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El demonio está muy activo, ¿lo has notado?

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Hace dos años, cuando me senté y empecé a escribir mi libro: “El Mundo Invisible”, narrando testimonios, vivencias y tratando de exponer al demonio y sus acciones nefastas sobre el mundo, las almas, los sacerdotes y la familia, nunca imaginé las cosas terribles que estaríamos viviendo en el mundo de hoy.

Debo reconocer que en ese entonces era muy ingenuo. Deseaba señalar al demonio a través de sus obras. Y decirles a todos: “Allí está, aléjense de él. Quiere hacerles daño”.

Recuerdo una persona que me preguntó si al escribirlo tuve temores, miedos. Le respondí que me mantuve a una distancia prudente. Escribir “El Mundo Invisible” fue como ver un árbol a la distancia, describirlo con mis pobres palabras y señalarlo para que todos lo vieran.

¡Qué ingenuo! Olvidaba que el demonio es astuto, paciente, tiene siglos para esperar con calma, años sin tiempo, para buscar nuestras debilidades, descubrirlas y tentarnos con ellas. Un sacerdote amigo me aconsejó nunca enfrentarme, ser prudente ya que el demonio es malo, muy malo y busca hacernos daño, y nos tienta con astucia, para condenarnos.

La verdad he quedado sorprendido ante sus sutilezas. Actúa, sin ser notado, oculto en las sombras, callado, y a pesar de ser supremamente orgulloso, de alguna forma se contiene y no dice: “Aquí estoy. Fui yo”. Lo deja todo a la casualidad, nuestras debilidades humanas, los deseos impuros y el anhelo del hombre de poseer bienes materiales.

El diablo, asesino de hombres, padre de la mentira, está presente con mucha fuerza en nuestro mundo. ¿Lo has notado?

Jesús nos advirtió con claridad: «Ustedes tienen por padre al diablo y quieren realizar los malos deseos de su padre. Ha sido un asesino desde el principio, porque la verdad no está en él, y no se ha mantenido en la verdad. Lo que le ocurre decir es mentira, porque es un mentiroso y padre de toda mentira.» (San Juan 8).

En estos días leí en las redes sociales una historia que lo describe a la perfección: “Una mañana el diablo soltó un caballo e hizo que fuera a pastar al verde prado de la granja de enfrente, con quien el dueño del caballo tenía una disputa. Éste al verlo pastando en sus tierras, enfureció, tomó una escopeta y mató al caballo. El dueño del caballo al enterarse, cegado por la rabia, buscó un arma y mató a su vecino. La familia del otro buscó venganza… Y empezó un ciclo de muertes y venganzas. Cuando le preguntaron al demonio por qué había hecho aquello, respondió: “¿Por qué me preguntan a mí?, yo sólo solté al caballo.”

Amable lector, fortalece tu fe, no abandones la oración, ni la presencia de Dios en tu vida. 

Sé siempre justo y misericordioso con todos.

¡Dios te bendiga!

 

 

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