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Jueves, 02 De Enero
San Gregorio Nacianceno

Amigo de san Basilio, era conocido por su gran elocuencia

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San Gregorio Nacianceno es llamado el Demóstenes cristiano por su elocuencia y en la iglesia Oriental "el teólogo" por la profundidad de su doctrina y el encanto de su elocuencia.

Es uno de los Padres Capadocios, muy cercano a los hermanos san Basilio y san Gregorio de Nicea, los llamados "Padres Capadocios" con quienes cooperó para derrotar la herejía arriana. Es uno de los cuatro grandes Doctores de la Iglesia griega.

Nació en Nacianzo, Capadocia (hoy en Turquía), el mismo año que su gran amigo san Basilio. Perteneció a una familia de santos: su padre fue un judío converso, obispo de Nacianzo por 45 años (san Gregorio El Mayor), su madre, santa Nona. Sus hermanos, santos Cesáreo y Gorgonia.

Estudió en Cesarea, en Palestina, donde conoció a san Basilio. Estudió leyes por diez años en Atenas. Entre sus compañeros de estudio estaba san Basilio y el futuro emperador, Julián el Apóstata.

Gregorio volvió a Nacianzo a los 30 años (aprox.) y se unió a san Basilio por 2 años en vida solitaria.

Aunque prefería la vida solitaria, regresó para ayudar a su padre anciano en la administración de la diócesis. Fue ordenado contra su voluntad por su padre en el 362.

Huyó para volver a la vida monacal con Basilio. Pero en 10 semanas regresó a sus responsabilidades como sacerdote. Escribió una apología sobre las responsabilidades del sacerdote.

Alrededor del 372, fue consagrado obispo por san Basilio de Sasima pero no lo aceptó. Siguió como coadjutor de su padre. Esto causó la ruptura de la amistad entre Basilio y Gregorio pero se reconciliarion después.

Se retiró por 5 años a un monasterio en Seleucia, Isauria. Al morir el emperador Valente se mitigó la persecución de los ortodoxos y un grupo de obispos lo invitaron a Constantinopla.

La ciudad había sido dominada por 30 años por los arrianos. Fue nombrado obispo. Sufrió mucho por difamaciones y persecución de los arrianos y otros herejes.

El Concilio de Constantinopla estableció y confirmó las conclusiones de Nicea. Poco después de su consagración como obispo de Constantinopla, sus enemigos pusieron en duda la validez de su elección en 381. Él, para restaurar la paz, resignó.

Volvió a Nacianzo, donde la cede estaba vacante y administró la diócesis hasta que eligieron a un sucesor. Alrededor del año 384 se retiró. Fue entonces cuando escribió sus famosos poemas y su autobiografía.

Murió en Nacianzo 25 de enero de 389 o 390.

Lo que decía san Gregorio Nacianceno sobre la oración:

"Gregorio nos enseña, ante todo, la importancia y la necesidad de la oración"

El obispo de Nacianzo decía:

"Es necesario acordarse de Dios con más frecuencia de lo que respiramos"

"En la oración, tenemos que dirigir nuestro corazón a Dios para entregarnos a Él como ofrenda que debe ser purificada y transformada"

"En la oración, vemos todo a la luz de Cristo, dejamos caer nuestras máscaras y nos sumergimos en la verdad y en la escucha de Dios, alimentando el fuego del amor".

"(Gregorio) experimentó el empuje del alma, la vivacidad de un espíritu sensible y la instabilidad de la felicidad efímera. Para él, en el drama de una vida sobre la que pesaba la conciencia de su propia debilidad y de su propia miseria, siempre fue más fuerte la experiencia del amor de Dios".

"Tienes una tarea -nos dice san Gregorio también a nosotros-, la tarea de encontrar la verdadera luz, de encontrar la verdadera altura de tu vida. Y tu vida consiste en encontrarte con Dios, que tiene sed de nuestra sed".

Artículo originalmente publicado por Corazones.org

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Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién eres tú?".
El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías".
"¿Quién eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?". Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?". "Tampoco", respondió.
Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?".
Y él les dijo: "Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías".
Algunos de los enviados eran fariseos,
y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tu no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?".
Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen:
él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia".
Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba. Jn. 1,19-28

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