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La vida extraordinaria de la Beata sor María Romero Meneses

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Se aproxima el aniversario de la muerte de la Beata sor María Romero Meneses. Le debemos mucho en mi familia, por eso acudí a una persona muy cercana de sor María, que la conoció muy bien: Mi mamá, María Felicia Soto Estrada. Y le pedí que me contara de sor María.

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CÓMO LA CONOCÍ

Siendo niña me hablaron de ella y quise conocerla. Era una religiosa salesiana nacida en Nicaragua, pero que realizaba sus obras sociales en Costa Rica.

Fui una mañana al Colegio de María Auxiliadora en la Sabana de san José.  Ella me preguntó si quería ser misionerita. Tenía 16 años. Estudiaba en el Colegio Superior de Señoritas.  Yo le pregunté qué era eso, qué tenía que hacer. Y ella me explicó que los domingos por la tarde tenía que ir a los barrios pobres y recoger a los niños, avisarles que traía una buena nueva.  Así formamos un grupo y todos los domingos me esperaban.

Yo jugaba con los niños y les daba clases de catecismo. Sor María solía pasar por allí y los pequeños se ponían felices cuando la veían llegar.  Era como si supieran que ella los quería salvar. Sentían una gran emoción.  Siempre les llevaba una palabra de aliento y les regalaba dulces.

Sor María llamó a estos grupos en todas las barriadas marginadas, “los oratorios festivos”. Eran ambulantes, como en los tiempos de Don Bosco.  Estaban en las plazas, en las calles,  en el parque de una iglesia. Yo trabajaba en el oratorio de Barrio Keith en plena calle. 

El fin de sor María era separar los niños de los malos caminos y acercarlos a Dios.

Firma de la Beata sor María Romero

UN MILAGRO

Por experiencia sabía que eran ciertas estas palabras de Don Bosco:

“Propagad la devoción a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora y veréis lo que son los milagros…!”

Al final de año sor María les regalaba a todos los niños de los oratorios una muda de ropa nueva. Para una navidad los ladrones se robaron la ropa de los niños. Sor Laura Medal, que era la mano derecha de sor María se le acercó muy preocupada y le dijo discretamente: “Estamos en problemas. Se robaron la ropa de los niños”. Sor María le respondió: “No diga nada. Tranquila. Todo se va a solucionar”.   Y se fue a la capilla a rezar y pedirle a Jesús Sacramentado que la ayudara.

Al día siguiente en el cuarto donde la guardaban, apareció la ropa. Sor Laura buscó a sor María impresionada para decirle: “Sor María, la ropa no sólo apareció sino que se multiplicó. Tenemos más de lo que había antes”.

SU PARTIDA AL CIELO

Cuando sor María murió ya yo estaba casada y vivía en Panamá. Fue el 7 del  7 del 77 (7 de julio de 1977). Esa mañana yo amanecí llorando desconsolada. No sabía por qué lloraba. Era una sensación de tristeza muy honda. Cuando en eso me empezó a llamar gente que me conocía desde Costa Rica y que sabían que sor María era una persona muy importante en mi vida. Y me contaron.

Ella había dicho: «Qué lindo sería morir frente al mar, porque yo veo a Dios en cada gota».  Murió en Nicaragua, donde había nacido, en una casa, frente al mar.

Cada vez que sor María regresaba a Nicaragua llevaba un baúl grande porque le regalaban cosas para sus obras.  De vuelta a Costa Rica traía el baúl lleno de objetos que le habían regalado. Esa vez, sor Laura le dijo: “Sor María, ¿y usted no va a llevar el baúl?” Sor María sonrió y respondió: “No, en este viaje no lo voy a necesitar”.

LA ORACIÓN

Sor María Romero me dijo una vez: “Rece esta oración siempre que tenga algún problema de un hijo, del esposo o de una amistad.  Esta oración se hace trazando la santa cruz muy despacio en la frente, en los labios y en pecho”.

Ella decía: “Al diablo le basta un hilo para impedir que un alma vuele a Dios”. Por eso debemos orar y pedir por nosotros y por los demás.

Hay diferentes versiones de la oración, ésta fue la que me enseñó:

“Pon tu mano Madre mía,
Ponla antes que la mía.
Líbranos del demonio
Y de todo mal.
María Auxiliadora, triunfe tu poder y tu misericordia.
Y cúbrenos con tu santo manto.
Oh María concebida sin pecado, rogad por nosotros
que recurrimos a vos”.

Sor María me enseñó a amar a María Auxiliadora, me enseñó que no somos huérfanos de madre, porque tenemos una madre del cielo con la cual podemos contar. Una madre que nos protege y nos cuida.

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En este Video puedes conocer la vida  extraordinaria y el gran milagro que sirvió para beatificar a sor María Romero.

 

 

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