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San Sabas de Capadocia

¿Qué hay que contarle a los hijos? Te lo cuento.

Santi Casanova - publicado el 21/10/16

Yo cuento bastantes historias en casa. Soy de esos padres que han contado, y sigo haciéndolo, mucha de su historia y de su vida a sus hijos. Mis hijos conocen episodios de mi infancia, las historias con mis mejores amigos del cole, mi primer enamoramiento, las relaciones que fui teniendo, alguna anécdota familiar, los viajes de verano que hacíamos, mis experiencias en catequesis, los profesores que tuve… He ido narrando lo que para ellos es la historia que les precede. Y estoy orgulloso de ello.

Contar nuestro pasado es tremendamente importante para aquellos que vienen por detrás. Poner las raíces, dar sustento, dar sentido y, de alguna manera, ayudar a nuestros hijos a entender quiénes son es una de nuestras tareas más importantes como padres. Porque, en definitiva, nuestro pasado es parte importante de lo que cada uno somos a día de hoy. Es, por tanto, importantísimo desde mi punto de vista dar razón de nuestra historia.

Otra de las razones por las que considero importante “narrarnos” es porque hay que enseñar a nuestros hijos a dar valor y a amar todo lo que les ha precedido. El trabajo de muchos, las circunstancias en las que tuvieron que vivir, las opciones que tomaron, la fe que nos transmitieron, el sentido de las tradiciones y su importancia… Cierto es que hay que estar atentos a que todo este legado no caiga como un pesado fardo en las espaldas de nuestros hijos. Que ellos lo reciban como una losa en vez de como un valioso regalo condicionará enormemente la relación que establezcan con su propia historia e identidad. Así que atentos y cuidado.

Si, además, uno es creyente… ¿cómo transmitir la fe sin referenciarla a todo un pueblo que camina desde hace siglos en relación permanente con su Dios? La Biblia es la historia de un Dios que se revela a su pueblo y la lectura que ese pueblo hace de su propia historia. Es, al fin y al cabo, la herencia que, de manera oral y escrito, hemos transmitido de generación en generación para garantizar que cada uno de nuestros descendientes se supiera parte de una historia de amor maravillosa, sin parangón, inigualable. ¿No es eso precioso?

Yo mismo me transformo cuando me narro, cuando me cuento. Tomar conciencia de que la vida me ha sido dada, de que no se entiende sin los otro, sin el Otro, vuelve a situar en mi centro lo que importa, lo que me alimenta, la fuerza que me sostiene. Así que ánimo y a contar historias, las tuyas, las suyas. Te lo agradecerán.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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