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Jueves, 17 De Octubre
San Ignacio de Antioquía

Discípulo de los Apóstoles, murió devorado por las fieras

IGNATIUS OF ANTIOCH
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San Ignacio nació en Siria alrededor del año 35 dC, y se cree que fue discípulo del apóstol san Juan Apóstol.

Fue ordenado obispo de Antioquía y se convirtió en un miembro destacado de la Iglesia cristiana primitiva.

De hecho está considerado Padre de la Iglesia, concretamente se cuenta entre los Padres apostólicos, los que muestran cómo empieza el camino de la Iglesia en la historia.

Ignacio, conocido como Theophorus (portador de Dios), dejó varios escritos que aportaron mucha luz a la Iglesia católica entre el siglo I y el II, y también sus datos biográficos que hoy conocemos.

Fue condenado a muerte a causa de su fe, y llevado a morir a Roma donde fue devorado por las fieras a principios del siglo II, siendo emperador Trajano.

IGNATIUS OF ANTIOCH

PD

"¡Bello es que el sol de mi vida se vuelva hacia Dios a fin de que en él yo amanezca!", escribió.

¿Se carteó con la Virgen María?

No existe una fecha definitiva de la Asunción de la Santísima Madre al Cielo, pero los expertos dicen que podría haber sido como muy pronto en el año 44, y como muy tarde, en el año 55.

En cualquier caso, Ignacio probablemente estaba vivo cuando la Virgen María dejó esta tierra, y no es imposible que le escribiera una carta.

Si él era un discípulo de san Juan (el discípulo que llevó a la Santísima Madre a su casa), ciertamente tenía un medio para transmitir su mensaje. Incluso pudo haber conocido a la Virgen María durante su vida.

Cualquiera sea el caso, el documento medieval llamado Legenda Aurea relata el siguiente intercambio entre los dos. En primer lugar, san Ignacio escribe a la Santísima Madre.

A María, la portadora de Cristo, su Ignacio. Debes fortalecerme y consolarme, como neófito y discípulo de tu Juan, de quien he aprendido muchas cosas acerca de tu Jesús, cosas maravillosas que contar, y estoy estupefacto al escucharlas. El deseo de mi corazón es estar seguro de estas cosas que he escuchado de ustedes, que siempre estuvieron tan íntimamente cerca de Jesús y compartieron sus secretos. Adiós y deja que los neófitos que están conmigo se fortalezcan en la fe, por ti, a través de ti y en ti.

La Santísima Madre tuvo la amabilidad de ofrecer una respuesta.

Para mi querido compañero discípulo Ignacio, esta humilde sierva de Cristo Jesús. Las cosas que has escuchado y aprendido de Juan son ciertas. Créelas, consérvalas, sé firme en el cumplimiento de su compromiso cristiano y da forma a tu vida y conducta. Iré a verte con Juan, a ti y a los que están contigo. Mantente firme y actúa valientemente en la fe. No dejes que las dificultades de la persecución te hagan vacilar, y que tu espíritu sea fuerte y alegre en Dios tu salvación. Amén.

No está claro dónde se originaron estas «cartas», solo que la historia se transmitió a través de los años.

Independientemente de su autenticidad, las letras son una meditación fascinante. Podemos imaginarnos en el siglo primero y preguntarnos si hubiéramos escrito una carta a María, la Madre de Dios.

Era conocida en la Iglesia primitiva y habría sido una consejera solicitada, ansiosa por ayudar a otros a amar a su Hijo.

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Dijo el Señor:
«¡Ay de ustedes, que construyen los sepulcros de los profetas, a quienes sus mismos padres han matado!
Así se convierten en testigos y aprueban los actos de sus padres: ellos los mataron y ustedes les construyen sepulcros.
Por eso la Sabiduría de Dios ha dicho: Yo les enviaré profetas y apóstoles: matarán y perseguirán a muchos de ellos.
Así se pedirá cuanta a esta generación de la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la creación del mundo:
desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que fue asesinado entre el altar y el santuario. Sí, les aseguro que a esta generación se le pedirá cuenta de todo esto.
¡Ay de ustedes, doctores de la Ley, porque se han apoderado de la llave de la ciencia! No han entrado ustedes, y a los que quieren entrar, se lo impiden.»
Cuando Jesús salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarlo, exigiéndole respuesta sobre muchas cosas
y tendiéndole trampas para sorprenderlo en alguna afirmación. Lc. 11,47-54

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