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CAMINAR con las vestimentas de JOB

© SHUTTERSTOCK
La represión sexual provoca problemas mentales
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A menudo cuando enfrento un problema que escapa a mis manos y mi capacidad para resolverlo, sencillamente me abandono en las manos de Dios.

Soy trigo en sus manos. Dispuesto para pasar por su molino.

Si Él  quiere triturarme, bendito sea y si quiere liberarme de este peso, bendito sea también. Lo aceptaré todo con resignación. Pidiéndole la gracia para nunca dejar de amarlo.

Es mi padre y tengo la certeza que cualquier cosa que me ocurra,  por más mala que parezca, siempre será para un bien mayor.

Hace poco sufrí la persecución. Me acusaron injustamente.  Sufrí.

Ante esto me senté a reflexionar.  Estaba por enfrentar una batalla desigual.  David contra Goliat. ¿Qué hacer?

Mi mayor tentación fue desconfiar de Dios y le preguntaba por qué permitía este sufrimiento. Pasé largas horas en oración.  Y tomé una resolución personal, mi estrategia espiritual:

  1. Confiaría en Dios, a pesar de lo que pasara.
  2. Daría gracias a Dios siempre, porque sabía que esto, de alguna forma que aún no comprendía, sería para mi bien.
  3. Perdonaría a todos los que buscaban hacerme daño y  pediría a Dios por ellos.
  4. Evitaría pensar mal.

Cada vez que me llegaba un pensamiento de estos, leía lo que escribí en la palma de mi mano:

“NO DEBO CRITICAR, DEBO AMAR”.

Al final todo se solucionó.  La verdad prevaleció.

Mejoré como persona, se afianzó mi fe y confianza en Dios.  

Me di cuenta que NUNCA me dejó solo.  Siempre cuidó de mí. Y le estoy agradecido.

Ahora cada vez que cometen una injusticia en mi contra, la tomo en mis manos y la ofrezco.

Me han preguntado muchas veces si comprendo a Dios.

¿Cómo hacerlo? Yo soy sólo una creatura temporal, Él un Dios inmortal, todopoderoso, misericordioso, justo.

No he hecho nada para ganarme su amor. Por eso lo veo todo como gratuidad. Dios lo da porque le place y porque nos ama.

 En medio de aquél torbellino, busqué consejo y cuando le conté el problema que estaba por enfrentar a mi amigo Juan Horacio, me dio este sabio consejo : “Ponte las vestimentas de Job”. 

¿Qué significado tendría?

Para comprenderlo, te recomiendo leer a Job.  Te va a encantar.  Es todo un personaje.  Soportó con estoicismo sus pérdidas, la enfermedad, la incomprensión  sus amigos.

Job lo soportó todo hasta el final, y Dios premió su fidelidad.

Es una fe impresionante, absoluta.

Ama a Dios, y aunque no lo comprende, confía.

“Usa las vestimentas de Job”.

Sé como él… humilde, obediente, y deposita tu confianza en Dios.

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