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¿Conviene regalar una mascota a un niño?

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Monkey Business Images | Shutterstock
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Un animal puede ser  el amigo y compañero que tu hijo necesite, a veces desde su más tierna infancia. Descubre todos sus beneficios que puede aportar una mascota a tu hijo. 

Mickey, Dumbo, Bambi, Nemo… Desde una edad muy temprana, el universo familiar de los niños está poblado de animales. Muchos son sus héroes preferidos, protagonistas de cuentos que les sirven de espejo pues se enfrentan a situaciones que el niño encuentra en la vida real.

Por otra parte, el contacto con animales reales de carne y hueso, como dicen los niños, puede ser una experiencia única para ellos y puede darles la ocasión de hablar de sus penas y alegrías.

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Brian Tomlinson-(CC BY 2.0)

Un confidente siempre disponible

La comunicación sin palabras no impide que el animal sea un verdadero compañero de juegos, siempre dispuesto a escuchar y dotado de cualidades esenciales: paciencia y disponibilidad.

Esta comunicación entre el animal y el niño es espontánea, evoluciona con la edad y con el aprendizaje verbal del niño, hasta que pueda «entrenar» a su compañero. Pero ya mediante sus gestos, el niño comprende que puede provocar reacciones inmediatas y gratificantes: las caricias hacen ronronear al gato, una pelota lanzada hace correr al perro.

A finales de la década de 1950, el psiquiatra infantil Boris Levinson fue el primero en publicar escritos dedicados enteramente a los efectos beneficiosos que los animales podían tener en los humanos. Dijo que el animal puede ser un buen confidente.

Dan su amor incondicionalmente, no condenan y nunca envían una imagen negativa. Este intercambio le da al niño la sensación de ser comprendido y sobre todo escuchado sin ser juzgado. Lleno de confianza, el niño puede expresar sus sentimientos, confiar sus miedos, penas y rebeliones a su mascota, consolarse y reconfortarse.

Observar y escuchar a un niño en presencia de su mascota puede ayudar a los padres a conocer a su hijo. ¿Cuál es el tono de voz con el que le habla el niño? ¿Qué le dice? ¿Acaso necesita más afecto? ¿Se siente suficientemente escuchado?

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Donnie Ray Jones / CC BY-NC 2.0

Afectuoso y tranquilizador

Numerosos trabajos científicos han demostrado los beneficios de una mascota. En 2015, la Dra. Anne Gadomski del Instituto de Investigación del Centro Médico Bassett en Nueva York (EE.UU.) y su equipo descubrieron que tener un perro en casa podía reducir la ansiedad o el estrés de los niños.

El simple hecho de acariciar a un animal disminuye la presión sanguínea. La presencia de un perro puede ayudar a los niños a hacer frente a los retos de la vida como la muerte, la mudanza o el fracaso escolar. Es un elemento de apego que tranquiliza.

El psiquiatra Boris Cyrulnik, que ha trabajado estudiando las infancias infelices, ha observado que «el animal desencadena una emoción estimulante y tranquilizadora en el niño y crea un sentimiento de amor puro».

El animal también puede ser un buen pedagogo, por ejemplo para el despertar sensorial del niño. Como psicomotricista, Yolande ha notado que «el animal comunica su vivacidad y espontaneidad a un niño. Gracias a ello, el bebé enriquece su paleta de sensaciones (calor, olor…), y luego su control gestual».

Elisabeth, una joven madre, está de acuerdo: «Durante sus juegos, el animal anima al niño a sentarse, ponerse de pie, luego correr, saltar…». Ayuda a desarrollar la expresión corporal, la autonomía y la iniciativa facilitando el juego y la exploración.

La imaginación y el lenguaje de un niño se enriquecen con el contacto con el animal. Los padres lo confirman: gracias al animal, el niño descubre que el comportamiento oculta las emociones.

Sus compañeros peludos o con plumas le ayudan a entender mejor cómo funcionan los seres vivos. Están tristes o asustados, etc.

PUPPY DOG
Andy Omvik I Unsplash

Un amigo que responsabiliza al niño

Los gatos, perros, pájaros y otros animales desarrollan el sentido de la realidad del niño mostrándole la necesidad de reglas y límites que no deben traspasarse. Si a los peces dorados se les da demasiada comida, pueden morir. Si la cola del perro se tira demasiado fuerte, muerde, etc.

No es un juguete, es un ser vivo que debe ser cuidado. Tener un compañero así en el hogar implica limitaciones y obligaciones. Cambiar la paja del conejillo de indias o el agua del pez dorado puede ser exigente a largo plazo.

A medida que los niños crezcan, se volverán cada vez más responsables: alimentarán a su pájaro, pasearán a su perro, cambiarán la caja de arena de su gato. Esto es una fuente de orgullo para él, una buena manera de ganar confianza en sí mismo y en su entorno.

También aprenderá que el animal tiene sus propias reacciones y que su paciencia tiene límites. El perro se cansa de jugar, el gato se rasca, etc. El niño se ve obligado a adaptarse.

Bruce Fogle, veterinario y especialista canadiense en comportamiento, recomienda «enseñar a los niños a reconocer las señales de molestia e ira del perro y el gato».

Dos reglas de oro:

  • Dejar a los animales en paz cuando duermen o comen.
  • Y dejar claro a los niños más pequeños que deben tener cuidado con los perros y gatos que no conocen, y que no están acostumbrados a su presencia.
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Public Domain

Cuando el animal se convierte en un terapeuta infantil

Los beneficios del animal son particularmente evidentes en el caso de los niños con algún trastorno o discapacidad. Ya se conocen muchos casos en los que personas con tendencia a encerrarse en sí mismos han logrado expresar sus emociones e interactuar con su compañero. Y otros casos en los que animales han ayudado a recuperarse o a superar la depresión.

Samuel Ross, médico y pionero de las granjas educativas en los Estados Unidos, habló de la terapia animal: «Si pones en sus brazos a un animal que los acepta tal como son, su perspectiva de la vida cambia radicalmente. Este contacto desarrolla un vínculo de amor, una primera relación de confianza, ¡y está hecho!»

Por supuesto, un animal nunca reemplazará a los padres, los amigos, un hermano o una hermana, pero puede hacer que un niño momentáneamente incómodo se sienta mejor o acabar problemas de timidez o de falta de comunicación y/o empatía.

Karine-Marie Amiot

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