Aleteia

Nunca sabes hasta dónde puede llegar un Rosario (Un testimonio sorprendente)

Comparte
Era un jueves. Lo sé bien porque los jueves son mis días favoritos, cuando visito a Jesús Sacramentado. Creo que en alguna ocasión te lo he contado, grandes milagros curren los jueves, al menos para mí.

He comprobado que las mejores cosas en mi vida por lo general ocurren un jueves. ¿La mejor de todas? La Hora Santa cuando puedo estar de frente con Jesús, mirándolo, sabiendo que Él me mira, hablándole, sabiendo que Él me habla; amándole, sabiendo que Él me ama muchísimo más de lo que yo jamás en esta vida podré amarlo.

Los Jueves Eucarísticos son para mí, días de encuentro con el buen Jesús y los aprovecho para decirle que le quiero y agradecer tantos favores y gracias que nos da a todos, a ti y a mí.

Como a las 9:00 am de aquél jueves, timbró el teléfono en mi casa. Del otro lado de la línea escuché la voz suave de una joven mujer.

-Soy catequista -me dijo -de un grupo de jóvenes confirmandos. Todos de un sector de escasos recursos. Están por graduarse y me gustaría obsequiarles algunos de sus libros juveniles sobre la fe ara el crecimiento espiritual, autografiados por usted, si es posible.

La idea me encantó, y me impresionó, por la nobleza del gesto. En seguida acepté.  Me envío un listado con los nombres de sus alumnos. Y pasé un rato dejando mensajes personalizado en cada libro para tocar el corazón de algún joven.

Nos encontramos aquella tarde en la Iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, en Carrasquilla, Panamá. Le entregué el paquete con los libros y nos sentamos en una de las bancas para conversar unos minutos. La verdad es que estaba intrigado. Tenía curiosidad. ¿Qué movía a una persona a tener un gesto de tanta nobleza?

Me contó que era enfermera y que amaba mucho a nuestro Señor, que para ella visitarlo cada día en el sagrario era un alimento espiritual que la fortalecía en medio de tantas adversidades que estaba viviendo. Que Jesús sabía consolarla y le daba gracias especiales.

En agradecimiento, se hizo catequista y ayudaba a los jóvenes a orientar sus vidas. Otras cosas que me dijo, las guardo para mí.

Me conmovió mucho.  No sabía por qué, ni lo supe en ese momento. Metí la mano en el bolsillo de mi pantalón y saqué mi rosario. Es algo muy íntimo, personal, pero lo puse en sus manos.

̶ No suelo hacer esto, es mi rosario personal, lo rezo con fervor cada vez que puedo. Ahora es tuyo. Rézalo ofreciendo todo a Jesús, pidiendo a su Madre Santísima que nos proteja a todos.

A cambio y en agradecimiento, me obsequió su rosario. Fue un bonito intercambio.

De pronto, inesperadamente vino la Pandemia y todos tuvimos que quedarnos en casa, en una cuarentena obligatoria. Te lo cuento porque hace unos días recibí un mensaje de esta joven catequista, bellísimo, que me impactó. Venía acompañado de una foto y te comparto ambos.

Es enfermera en áreas críticas de un hospital, por el coronavirus. Me envío esta foto extraordinaria. Mira lo que tiene en sus manos,mi Rosario, el que le obsequié y lee las sorprendentes palabras que me escribió.¡Qué maravilla!

 

Te dejo un audio de este articulo para que lo escuches y por favor compártelo con aquellos que tiene dificultades para leer, están enfermos y no pueden moverse, o sencillamente necesitan una voz de aliento en sus vidas.

 

 

Qué te parece si esta noche rezamos el santo Rosario y lo ofrecemos por las enfermeras y doctores y auxiliares y todos los que trabajan en los hospitales, que nos cuidan y nos sacan adelante en esta Pandemia? Lo merecen, con creces.

Dios te bendiga!

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.