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Mi matrimonio es un desastre

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Querido amigo, querida amiga.

Te escribo a ti, que has ido a Google y has empezado a escribir «mi matrimonio» y has visto las sugerencias del buscador: «mi matrimonio está muerto», «mi matrimonio es un desastre», «mi matrimonio se acaba», «mi matrimonio se rompe», «mi matrimonio va mal», «mi matrimonio se hunde», «mi matrimonio es una farsa», «mi matrimonio está roto»… ¡Impresionante! Si estabas pensando en casarte y querías información, habrás cerrado el ordenador con un desasosiego creciente. Si, por contra, Google ha reflejado bien lo que estabas buscando… malo. Estás buscando donde no toca.

El matrimonio no es, desde luego, una aventura fácil. Es un proyecto de vida, en común con otra persona, para siempre, y donde uno se juega mucho de lo que es, muchos de sus afectos, lo mejor que tiene. Quien se casa, sin duda, arriesga. Pero no es normal esta mala prensa. ¿Qué pasa? ¿Esperabas otra cosa? ¿Qué ha sucedido? ¿No va como esperabas? ¿Te sientes engañado? ¿Te sientes frustrada? ¿Eres infeliz?

Todos los matrimonios tenemos problemas. Cualquier proyecto de vida, vocacional, a largo plazo, comprometido y común, implica problemas. ¿No te lo habían contado? Pues sí… Las historias de Disney, de príncipes y princesas, sólo existen en las películas. Los demás somos personas de carne hueso, con nuestra propia historia, nuestra familia, nuestras heridas, nuestras creencias, nuestros prejuicios, nuestras necesidades, nuestras aspiraciones, nuestras expectativas… Y juntar dos packs de estos e intentar vivirlos en comunión no es tarea sencilla. Porque el matrimonio es don… y tarea. Y como tarea que es, hay que trabajárselo y requiere esfuerzo. ¿Esfuerzo? ¡Qué poco romántico! ¿El amor no es algo natural, fluido, que brota como el aroma de las flores? Pues a veces sí y a veces no. A veces los besos y los abrazos y los tonos conciliadores y los gestos de cariño y las cesiones y las escuchas y las caricias… salen y otras veces hay que hacer que salgan. Que en tu matrimonio haya problemas, no es grave. Es grave no atenderlos. Es grave no hablarlos. Es grave no afrontarlos.

A veces dices que ya no es lo que era. Que antes… era otra cosa. El sexo era más frecuente, había pasión, te sentías cuidado y cuidada por tu pareja, salíais juntos, hablabais más… Puede ser. El matrimonio no es un concepto. El matrimonio vive, como tú, como yo. Cambia, como tú y como. Tú tampoco eres el de antes, la de antes. Gracias a Dios. Tu matrimonio es sensible a vuestros estados de ánimo, a las circunstancias que os rodean, a las opciones tomadas, al diálogo afrontado, al amor compartido, a la generosidad ofrecida, también a vuestra experiencia de Dios… Hay momentos de gran ilusión y alegría y pasión y… Y hay momentos áridos, secos, desconcertantes… Y hay que saber atravesarlos todos. Sin miedo. ¡Y claro que los hijos cambian el escenario! ¡Y los trabajos! ¡Y las familias! ¡Y nuestro propio cumplir años! Para eternos adolescentes ya están los que deciden no dar este paso. Esos sí que tienen miedo a todo. Tú, en cambio, no debes caer en la tentación de saborear el fracaso sólo porque haya momentos más fríos. Las dificultades no son sinónimo de fracaso. Son más bien sinónimo de realidad, de reto, de oportunidad.

No se trata de buscar las soluciones en Google, ni de pensar que mal de muchos, consuelo de tontos. Se trata de ponerse manos a la obra. Pregúntate por qué apostaste tu vida en aquel momento. Pregúntate por qué le querías al principio, por qué le quieres ahora. Pregúntate qué ha cambiado. Pregúntate que echas en falta. Pregúntate cómo insuflar un aire nuevo, fresco y revitalizante, a tu matrimonio. Se trata de buscar dentro y en el otro. No busques en Google. No hay recetas. ¡Qué miedo las recetas! ¡Qué miedo los amigos y amigas irresponsables que enseguida, tal vez por cariño, te aconsejan que pienses en ti y que vida sólo hay una…! No busques consejos y si lo haces, al menos que sea con un matrimonio amigo que os ayude a compartir y a tocar realidad con esperanza. Busca a tu pareja. Y cuéntale. Y si el tema está complicado, buscad ayuda profesional. Sin vergüenza. Sin complejos. El proyecto lo vale. Vuestro matrimonio lo vale.

Y mira hacia arriba. Si eres creyente, sabes que en todo esto Dios tiene algo que decir. Pídele claridad, honestidad, ternura y un corazón esponjoso para deshacer esas pequeñas luchas de poder, esos resquemores, esos malentendidos… que hay en todas las casas.

El matrimonio nace. El matrimonio crece. El matrimonio lucha. ¿Hay algo mejor que luchar por aquello en lo que te va buena parte de tu vida en juego? No son tiempos propicios para la lucha, para lo eterno, para lo común. Son tiempos del bienestar, de lo inmediato, de lo individual. Y de lo placentero. Pero créeme… al final, el anhelo de felicidad sólo encuentra respuestas en una mirada ajena, que me complica la vida y que me invita a darme hoy y mañana y siempre. Ahí está el secreto de toda vocación.

Sigamos caminando. Sigamos aprendiendo. Sigamos queriendo. Y llegaremos.

Un abrazo fraterno
www.santicasanova.com – @scasanovam

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