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Un nuevo libro católico sobre el Día Final (Te lo recomendamos)

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 El oficio de escritor es un poco solitario, pero también maravilloso. Estás frente a un ordenador, lleno de notas, apuntes, ideas, papeles sueltos. Y te dedicas a ordenarlos y escribir tus impresiones. En mi caso hago salidas esporádicas con Vida, mi esposa, por un buen café y panecillos calientes y por la tarde salimos en familia. De vuelta a casa en la noche, continúo escribiendo.

Me gusta compartir el proceso de escribir un libro católico.  Mis dos libros más vendidos, no pensé escribirlos: “El Sagrario” y “El Mundo Invisible”.

“El Sagrario” fue a petición de una abuelita que me llamó preocupada porque veía a menudo el sagrario abandonado de fieles. Quería que escribiera el libro para que las personas supieran quién habitaba allí, que Jesús VIVO, los esperaba. No imaginas la cantidad de testimonios hermosos que recibo por ese libro.

El segundo, “El Mundo Invisible” surgió al leer las palabras del Papa Francisco sobre el demonio en la Iglesia, cuando pidió que rezáramos.  Su existencia poco se toca en los sermones de los sacerdotes. Y casi nadie habla de la presencia  del demonio en el mundo. Lo tratan en las películas y lo imaginan como una fábula inventada para que te portes bien. Mientras lo escribía tuve algunas experiencias desagradables, que me erizaron la piel. Aun así, continué hasta terminar el libro. Lleva semanas en primeros puestos de ventas y ha ayudado a muchas personas.

Viendo estos resultados decidí nadar más hondo, moverme en aguas profundas y estudiar un tema polémico del que se habla mucho: “Las Profecías del Apocalipsis”. Hay muchas opiniones en este campo. Algunos sugieren que nunca va a pasar, que es una metáfora, otros aseguran que se refiere a sucesos que ya ocurrieron y hay quienes piensan que es inevitable. Va a ocurrir. La Palabra de Dios siempre se cumple. Me encuentro en este último grupo.

Me preparé por meses. Leí con detenimiento el Apocalipsis de san Juan. Escuché charlas y homilías de sacerdotes. Consulté, leí mucho. Busqué información sobre las profecías. Recé pidiendo a Dios su Espíritu Santo para poder comprender, yo que poco comprendo sus misterios. Y empecé a escribir el libro.

Pasaron los días. Me levantaba muy temprano para escribir. De pronto me sentí en medio de una encrucijada. Comprendí una verdad fundamental. Cuando se trata de las Escrituras es importante que nos las expliquen. Al menos yo, necesito que me orienten. Cuando se trata del apocalipsis, la confusión es grande. Algunas partes son gráficas y fáciles de comprender, pero otras, llenas de símbolos y misterios por revelar, son confusas.

«Tocó el cuarto ángel su trompeta, y quedó afectada la tercera parte del sol, de la luna y de las estrellas; perdieron un tercio de su claridad, la luz del día disminuyó un tercio, y lo mismo la de la noche.»  (Apocalipsis 8, 12)

La homilía de un sacerdote me hizo comprender lo que estaba buscando y encaucé el libro por un nuevo sendero.  Él dijo:

“Muchos se preocupan por el fin del mundo. No se dan cuenta que el mundo termina para ellos el día de su muerte”.

Decidí dirigir el libro sobre el camino que puedo transitar, la preparación para el encuentro con Jesús, el día de nuestra muerte. Por eso lo titulé: “EL DIA FINAL”.

El libro está lleno de testimonios, anécdotas y reflexiones sobre el fin de nuestras vidas y lo que Dios espera de nosotros mientras vivamos. Al terminar, cuando escribí las últimas palabras comprendí.

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