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¿Has experimentado alguna vez la presencia del Espíritu Santo? (Un bello testimonio)

HOLY SPIRIT,DOVE
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Debo reconocer que, como católico, apenas conocía al Espíritu Santo. Mis referencias eran pocas: el bautismo de Jesús, Pentecostés y la Anunciación. Necesitaba saber más de Él. Empecé a leer libros, conversar con sacerdotes, amigos y a diario en un pequeño oratorio cercano a mi casa le imploraba: “Necesito conocerte, si quieres que escriba este libro, pues apenas sé de ti”.

Iniciaba así una de las mayores aventuras de mi vida, la búsqueda del Espíritu Santo. Lo que descubrí aún e tiene impactado. Es un TESORO que va más allá de nuestra imaginación.

Dios es insondable y con nuestra limitada y humana capacidad de entendimiento jamás podremos tener el “conocimiento pleno de Dios”. Comprendemos lo poco que nuestras limitaciones nos permiten. Isaías lo entendió cuando cansado le dijo: “Verdaderamente tú eres un Dios que se esconde”.

Paso mis días entre mis escritos, mi familia, las visitas al sagrario y mis reflexiones.  Paso los días pensando en Dios y su bondad infinita. Mis días transcurren tratando de encontrarlo, conocerlo y amarlo. Esta es la gracia que a diario le pido: “Que pueda amarte siempre más, Señor”.

PODEMOS CONOCER AL ESPÍRITU SANTO recibiendo  sus grandes dones y su unción que va a transformar tu vida. 

¿Qué puedes hacer mientras tanto? rezar con fervor, confiar en la santa voluntad de Dios nuestro Padre, vivir con el alma pura, limpia, para que pueda habitar en nosotros ya que las escrituras nos dicen con claridad que somos templos de Dios.

Y, lo más importante, pide a Dios con insistencia, que nos envíe al Espíritu Santo, para bien de nuestras almas y de la Iglesia.

El problema es que vivimos de nuestras apetencias, de los material y temporal. El demonio lo tiene claro y nos hace desear lo que no es nuestro, lo que se acaba con esta vida.  Olvidamos, cegados por los deseos de este mundo, nuestra grandeza como hijos de Dios y que todos somos hermanos.

Conviene no abandonar nunca la oración, pues sin ella estamos perdidos, conservar nuestro esta de gracia para que Dios habite en nosotros y confiar en su santa voluntad que es perfecta.

Debemos rezar con perseverancia, sin rendirnos, hasta que Dios nos escuche y atienda nuestras súplicas. Yo suelo rezar ahora una oración a la que no le prestaba atención, pero que se ha vuelto parte de mi vida y que deberías rezar también con fervor, pidiendo a Dios sabiduría y amor para poder amar a los demás. San Juan Pablo II la rezaba a diario desde que era un niño:

Ven, Espíritu Creador,
visita las almas de tus fieles
y llena de la divina gracia los corazones,
que Tú mismo creaste.

Tú eres nuestro Consolador,
don de Dios Altísimo,
fuente viva, fuego,
caridad y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú, el dedo de la mano de Dios;
Tú, el prometido del Padre;
Tú, que pones en nuestros labios
los tesoros de tu palabra.

Enciende con tu luz nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros corazones;
y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra débil carne,
aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé Tú mismo nuestro guía,
y puestos bajo tu dirección,
evitaremos todo lo nocivo.

Por Ti conozcamos al Padre,
y también al Hijo;
y que en Ti,
Espíritu de entrambos,
creamos en todo tiempo.,

Gloria a Dios Padre,
y al Hijo que resucitó,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos infinitos.

Amén.

 

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¿Conoces el nuevo libro de nuestro autor Claudio de Castro?  Es un encuentro maravilloso con el Espíritu Santo. ¡Debes leerlo!
Podría ayudarte a llenar esos vacíos del alma, y tener presencia de Dios en tu vida. ¿Te gustaría darle una mirada? Es muy sencillo…

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