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Anécdotas con la Beata sor María Romero.

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Te he hablado de Sor María Romero Meneses, una religiosa salesiana que desarrolló una gran obra social en Costa Rica. Su vida estuvo acompañada por lo sobrenatural, y la presencia de Dios. Fue una consentida de Jesús y de María Auxiliadora.

Había comentado que deseaba morir frente al mar. Y así ocurrió un 7 de julio de 1977, en Nicaragua.

En sus viajes solía llevar una maleta grande que traía de vuelta con ropa y regalos para sus pobres. En su último viaje no la llevó: Sor Laura Medal, su asistente se lo hizo saber. Cuentan que respondió: “No sor Laura, para este viaje no la voy a necesitar”.  A una joven estudiante de música le predijo: “Usted tocará el día de mi entierro”. Y así fue.

Mi mamá fue una de sus primeras misioneritas, siendo estudiante,  la conoció muy bien. Hace unos días estuve conversando con ella sobre sor María. Me mostró los recuerdos que guardaba, recortes del hábito de sor María, medallitas que sor María se quitó del hábito para darle a mi mamá, libros autografiados y anotaciones de su puño y letra.

Fueron tantos los milagros que ocurrieron en vida de sor María que sería imposible describirlos aquí. En mi casa vivimos un par. El primero cuando mi mamá aún estudiaba.

En el Libro: “Las Obras Sociales de las Hijas de María Auxiliadora, en san José de Costa Rica”, encontré una historia que escuché de niño. La escribió sor María.

UNA GRACIA SINGULAR DUPLICADA.

María Felicia Soto, alumna de V año  del Colegio de Señoritas, era una jovencita excesivamente nerviosa, pero sencilla, modesta y jovial. Viene un día al Colegio a pedir oraciones y remedio para curarse de sus nervios y salir bien en los exámenes finales. Se le dice por consejo que preste ayuda en el Oratorio del Barrio Keith.

Acepta el consejo y desde el siguiente domingo comienza a asistir a las niñas, a jugar, a cantar, y enseñar el catecismo. La Virgen por su parte no se queda atrás, y la tranquiliza los nervios y le concede el consuelo de sacar muy buenas notas en todas las materias…”

Cerré el libro y le pedí a mi mamá que me contará el resto.

En esos días tenías que presentar ante un jurado una tesis de graduación.  Colocaban una urna con fichas, cada una con el número de una tesis diferente. Mi mamá le pidió a la Virgen que le dijera el número de su tesis para estudiarla, y mientras rezaba con las manos partía pedacitos de papel. Mi abuela la llamó para cenar y cuando se levantó vio en el piso el número 14 perfectamente dibujado con los pedacitos de papel.

Llamó emocionada a mi abuela para que lo viera y fuera testigo.

Al día siguiente les contó a todas sus compañeras y empezó a estudiar esa tesis.

La mañana del examen cuando entró al salón, las alumnas que sabían se arremolinaron afuera de la puerta esperando lo que estaba por ocurrir. Mi mamá confiada metió la mano en la urna, tomó dos fichas, soltó una y dijo al jurado examinador: “El número que saldrá es el 14”.  

Sacó la mano y gritó asombrada: «¡CATORCE!  ¡CATORCE!»

Afuera se formó un escándalo, un griterío.

Mi mamá tuvo una puntuación perfecta y al terminar le pidieron los profesores que explicara lo ocurrido. Quedaron admirados y sorprendidos. Luego fue donde sor María a contarle emocionada lo que había pasado y  le entregó el dinero que le obsequiaron en premio por su bachillerato, para cumplir su promesa a María Auxiliadora.

Mientras hablaban llegaron unos empleados de la fábrica Saprissa a entregar unos pantalones para los niños, que sor María había encargado.

“¿Cuánto es?”, preguntó sor María.

“Ochenta y cinco colones”.

La suma exacta que mi mamá le acababa de entregar a sor María.

 

……….

En este enlace podrás escuchar una entrevista radial en la que mi mamá nos cuenta algunas de sus VIVENCIAS CON SOR MARÍA ROMERO.

 

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