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¿Cómo proteger a los hijos de los peligros del mundo?

CHILD, SAFETY, GATE

ronstik | Shutterstock

Edifa - publicado el 22/11/20

Es normal querer proteger a nuestros hijos. Pero cuando la protección se convierte en sobreprotección, impide a los niños descubrir el mundo y, por tanto, evolucionar normalmente. ¿Cómo encontrar el equilibrio entre la vigilancia y el dejarse llevar?

Hablar de seguridad en la educación, a priori, genera unanimidad. Estamos de acuerdo en decir que es natural proteger a los hijos de los accidentes y pensamos espontáneamente en esa seguridad del cuerpo y de los bienes. Sin embargo, convendría que nos hiciéramos la siguiente pregunta: “¿Qué tipo de seguridad necesita mi hijo?”.

Formular esta pregunta quizás podrá cambiar del todo algunas actitudes que no tienen razón de ser al darnos cuenta de que “dar a luz” implica un riesgo mayor: el de la vida. Nadie puede pensar en atravesarla sin accidentes.

El riesgo de la vida para descubrir el mundo

Aceptar el riesgo de la vida es permitir a nuestro hijo descubrir el mundo

Nos corresponde a nosotros enseñar a nuestro hijo a evaluar el riesgo sin impedirle constantemente que lo afronte. Una vez más, todo lo que aprendemos en la infancia, paso a paso, nos permite acercarnos a la edad adulta como personas edificadas.

¿Cuáles son los riesgos, los peligros a los que podemos dejar que nuestro hijo se enfrente y, con ello, madurar y sentirse más fuerte y más vivo?

Qué niño, después de trepar un poco alto en un árbol o escalado un peñasco un poco empinado o saltado desde una altura un poco razonable, no ha dicho con alegría: “¡Mira mamá qué fuerte soy!”.

Cómo reaccionar

¿Cuál es nuestra reacción, entonces?

Si nos dejamos guiar por la primera emoción de la sorpresa inquieta, hay grandes probabilidades de que la alegría de nuestro hijo quede destrozada rápidamente por nuestros gritos de temor frente a los peligros a los que se ha expuesto (¡y que ha superado!), por nuestros gritos de indignación frente a la desobediencia.

Dominar esta primera reacción y felicitar por el reto superado no significa avalar la desobediencia si se produce. Pero empezar por admirar la demostración permitirá, luego, que el niños sea más receptivo después a las peticiones de prudencia de sus padres.

El pequeño, como se ha visto reconocido en sus capacidades, aceptará escuchar el discurso de sus padres sobre la obediencia exigida y la necesidad de respetar la prudencia, porque estas palabras ya no serán las de una afectividad herida, sino las de unos educadores que quieren hacer crecer al educando.

Aceptar el riesgo de la vida es permitir que nuestro hijo descubra el mundo, que se apropie de él. En toda la primera infancia, este descubrimiento pasa por tocarlo y chuparlo.

Es divertido constatar hasta qué punto al niño sentado en medio de la gravilla le apasionará todo su entorno y se pondrá a chupar las piedrecitas una a una, escupiéndolas luego concienzudamente.

¿Es verdaderamente tan peligroso dejarle chuperretear piedras mientras le vigilamos de reojo? ¿Por qué irritarnos intentando en vano impedírselo?

Si la escalera de casa nos preocupa, enseñemos al niño desde muy pequeño a descenderla correctamente a cuatro patas, marcha atrás. Eso evitará a los más mayores la culpabilidad de haberse dejado abierta una barrera. ¡Ese lugar de conflicto se convierte entonces en un lugar de aprendizaje y de orgullo!

Inès de Franclieu


NADOPIEKUŃCZOŚĆ

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Tags:
educaciónhijospadres
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