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Cuánto te amo, Jesús, prisionero de amor en el sagrario (Un bellísimo testimonio)

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Oh mi Jesús, cuánto te amo.

No me importa que el mundo me vea raro o me insulten, o quiera separarme de ti.  Nunca he tenido alguien en mi vida como tú, un amigo sincero, noble, presto a darme la mano cada vez que caigo o cometo una ofensa a Dios.

Lo sé Jesús, siempre estás para nosotros en el sagrario.

Cuando era niño vivía en una provincia de Panamá llamada Colón. Enfrente mi de casa en la Calle 9 y Avenida Roosevelt tenían su hogar las Siervas de María. Una capilla estaba en la esquina y allí tenían un bello sagrario en el que encontraba a mi gran amigo, el buen Jesús.

Encontré una foto del lugar, algo cambiado, pero así recuerdo haberlo visto desde el otro lado de la calle.

 Cuando salía a jugar al parque sabía que Jesús me cuidaba y esto me brindaba una alegría infantil indescriptible.

Sentía su dulce presencia en mi alma con cada comunión, con tanta fuerza que una emoción inexplicable se apoderaba de mí.

Era un niño, pero sabía con certeza absoluta que en cada hostia consagrada encontraría a Jesús, esperando por mí.

Me aterraba recibirlo con algún pecado. Quería que estuviera feliz habitando en mí.

Recuerdo que solía cruzar la calle para saludarlo antes de ir al colegio. A veces desde la ventana de mi casa le gritaba: “Eh, Jesús, aquí estoy”. Y sentía que esto bastaba para que estuviera contento y no se sintiera solo en aquél sagrario.

 

 

Mientras te escribo lo siento en mí, en este momento, presente, habitando dulcemente en mi alma, a pesar de mis defectos y errores. Una emoción me recorre el cuerpo al saber que Jesús quiere habitar en nosotros. Y le ruego:

“Quédate conmigo Señor”.

Jesús anhela habitar en ti y llenarte de gracias y cuidarte, consentirte, abrazarte.

«¿No saben que son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?» (1 Corintios 3, 16)

Cuida tu cuerpo y pensamientos.

Deja que Dios habite en ti.

Que nada ni nadie te separe de Él. Y si vives en pecado, pues ponle remedio, una buena confesión y un cambio radical de vida ayudan mucho.

Sé de Jesús. Vive para Jesús.

 

…….

 

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