Aleteia

No dejemos solos a nuestros sacerdotes en Navidad. (Un testimonio impactante)

Comparte
Se aproximan los días que más disfruto del año. El nacimiento del pequeño Jesús, quien a lo largo de mi vida ha resultado ser un gran amigo.

Recién cumplí 60 años. Nunca imaginé lo rápido que pasaría el tiempo. Apenas ayer tenía 18. Y ya ves.

Un conocido me ha dicho: “Nos ponemos viejos Claudio”.

Sonreí agradecido y respondí: “Es genial. Significa que hemos vivido”.

Me preguntas por la Navidad. La vida siempre te da opciones y tú debes elegir. Para esta Navidad puedes estar triste y añorar el pasado, sentirte sola. O puedes festejar el amor, la esperanza que nos viene de Dios.

Yo elijo vivir a plenitud la Navidad…

«Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre «Maravilla de Consejero», «Dios Fuerte», «Siempre Padre», «Príncipe de Paz»» (Isaías 9, 5)

Qué grande y maravillosa es la Navidad.

El gozo es interior. Tú y Dios.

Si sientes la necesidad de darte a los demás y compartir, ve a tu parroquia, apúntate de voluntaria para alguna actividad, que de seguro habrá muchas para los días previos y posteriores a la Navidad.

Estos son días de alegría interior.  No permitas que nada te perturbe o te quite ese regalo del cielo, tu paz interior.

¿Y tu párroco? ¿Cómo pasará la Navidad? ¿Lo invitarás a tu casa?

Un amigo me contó de este buen sacerdote que, al salir de visitar enfermos en un hospital la noche de Navidad, cenaba en una estación de servicio. Comía un emparedado y un refresco, porque no tuvo quien le invitara a su casa.

No dejemos solos a nuestros sacerdotes en Navidad. Les debemos mucho. Demasiado.

Cuando acudo al confesionario siempre encuentro una acogida fraternal, una amable sonrisa y los mejores consejos.

¿Sabes su nombre? Cuando encuentro al párroco de mi parroquia siempre me saluda por mi nombre: “Claudio, ¿cómo va la vida?”

Cuando tengo una dificultad, sé que cuento con él para un consejo o al menos tener quien me escuche.

Me han enseñado el valor de amar al prójimo.

Créeme, si amas comprenderás muchas cosas. El amor es como un filtro que no deja pasar los malos pensamientos, o los perjuicios. Te ayuda a perdonar y ser feliz, a acoger al necesitado y abrazarlo. Te muestra el mundo desde una perspectiva diferente.

Por tanto, no dejes solo al sacerdote de tu parroquia para Navidad. Que sepa que ustedes son su familia, que alguien le agradece tantos sacrificios. Que somos agradecidos.

Te dejo con estos bellos cantos Navideños.

¡Dios te bendiga!

 

https://www.youtube.com/watch?v=4z0FNG-z4Hs

 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.