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Si tu hijo está en paro evita esto a toda costa

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Conseguir un primer empleo no es siempre fácil para un recién graduado. Entre consejos, pequeños gestos de ayuda y pequeñas atenciones, ¿cómo ayudar a nuestro hijo en su búsqueda de empleo sin generar tensiones?

Con la mirada baja, Teresa vierte agua en el vaso de su hija: “¿Has salido contenta de tu entrevista, cariño?”. Laura se levanta de un brinco para salir de la habitación hecha una furia. “¿En serio, mamá? ¡Estoy harta de que papá y tú me interroguéis constantemente! Tendréis noticias de mi búsqueda de trabajo cuando las tenga. ¡No antes!”.

Desde hace varias semanas, Teresa y su marido Pedro ya no saben bien cómo actuar con su hija mayor. La joven atraviesa un periodo difícil de desempleo.

Largos meses durante los cuales sus padres han aprendido a detectar en su rostro toda la paleta de emociones negativas.

Cabe decir también que, como no puede pagar un alquiler, la hija se ha visto obligada a volver a vivir con los padres. Una situación que aceptan “porque hay que adaptarse bien”. Salvo que luego, en la casa, todo el mundo está tenso.

Y cuanto más se tensa la atmósfera, más dudan Teresa y Pedro de poder aportar a su hija una ayuda que le convenga.

Unas “ayuditas” no siempre bienvenidas

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Estos atentos padres lo han intentado todo. Todo lo que les parecía posible.

Por desgracia, cada iniciativa por su parte desencadenaba, en el mejor de los casos, una mueca escéptica de la interesada y, en el peor, un auténtico arrebato de cólera.

Lo que los padres ignoran es que se les escapa cierta torpeza en sus formas. Muy a su pesar. Empezando por este consejo paternal: “En la banca no están contratando. ¿Por qué no cambias de vía?”.

A oídos de Laura, este veredicto suena a desaprobación, sea cual sea la intención real de Pedro.

“De golpe y porrazo, mi padre hacía balance de mi carrera profesional. ¡Como si todo lo que he hecho hasta ahora no hubiera servido para nada!”.

Al día siguiente, Teresa intenta manifestarle su apoyo: “¿Cómo? ¡¿Todavía no te han respondido?!”. Esta exclamación, en apariencia anodina, falla en su objetivo, según explica el doctor Michel Debout, psiquiatra: “Para alguien que espera constantemente una respuesta, ese ‘todavía no’ es una forma de decirle: ‘¡No te mueves bastante!’”.

Otra torpeza, lo que no se dice. “Veía muy bien, por ejemplo, que mis padres quisieran preguntarme: ‘¿Qué has hecho hoy?’. Ellos esperaban la respuesta: ‘¡He tenido tres entrevistas!’. Sin embargo, todo lo que podía decirles era: ‘¡He sufrido cinco rechazos!’”.

Luego están también las ayuditas del estilo de: “He visto una oferta de trabajo que podría interesarte”. O bien: “Fulanito me ha dado su contacto. Llámale de mi parte”.

Si el interesado no ha pedido esta ayuda, puede resultar contraproducente, ya que el mecanismo de los pensamientos negativos genera entonces un giro retorcido: “Papá y mamá son muy amables por querer ayudarme. Pero en el fondo, dudan de que yo sea realmente capaz de salir adelante solo. Creen que los necesito. Como cuando era un niño”.

Y esto puede abrir la puerta a las dudas: “¿Tendrán razón? ¿Y si en el fondo no soy capaz de conseguir yo solo un trabajo? ¿O ni siquiera capaz de conseguir un trabajo en absoluto?”.

La actitud justa en relación a nuestros hijos

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Como en el caso de muchos jóvenes que viven la misma situación, las reacciones de Laura muestran que su primera necesidad es que tengan confianza en ella.

Para ello hay un único medio: que los padres aflojen las riendas. Que renuncien a encargarse de todo.

Una vez el joven consigue su titulación, es el momento de que levante el vuelo. Y eso no es algo que se pueda hacer por potestades…

Así que a los padres les toca respetar el ritmo de su hijo: sólo él o ella –con Dios– es dueño del momento en que su motivación supere los avatares del mercado de trabajo.

¿Cómo ayudar a nuestro hijo a recuperar la confianza en sí mismo? Precisamente, ofreciéndole testimonio de que no se necesita una ayuda intempestiva.

Respetar su propio ritmo es una apuesta que dará sus frutos en cuanto el joven comience a invertir el mecanismo de los pensamientos negativos: a partir de ese momento estará en condiciones de elaborar serenamente un proyecto profesional.

Pronto, la motivación, el impulso, el deseo, el valor de retomar las riendas de su vida, saldrán de él mismo. De lo más profundo de su interior.

A Teresa y Pedro les queda plantearse una pregunta paradójica en apariencia: “¿Cómo sacar a Laura de su aislamiento, respetando al mismo tiempo su necesidad de afrontar sola este periodo de su vida?”.

Un joven que busca empleo necesita recrear con su familia un vínculo de calidad. “En efecto, es necesario que los padres alimenten su vida con otra cosa aparte de la búsqueda de empleo”, insiste el doctor Michel Debout.

Basta con momentos sencillos que no tengan nada que ver con enviar currículums: paseos por el bosque, salir a tomar un café, ver una exposición, una representación teatral…

Lo importante es que el joven no se sienta juzgado por su familia, sino libre de tratar con sus allegados, si así lo desea, los temas que le preocupan.

Sobre todo que se sienta libre para relajarse, que le hace mucha falta.

“Por desgracia, la familia no comprende siempre que ya intentas durante todo el día hacer creer a tus amigos que todo te va muy bien”, lamenta Laura.

¿Qué hay del comportamiento del joven desempleado?

Dicho lo anterior, ¿el joven que busca empleo no tendría también que poner algún esfuerzo por su parte?

Volviendo la vista atrás, Laura se da cuenta de que debió, por ejemplo, guardar para ella una parte de sus dudas, en vez de compartirlas sistemáticamente con sus allegados. Con todas esas preocupaciones, ¿cómo iban sus padres a aflojar las riendas?

En la misma línea, el joven lleva todas las de ganar si logra “descentrarse”.

Con la capacidad para organizar su vida en torno a las actividades que le gustan, para ofrecer su tiempo gratuitamente, pero también para interesarse por la vida cotidiana de sus seres queridos, contribuirá en gran medida a equilibrar las relaciones en la familia.

Por último, el joven puede también entrenar a sus padres en una nueva forma de honrar a san José y la Sagrada Familia.

En unas novenas, ¿por qué no añadir una actitud contemplativa en la que cada uno se imagine al padre adoptivo de Jesús en paro, por ejemplo durante la huida a Egipto?

Incluso en unas circunstancias tan dramáticas, la Sagrada Familia supo cultivar el humor bajo su techo.

Esta disposición del espíritu y del corazón, según el padre Pascal Ide, “comienza como humildad y termina como amor”.

Así que, démonos permiso para reír con ganas: en medio de las contrariedades, es la promesa de un desenlace feliz.

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