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La Virgen me ha salvado (Una historia sorprendente)

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Hace muchos años escuché en una homilía una historia sorprendente. El sacerdote detuvo su charla y nos dijo: “Hay una historia de fe que conmueve, me ocurrió hace tiempo y tuve la gracia de participar como sacerdote. Todos los involucrados han partido al cielo por lo que me permito compartirla con ustedes…”

Todos escuchamos atentos aquel relato, casi sin respirar, ni movernos, de lo emocionante que era.  Terminaba cuando este hombre enemigo acérrimo de la iglesia y nuestra fe, arrepentido de tantos pecados por una experiencia espiritual que ha tenido, acude a la confesión sacramental, participa devotamente de la santa Misa y comulga con fervor. Al terminar la misa se acerca al buen sacerdote y le confía: “La Virgen me ha salvado”. Es una historia impactante. En medio de su vida de pecados la Virgen acudió a rescatarlo para el cielo.

A veces Jesús le permite a su madre venir en nuestro auxilio, no en vano la llaman: “Auxilio de los cristianos”. Viene a aconsejarnos: «Recen, recen mucho y hagan sacrificios por los pecadores. Tienen que recordar que muchas almas se condenan porque no hay quién rece y haga sacrificios por ellas».

Aquellos que te dicen que solo Jesús salva, que no hay más intercesor ante Dios, tienen razón, pero olvidan algo “FUNDAMENTAL”. La Virgen María es la Madre de nuestro Salvador. Los buenos hijos honran y aman a sus madres y Jesús es el mejor de todos los que han existido.

Él jamás le negará un favor que le pida su madre, cuando es para nuestro bien.

Si insisten pídeles que acudan a las sagradas Escrituras. Sugiere que lean Juan 2, 1-11. Allí aclararán sus dudas y aprenderán a confiar y acercarse con amor a nuestra buena madre que intercede ante su hijo por nosotros.

«Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino.» Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.» Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga.» Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. «Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala.» Ellos lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.» Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos.»

¿Notaste que en el texto bíblico subrayé una palabra especial?: “SU MADRE”.

La Virgen siempre está pendiente de nuestras necesidades. Lo sé por experiencia propia.

Desde niño experimento su ternura y protección. Es mi Madre, tu Madre.

No temas acudir a ella en los momentos de necesidad. Escuchará tu oración y le pedirá a Jesús por ti.

 

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