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En medio de esta Pandemia clamemos a Jesús, MISERICORDIA.

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Hemos recibido tantas gracias.  Pero no las veíamos, ni las notábamos. En cada confesión sacramental mi alma se limpiaba, quedaba con blancas vestiduras, brillantes, y emanaba un aroma agradable a Dios, que lo invitaba a vivir en mí, pues somos templos de Dios y “en Dios vivimos, nos movemos y existimos”. (Hechos 17, 28)

En cada comunión mi alma se llenaba de un brillo sobrenatural, al acoger a nuestro buen Jesús y llenarme de Él.  Salía de misa convertido en un sagrario vivo.

Cuántas veces lo desdeñé al encontrarlo en la forma de un pobre o un necesitado afuera de la iglesia, pidiendo limosna, dándole la espalda. Cuánto dolor le habré causado a su Divino y Sacratísimo Corazón.

Creo que esta vivencia te lo he contado, pero es una historia que me gusta repetir, para dar testimonios de lo bueno que es Dios.

Cuando mi cuarto hijo nació, a la semana enfermó con un virus y tuvimos que hospitalizarlo. El pediatra llegó una tarde de lluvia al cuarto de hospital y me llamó aparte para decirme:

—Debes saber que estos casos, ciertas veces, no terminan bien.

Le agradecí su franqueza y le dije a mi esposa Vida:

—Ya vuelvo. Debo hacer algo importante.

Bajé las escaleras y pensaba: “Eso no ocurrirá, iré a ver a Jesús”.

Me subí al auto y conduje hacia el Santuario Nacional del Corazón de María. Eran las 3 de la tarde y había poco tráfico. Cuando llegué fui directo a un pequeño oratorio donde tienen el sagrario con Jesús Sacramentado. Miré alrededor para cerciorarme que estábamos solos, Él y yo.  No había más nadie.  Entonces me arrodillé y le dije en voz alta:

—¡Ayúdame!

En ese instante una voz respondía resonando en aquél hermoso oratorio:

—¡Ayúdame!

Aquello me dejó perplejo y repetí:

—¡Ayúdame!

La respuesta inmediata no se hizo esperar. Pero esta vez, con una voz más cercana a mí.

—¡Ayúdame! — escuché.  Y una mano se posó sobre mi hombro.

Me volví sorprendido. Tenía frente a mí a un hombre con el rostro triste, encorvado, con vestimentas rotas y sucias.  Lo miré impactado. ¿Cómo llegó aquí?

Recordé en ese instante las palabras de san Alberto Hurtado: “El pobre es Cristo”. 

—¿Puedo ayudarte? —le pregunté con amabilidad.

—Estoy mal. Apenas puedo caminar. No puedo trabajar. Ayúdame por piedad.

Le di lo que tenía en ese momento y le obsequié palabras de ánimo y de fe. Volví a mirar a Jesús en el Sagrario y le dije:

Te la sabes entera — le sonreí—. Contigo no se puede. Me has mostrado que hay otros peor que yo y nos pides ser tus manos, tu voz, tu sonrisa en este mundo.

Volteé a ver al hombre, pero ya no estaba. Salí a buscarlo y no lo encontré. Me quedé con Jesús otro rato y volví al hospital consolado, fortalecido, seguro que todo saldría bien y así fue.  Mi hijo sanó.

¿Por qué te lo cuento? Me pasa como aquellos hombres que vieron y escucharon a Jesús. «No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.» (Hechos 4, 20)

En mi caso, no puedo dejar de hablar de Jesús y lo bueno que ha sido con nosotros. Por eso a todos recomiendo: «Visita a jesús en el Sagrario». Y ahora que no podemos salir por esta Pandemia, envía a tu Ángel de la Guarda para que le haga compañía. Pídele  ese favor y lo hará.

En medio de esta Pandemia clamo «MISERICORDIA» a diario, seguro que nos escuchará, aunque sean muy pobres mis oraciones. Él es todo bondad.

“Oh mi buen Jesús, Redentor del mundo, escucha mi plegaria, ten piedad de nosotros, protégenos, líbranos de esta Pandemia”.

Me siento tranquilo porque sé en quien tengo puesta mi confianza.  Además, la Biblia me ha sido de gran consuelo en estos días de prueba. Basta que la abra y lea:  «yo sé bien en quién tengo puesta mi fe». (II Timoteo 1, 12) Y luego, “No tengas miedo”, escrito 365 veces.

¡Ánimo! Saldremos adelante y celebraremos la vida, como un don extraordinario.

¡Dios te bendiga!

……………

 

Debemos aferrarnos a la oración, necesitamos perseverar, que Jesús nos escuche. Para ayudarte, te recomendamos el NUEVO libro de nuestro autor católico Claudio de Castro “EL PODER DE LA ORACIÓN CON FE”, renovará tu vida y será una voz de esperanza en este tiempo de  prueba.

 

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