del matrimonio, de la filiación y de la familia, cuna del amor y de la vida, de la educación y de la solidaridad, y fuente de todas las riquezas humanas y económicas de la sociedad.

Desde luego, los que se oponen a la ley Taubira mantienen la esperanza de que la movilización del domingo 26 de mayo sea de tal magnitud que esta ley votada y promulgada finalmente se retire o no se aplique.

Pero incluso si esta esperanza fuera defraudada, el movimiento en marcha no se detendrá: la protesta contra esta ley inmoral, la defensa de los niños, el apoyo a los alcaldes que serán condenados como objetores de conciencia, la protesta contra el adoctrinamiento de los alumnos en la teoría de “género” va a continuar y a organizarse en toda Francia, ya que van a continuar otras leyes “libertarias” (y por tanto liberticidas), sobre la familia, la bioética,…

Por otra parte, es probable que este movimiento de oposición constructiva se internacionalice; el flagelo al que los franceses se enfrentan hoy prolifera en otros países del mundo, en Europa y en otros lugares.

Vosotros, queridos compañeros, transmitid nuestro mensaje en vuestro idioma: ¡Para defender y promover la civilización y la ecología humana, hombres y mujeres de todos los países, unámonos!

Fraternalmente:
Philippe 

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