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¿Hay que hablar de política con los hijos?

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© Roman Samborskyi
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Es imposible escapar de ella, la política está por todas partes: en la tele, en la radio, en casa… Y no interesa solamente a los adultos, sino que interpela también a los niños. ¿Hay que abordar temas políticos con ellos?

¡Cuántas veces surge el tema político en conversaciones familiares y con amigos! Nuestros hijos están presentes y comienzan algunos a mostrar interés. Pero ¿qué actitud hay que adoptar con respecto a ellos? ¿Están preparados para comprenderlo todo? Todo lo que dicen los adultos, lo que miran en sus pantallas en presencia de los niños, no les resulta neutro. ¡Rara vez son cosas que caen en oídos sordos!

Respeto ante situaciones complejas

Es importante explicar a los niños de forma sencilla los desafíos a los que nos enfrentamos en la actualidad para así formar su inteligencia. Entonces, querremos dedicar una palabra de denuncia a un mal evidente, pero conviene no condenar a las personas, que son dignas de respeto. Formar el corazón de los niños es hacerles comprender la complejidad de las situaciones.

Más allá de acontecimientos concretos, hay mucha información que nos llega a través de los medios de comunicación. a veces esa información es muy completa y aporta muchos detalles. ¡Cuidado con los más pequeños! ¿Es necesario que estén al corriente de todos los desastres: terremotos, desaparición de un avión, atentados, tiroteos, peleas en la calle, violencias de todo tipo, número de muertos por culpa de la pandemia…?

Permitirles arraigarse en la existencia solo puede hacerse en un clima de seguridad, afectiva primero, pero también de orden psíquico. Esta seguridad a menudo se ve dañada por una confrontación precoz con todos los males que perturban a los niños.

Ante todo, formar el espíritu crítico y despertar la conciencia

Por otra parte, aunque parece importante despertar poco a poco a los niños a la vida política, para ello es necesario tener profundas conversaciones sobre el auténtico papel de la política, recordar que esta hermosa función está al servicio de la nación y que su misión primordial es servir al bien común.

Nuestro discernimiento y nuestra elección solo pueden formarse en relación con esas nociones universales que son el zócalo de nuestra reflexión. Estas nociones nos evitarán caer en el relativismo y en lo políticamente correcto. Lo políticamente correcto nos impide tomar elecciones libres y nos ata a la mirada de los demás.

Para formar la inteligencia y el corazón de los niños, para despertar su reflexión, es obligatorio el diálogo.

Dejar a los niños delante de la tele, ofrecerles solamente diarios gratuitos como fuente de información, esto no forma su juicio, sino que los expone al riesgo de formatearlos hacia ese pensamiento único.

Es también arriesgarnos a poner todos los acontecimientos en el mismo plano: tanto una noticia de sucesos como la de la promulgación de una ley social. Ni que decir tiene que los adolescentes podrán ver perfectamente un debate televisado, que sabrán analizar gracias a su espíritu astuto. Entre la sobreprotección y la sobreexposición, se encuentra la educación en un equilibrio delicado…

Inès de Franclieu

 

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