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Un Viernes Santo lo vi en la Cruz. Ese momento cambió mi vida. (Un fuerte testimonio)

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Se cuenta que san Francisco de Sales visitó a un enfermo que se quejaba de no poder hacer sus oraciones por causa de sus padecimientos. El santo con la sabiduría que viene del cielo le respondió para tranquilizarlo: “Es mejor estar en la cruz con el Salvador que mirarle solamente”. A menudo pienso en ello, sobre todo cuando atravieso un momento de aflicción o temor.

Dicen los entendidos que la perfección consiste en aceptar de buen agrado todo lo que Dios permita que ocurra en nuestras vidas, porque será para la salvación de nuestras almas.

Hoy todo me señala la cruz, la cruz de Cristo. Pienso en los cientos de médicos, enfermeras y pacientes que hoy lo acompañan en esa Cruz, y sufren con Jesús durante esta cruel Pandemia.

“Señor apiádate de la humanidad. Perdona nuestros pecados”.

No es fácil seguir a Jesús. Eres discípulo de un crucificado injustamente. No esperes que te traten mejor o diferente. Las Sagradas Escrituras te lo advierten con claridad: “Si te has decidido a servir al Señor, prepárate para la prueba”. Y créeme, esas pruebas no demoran en llegar. Te enseñan a ser humilde y justo y misericordioso.

Lo recuerdo bien. Un día lo miré en la cruz y comprendí sus motivos de amor para este enorme sacrificio, dar la vida por nosotros.

Entonces pasó. Me vi de pronto como era realmente, como él me veia, y no me gusto. Ese momento infinito, sin tiempo, cambió mi vida.

Hoy guardaré un devoto silencio para contemplarlo en la cruz. Tomaré el libro que tenía mi papá en sus manos al momento de su muerte, “La Imitación de Cristo” de Tomás de Kempis. Es un libro que ha influido mucho en mi vida sobre todo porque siendo hebreo, era el libro de lectura de mi papá en medio de su dolorosa enfermedad.

Me lo quedé cuando él partió. Y descubrí sorprendido que tenía subrayadas muchas partes que lo habían impresionado. El libro tenía sus hojas gastadas lo que significaba que lo leía a menudo. Una de esa parte con rayones rojos decía:

¿Por qué temes tomar la cruz, por la cual se va al reino? En la cruz está la salvación, en la cruz la vida, en la cruz está la defensa contra los enemigos; en la cruz está la suavidad sobrenatural, en la cruz está la fortaleza del corazón, en la cruz el goce del espíritu, en la cruz la suma virtud, en la cruz está la perfección de la santidad.

No hay salvación del alma ni esperanza de la vida eterna sin la cruz.

Toma, pues, tu cruz sigue a Jesús, y llegaras a la vida eterna. Él fue delante llevando su cruz y murió en la cruz por ti, para que tú lleves la tuya y desees morir en la cruz. Porque si mueres con Él, vivirás también con Él. Y si eres compañero de la pena, lo serás también de la gloria”.

Y en otra página: “Si desechas una cruz, hallarás otra, y quizás más pesada. ¿Crees poder evitar lo que no pudo evitar ningún mortal?”

Nunca encontrarás un amor más grande que el que nos muestra Jesús desde su cruz.

Hy Viernes Santo, contémplalo con amor y dile que le quieres, una y otra vez, porque Él merece esto y más.

«Gracias buen jesús, por tanto amor».

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