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Cuando Dios te sorprende en la Biblia (Debes leer este bello Testimonio)

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Esta mañana he despertado con la oración en los labios. No sé si te ha ocurrido que te despiertas y lo primero que te viene a la mente es agradecer a Dios poder abrir los ojos, estar vivo un día más, poder ofrecerle tus acciones y pensamientos. Él me ha llevado a este punto con su amor. Nunca dejo de maravillarme por las cosas de Dios.

Suelo decir: “Qué bueno que Dios es bueno”. Es un Padre amoroso, extraordinario. Ser papá de 4 hijos me ha ayudado mucho a comprender un poquito a Dios. Con nuestras humanas limitaciones jamás podremos entenderlo del todo. Pero con lo poco que se me permite me siento feliz y satisfecho.

Debes conocer a Dios para poder amarlo. No puedes amar lo que no conoces.  Una de las fuentes a tu alcance y más sencillas para conocer a Dios es a través de las Escrituras. Su relación paternal con la humanidad está descrita con gran sencillez y ternura.

Es impresionante. Las respuestas a nuestras inquietudes se encuentran en las escrituras. Sólo debes saber buscar. ¿Mi recomendación? Empieza a leer la santa Biblia. Está llena de historias sorprendentes, reflexiones, oraciones y testimonios en la cercanía de Dios.

He pasado la mayor parte de mi vida preguntándome por qué esto, por qué aquello y sobre todo, por qué no puedo tener el conocimiento de Dios. Es algo que a diario me preguntó y en mis oraciones suelo decirle: “Haz que entienda”, “quiero saber”.

Esta semana retomé la lectura de la Biblia. Me he propuesto leerla más, no dejarla olvidada en una esquina de la casa. Si quiero conocer a Dios es la mejor fuente que puedo tener. Abres la Biblia y Dios te habla, te dice que te ama, que eres especial para Él. Te lo explica todo con sencillez para que puedas comprender.

Leer la Biblia fue maravilloso. Me preguntaba por qué no podía tener el conocimiento de Dios. Abrí mi gastada Biblia y encontré la respuesta en Sabiduría 10, 14.

“La razón humana avanza tímidamente, nuestras reflexiones no son seguras, porque un cuerpo perecible pesa enormemente sobre el alma y nuestra cáscara de arcilla paraliza al espíritu que está siempre en vela. Si nos cuesta conocer las cosas terrestres, y descubrir lo que está al alcance de la mano, ¿quién podrá comprender lo que está en los cielos?”

Por ello cada vez que llego a este punto comprendo la inutilidad de mis deseos por entenderlo. Y decido algo importante, “En lugar de comprender, confiaría en Dios. Es nuestro Padre y todo lo hace para nuestro bien”.

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